Inicio Análisis político Alejandro López Munguía 7 errores mortales de un (a) candidato (a)

7 errores mortales de un (a) candidato (a)

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Los siete errores mortales de un candidato.

Cuando se es candidato todo cambia en la vida de una persona. Esa parte la debe considerar todo aquel que se ciñe a una candidatura política. Y es que, la vida se convierte en un reto permanente, en medio de una competencia que no solo es en contra de los candidatos de otros partidos políticos, sino dentro del propio equipo de campaña, y del partido que los postula.

Siete son los errores mortales que comete todo político que seguramente fracasará en su intento por lograr una curul, una alcaldía, una gubernatura o la presidencia.

1.- Creer que es fácil.

Una candidatura no tiene nada de fácil. Fundamentalmente porque se trata de ganar la confianza de la gente y cuando no se tienen los argumentos ideológicos, técnicos, filosóficos la cosa se pone muy, pero muy difícil. La gente ya no se traga el cuento de que “una vez que lleguemos, te voy a cumplir, primero hay que llegar…”. La gente ha sido traicionada una y otra vez en el pasado y aún tiene en la mente que las condiciones del país se deben estructuralmente a una corrupción que fue galopante y destructiva.

Estructurar un equipo de campaña capaz, eficiente, hábil, astuto, intrépido, resolutivo, es cosa, casi, de “otro mundo”. La gran mayoría se rodea de amigos que solo sirven para hacer relajo. Se trata de contar con lo mejor de lo mejor que hay en el ámbito social, económico y político. Los amigos hay que citarlos en la cantina y que esperen cuando se haya ganado la elección. El candidato o candidata, debe tener un equipo capaz de resolver los problemas de la propia campaña con prontitud, desde la obtención de los recursos económicos; pasando por hacer los análisis de la cartografía territorial, de las tendencias electorales, de los mensajes discursivos de los oponentes, de las noticias internacionales, nacionales y locales, de los fenómenos sociales que impactan en la sociedad, en la impartición de la justicia, en la economía, en la salud, en el campo, en el deporte, en la cultura, en los Derechos Humanos, en los indígenas, en la paridad de género, en los jóvenes, en los empresarios, en las personas con Discapacidad, en las personas de la tercera edad, etc.

El equipo de campaña debe estar preparado para responder con eficacia al momento que se le requiera. Lo deben integrar gente con experiencia, sin vicios, con oficio y con voluntad. Decididos a morirse en la raya, sin escatimar esfuerzos y enfocados a lograr darle fortaleza y ventaja política a su candidato o candidata.

No es fácil ser candidato, en especial cuando tiene que integrar su equipo de campaña. Con el dinero debe tener cuidado, pues debe ser administrado con pulcritud, transparencia y responsabilidad. Hay que rendir cuentas al INE.

2.- Apostar todo al padrinazgo.

Cuando el candidato descansa en el padrinazgo, las cosas se ponen terribles. Se convierte en un “títere” y la gente se da cuenta del fiasco. Ese candidato es un fraude, de entrada.

Todo candidato o candidata que haya sido apadrinado por un político influyente, ya sea su papá, su familiar, su padrino de bautizo, su amigo, o su tutor político, debe buscar la manera de alejarse de él lo más pronto posible.

Un candidato apadrinado representa el tiro al blanco para aquellos que se sienten desplazados.

Debe tomar distancia y mostrar los talentos que pose. Todo candidato o candidata posee talento, el problema es que cuando se es apadrinado, hasta se olvidan de que los poseen.

Es necesario sacar la casta. Pero si el candidato o candidata no tiene trayectoria, es imposible que tenga oficio político, lo que le ocasionará problemas hasta para ponerse los zapatos.

El padrinazgo no es malo, solo hay que saber escoger bien al ahijado o ahijada. Porque la gente está harta de tanto “muñeco “ y “muñeca”. Desea tener a políticos reales, con liderazgo suficiente al frente de las posiciones del poder para que desde allí resuelva los problemas de la comunidad, no que siempre llegan “nuevos” que funcionan como “parásitos”. En Yucatán hay muchos casos de estos.

3.- Creer que con dinero y marketing basta.

No, con dinero y con marketing no basta. Este es un error muy común entre la clase política. “Si no tienes 3 millones de pesos no puedes ser candidato”, suelen decir.

El asunto es que el dinero no hace milagros. El marketing hace mucho que dejó de hacerlos. El dinero puede voltear una elección cierto, a través de la compra del voto, pero dadas las condiciones actuales, eso ya no es garantía de éxito. La compra del voto está penado por la ley.

El candidato o candidata debe contar con una gran estrategia electoral y política que le abra las puertas; con el marketing antes se facilitaba todo. Hoy la propuesta debe tener contenido.

No significa que el marketing es inútil, o que es obsoleto, lo que quiero dejar en claro es que solo es un ingrediente más de la estrategia. Construir un mensaje poderoso deberá hacerse circular mediante una acción de marketing en redes sociales, que le permita al candidato o candidata impactar positivamente en la población meta. Lo poderoso es el mensaje a transmitir, eso es lo que vale.

De nada le sirve a la sociedad un “muñeco o muñeca”, si sus mensajes son insulsos y superflúos.

Una campaña exitosa es la que se cimenta en una estrategia de campo, de contacto directo, de franca interacción con la población. Un candidato que se esconde detrás de los espectaculares, de los videos, de las fotos photoshopeadas, de los carteles, de los flyers, de las páginas para solo emitir comunicados, está destinado a caer mal, a no ser considerado una opción real.

De nada sirve pagar fiestas, trago, repartir playeras, gorras, plumas, colgar espectaculares, etc., si el candidato o candidata están vacíos, sin contenido y sin el respaldo de un Plan de Acción Electoral.

4.- Desdeñar al rival.

A menudo se desprecia al rival, lo cual es un gravísimo error. Porque evidentemente los errores de los oponentes serán siempre un área de oportunidad.

Por eso hay que estudiar a los rivales y dar seguimiento a todo lo que hagan o dejen de hacer.

Jamás hay que desdeñarlos por su condición física, económica o política. Por el contrario hay que tener en claro siempre sus talentos y sus virtudes, pues en un debate esos detalles podrían significar un gran tropiezo.

Los rivales son áreas de oportunidad.

5.- Ser soberbio.

Este error es muy común. A menudo los candidatos y candidatas suelen sentir que son los reyes del universo. Comenten el error de actuar como si ya hubieran ganado la elección y dan por hecho algo que aún no es real.

El soberbio cree que todo gira a su alrededor y que todos deben agradarlo.

Un candidato o candidata que busca el éxito verdadero, no puede ser soberbio. Debe ser humilde para aceptar todo lo que el equipo le ponga a consideración, desde un dato de la economía, hasta el mensaje de sus rivales.

Porque el soberbio cae siempre por su propio peso. “Cae más rápido un soberbio que un cojo”.

El soberbio no entiende que no entiende, porque su soberbia es una cortina que le tapa la visión y se deja llevar por la especulación y la deducción de lo impensable.

El soberbio no alcanza a ver los riesgos, ni los peligros que conlleva su actuación, o la condicionante del momento, o la circunstancia de la vida.

Un candidato soberbio no logra comprender a los demás. Menos entiende las necesidades de su gente. El soberbio siempre está de malas y nada le satisface. Cree que ganará porque es él y porque no puede ganar un “piojo”.

6.- Rodearse de amigos.

El candidato o candidata no debe rodearse de amigos. Eso es mortal. Los amigos solo sirven para pasar el rato.

Ciertamente existen amigos que son la excepción. Esos deben integrar el equipo, pero deberán olvidar que son amigos. Porque los amigos estorban cuando hay que tomar decisiones de guerra política. Por lo general reaccionan con impulsos y arrastran al candidato a tomar malas decisiones.

Los amigos no sirven para hacer política. Porque consideran que todo es injusto si no les toca. Por eso a menudo, cuando se ha ganado el cargo y llega la hora de la recompensa, resultan los sacrificados.

Los amigos dejan todo para otro día, porque suponen que el candidato, que es su amigo del “alma” los va a comprender. Esto es grave y es real.

Los amigos no sirven para ganar elecciones.

Los amigos por lo general no se esfuerzan de más, se siente privilegiados y no se asumen como integrantes de un equipo de campaña que está destinado a esforzarse hasta los “huesos”. Es decir, no dormir si es el caso, poner de su dinero, desgastar su auto, enfermarse de tanto estrés.

Un equipo de amigos siempre termina desbaratándose.

7.- Mentir para obtener apoyo.

¿Quién no ha sufrido la mentira de un candidato o candidata?. Todos han padecido esto. Por es importante que el candidato o candidata no mientan. La gente está cansada de los políticos mentirosos, megalómanos y estúpidos.

Porque todo candidato que miente es un político estúpido.

“Si me das tu voto, yo te construyo tu toma de agua potable mamita”, y tiempo después desde la alcaldía, nada de nada.

Hay que aprender a no mentir. El candidato o candidata debe saber hablar con la verdad. Porque desde ese ángulo de la actuación personal, se construye una plataforma de confianza con el pueblo.

Un candidato que miente tarde o temprano será repudiado.

Mentir es una práctica que estuvo de moda para alcanzar el triunfo electoral, “aiga sido como aiga sido”.

La mentira es el recurso fácil para el demagogo, para el irresponsable, para el desalmado. Y se debe no mentir en la misma campaña. Si a los colaboradores se les ofreció un salario mensual, es necesario que se les cumpla lo prometido.

El prestigio da muchos votos. Y se obtiene el prestigio, especialmente no mintiendo.

Espero te hayan gustado los 7 errores mortales de un candidato. Es un extracto del libro, donde encontrarás con más amplitud la información. Es parte de la asesoría política que desde Mi Punto de Vista ofrecemos a todo aquel que gusta de hacer una carrera política en forma, ya sea siendo candidato a algún puesto de elección, o teniendo un cargo público del orden federal, estatal y municipal.