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Administración pública y privada: una reflexión sobre conceptos fundamentales

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La administración es en términos simples, una forma de organización, cuya finalidad es conseguir determinadas metas. Se puede dividir en dos grandes áreas: administración pública y privada, sin devenir esta clasificación en las personas que realicen la labor administrativa, ya que por ejemplo, pueden los entes públicos organizarse de manera privada, siendo el caso de las empresas productivas del Estado. Una de las diferencias más significativas entre la administración pública y la privada, es su finalidad, el objetivo que pretenden alcanzar. En la administración pública, se pretende el establecimiento de una satisfacción general de las personas que integran la sociedad, para una adecuada y armónica convivencia social, lo que debe ser independiente de las ganancias, y conllevar un alto grado de efectividad (eficiencia más eficacia), en el suministro de todas las labores del Estado, ya sean funciones o servicios públicos. En la administración privada, el fin es la obtención de un lucro o ganancia económica, logrando hacer más efectivos los procesos e insumos, logrando una mayor ganancia con la menor inversión. De acuerdo con Maurer, H. (2012: 1-3), existen diferentes conceptos de administración, como por ejemplo, la administración en sentido amplio, de la que se ocupa el derecho administrativo y su enfoque es la administración pública o administración del Estado. También existe la administración privada, económica y social. Desde una perspectiva técnico-administrativa, pueden identificarse principios estructurales y ordenadores comunes a todas las formas de administrar, y la administración pública, constituye en sí misma una realidad organizativa, funcional, y jurídicamente autónoma.

El término administración es de carácter polisémico, es decir, puede llevar múltiples significados, pudiendo entenderse como administración en sentido organizativo, que se referiría a aquella que se integra por el conjunto de entes y órganos administrativos, y administración en sentido material, cuyo objeto son los asuntos administrativos de la autoridad estatal. Administración en su sentido formal, es toda actividad desarrollada por la organización administrativa, con independencia de que sea o no materialmente administrativa. Por su parte, Baena del Alcázar en Guerrero, O. (2009: 79-81), señala que la ciencia de la administración pública no es una disciplina en el sentido convencional, ya que no existe un condicionamiento mutuo entre el objeto y el método, característica fundamental en las demás ciencias. Su campo de saber, ha adquirido enfoques y métodos de otras ciencias sociales, sin tratarse de un estudio pluridisciplinario, ni mucho menos simple. Sus raíces son el cameralismo y la ciencia de la policía, y es concebida actualmente como una ciencia social, con toda la dignidad científica que ello implica, cuyo enfoque en nuestra época es la administración del Estado moderno. La administración pública, es pues, la ciencia que estudia al Estado, desde el ángulo de su actividad en el seno de la sociedad (Stein, 1987 en Guerrero, O. 2009: 82). Sin embargo, no aborda el estudio del Estado por completo, sino que se centra en el conocimiento de su actividad encaminada a expandir la prosperidad de la sociedad a la que se debe, es decir, al Estado administrativo. La administración pública, como disciplina científica, es el producto del desarrollo del Estado administrativo, y estudia las actividades en la sociedad, cuando éstas se encaminan a crear condiciones de vida que sean necesarias, suficientes y bastantes para todas las personas. El ámbito de la persona es uno de gran importancia para la administración pública, al menos en teoría, ya que sus actividades deben encaminarse a la búsqueda del bien común, gestionando los asuntos compartidos por todos de una manera efectiva, por medio de las relaciones entre el Estado y la sociedad, dentro del marco de crecimiento de la publicidad de la vida estatal y frente a la privacidad de la vida civil (Guerrero, O. 2009: 83).

Una cuestión relevante, es que al inicio, la administración pública y el derecho administrativo se encontraban entremezcladas, pero ocurrió una escisión porque diferentes autores, en especial Leonard White, un intelectual estadounidense con auge en los años 30, quien dominaba el idioma francés y se mantenía en contacto estrecho con pensadores administrativos europeos, desechó dicha tradición y propuso en su lugar el management, un concepto axial en la administración pública de dicho país. White fue uno de los factores que facilitó que la administración pública se alejara del derecho administrativo, sin embargo, décadas después Dwigth Waldo, otro destacado intelectual estadounidense de los años 90, se lamentó de esta separación y propuso regresar a la cultura administrativa grecolatina (Guerrero, O. 2009: 80). Al respecto, Manuel M. Diez en Martínez, R. (1996: 37), señala que “La administración es tan abigarrada, tan diversa en su forma y contenido que solamente se puede aceptar una noción negativa: el hecho de no ser legislación ni justicia”. He ahí su diferencia medular con el derecho administrativo. La administración pública puede analizarse desde un punto de vista meramente extra-jurídico como aquella que conlleva los siguientes elementos: organización, coordinación, finalidad, objetivos, métodos operativos, planeación, control y evaluación. Desde un punto de vista teleológico, considerando los fines que la administración persigue, pueden considerarse estos como: el bien común, la satisfacción de las necesidades colectivas, el mantener la hegemonía de un grupo social, alcanzar la justicia social, hacer posible la vida armónica en sociedad, entre otros (Martínez, R. 1996: 38). En cuanto al estudio de la administración pública, éste puede hacerse desde la perspectiva orgánica y la dinámica o funcional. En el primer caso, el objetivo de la ciencia de la administración lo conforman todos los entes dependientes del poder ejecutivo, cuya vinculación con el mismo sea real o formal, como es el caso de las secretarías, organismos descentralizados, comisiones, empresas públicas, etcétera. En el segundo caso, la materia de la ciencia de la administración se constituye por aquellas acciones del poder público cuya naturaleza sea materialmente administrativa, esto es, que se enfoque en el quehacer estatal que se realiza de forma y de función administrativa (Fraga, Gordillo), de cometido (Sayagués), o de actividad administrativa (Manuel M. Diez, Royo Villanova). La administración pública, puede clasificarse desde la concepción del derecho administrativo, siendo fundamental dicho abordaje de acuerdo con múltiples autores contemporáneos, de la siguiente forma: activa y contenciosa; federal, local y municipal; centralizada y paraestatal; centralizada, desconcentrada y descentralizada; de acuerdo con la competencia de cada órgano; y dependencias y entidades (Martínez, R. 1996: 39).

Por otra parte, la administración privada, se diferencia de la pública en que existe un fin de lucro, requiere ganancias, y no puede existir como tal, si no se fija la relación de obtener a corto, mediano o largo plazo alguna ganancia económica o que cuantificará un beneficio a favor de un grupo determinado de personas. En contraposición, en la administración pública se debe procurar el beneficio social, aunque no se obtengan recursos económicos manifiestos, como por ejemplo, en el caso de procurar la salud de las personas, a cambio de una contraprestación mínima o inexistente. La administración privada, tiene su origen en la teoría clásica de la administración, también llamada fayolista, en honor a su generador, Henry Fayol, quien contaba con un enfoque sistémico integral al considerar todos los ámbitos de la empresa, siendo muy importante para Fayol, tanto vender como producir, financiarse, y asegurar los bienes de una empresa. Fayol perteneció a la Escuela del Proceso Administrativo, y concebía a la administración como un conjunto de actividades que rodean al ser humano, ya sea dentro de una empresa, un negocio, el gobierno, o el propio hogar, debiendo estar presente en todas las actividades relacionadas, el control y la utilización efectiva de los recursos. Para Fayol, son cinco los componentes básicos de la función administrativa: planificación, organización, dirección, coordinación y control. Planificar, consiste en examinar el futuro y elaborar un plan de acción. Organizar, se refiere a construir una estructura dual (material y humana), para conseguir los fines, teniendo el organizador o administrador que efectuar dieciséis responsabilidades administrativas que se resumen en: asegurarse que el plan se prepare de manera juiciosa y sea llevado a cabo con exactitud; ver que la organización humana y material sea consistente con los objetivos, recursos y requisitos de la empresa; establecer la autoridad única, creativa energética y competente; armonizar actividades y coordinar esfuerzos; formular decisiones claras, distintas y precisas; establecer una eficiente selección de personal, debiendo estar encabezado cada departamento por una persona competente y enérgica, y cada empleado debe estar en el lugar donde pueda brindar el mejor servicio de acuerdo a sus posibilidades; definir claramente las funciones; estimular el gusto por la iniciativa y la responsabilidad; recompensar de manera justa y apropiada los servicios rendidos; utilizar sanciones contra fallas y errores; vigilar que se mantenga la disciplina; asegurar que los intereses individuales sean subordinados al interés organizacional general; poner especial atención a la unidad de mando; supervisar tanto el orden material como humano; tener todo bajo control, y luchar contra el exceso de reglas. Todo lo anterior, es parte de la concepción tradicional de la administración enfocada en lo privado. Sin embargo, muchos de los conceptos han sido remplazados, o bien adaptados a las nuevas circunstancias organizacionales más horizontales en algunas situaciones que verticales en cuanto a línea de poder, contándose con una distinción por ejemplo, entre jefe, administrador y líder. En cuanto al mando, este consiste en mantener la actividad de la organización funcionando, lo que implica efectividad en procesos de comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, entre otros. Por último, la coordinación, que es la cohesión, unificación y armonización de toda la actividad y esfuerzo realizado, así como el control, que se enfoca en constatar que todo haya salid de acorde al plan, y el mando establecidos, son piezas clave. La administración efectiva, es en resumen, totalmente necesaria para lograr que el Estado cumpla sus funciones, y las empresas también, incluyendo el propio hogar, la empresa social más importante de todas.
Referencias

Guerrero, O. (2009). Reflexiones sobre la ciencia de la administración pública. Universidad Nacional Autónoma de México. Convergencia, revista de Ciencias Sociales. Pp. 73-90. Recuperado el 4 de febrero de 2019 de: http://www.omarguerrero.org/articulos/Ciencia_convergencia2.pdf

Martínez, R. (1996). Derecho administrativo. 1er. y 2do. Cursos. Tercera edición. Universidad Nacional Autónoma de México. Pp. 36-39. Recuperado el 4 de febrero de 2019 de: http://132.247.132.129/p1471/moodle/pluginfile.php/18290/mod_resource/content/34/der_admin1/U_1/archivos/martinez_u1_35-39.pdf

Maurer, H. (2012). Derecho administrativo alemán. Capítulo I. Administración pública y Derecho administrativo. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Pp. 1-112. Recuperado el 4 de febrero de 2019 de: http://bibliohistorico.juridicas.unam.mx/libros/7/3143/5.pdf

Proceso administrativo público. Conceptos de administración, administración privada y administración pública. Recuperado el 4 de febrero de 2019 de: https://procesoadministrativo2108.wordpress.com/2013/08/30/conceptos-de-administracion-administracion-privada-y-administracion-publica/#_ftn14

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