Inicio Análisis político Enrique Vidales Ripoll ¿Cuál es el país que queremos construir?

¿Cuál es el país que queremos construir?

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Al revisar la historia de México en el siglo pasado es muy claro que sin un sistema político que logrará la institucionalización del ejercicio público, la viabilidad política que permitiera el crecimiento y de desarrollo económico no era posible. Aunque las condiciones de hegemonía y verticalidad de la aplicación del poder fue uno de los rasgos esenciales que permitió crear las condiciones políticas para el sostenimiento del proceso de institucionalización.

Sin embargo, ese sistema resultó colapsado y ante una creciente apertura social no supo canalizar el ímpetu de una sociedad demandante de más participación en los procesos de decisión política. Esa fue una de las fuerzas que impulsaron justo al inicio de este milenio un cambio político.

Pero los resultados fueron pocos, más en los aspectos sociales y económicos. Aunque se logró una transición y alternancia política pacífica e institucional, la separación entre gobierno y sociedad impidió que los últimos salieran beneficiados. Por su parte, toda la estructura del sistema político se empoderó y entre ella misma se distribuyeron los privilegios, las prebendas y la riqueza. El pueblo quedo rezagado, sufriendo las penurias y sosteniendo a una clase política que se enriquecía gracias a la corrupción, autocomplacencia y autoprotección.

Eso condujo a un desgaste social e incendió los ánimos del pueblo que fueron el sustento que, en la anterior jornada electoral, propició el arribo de una propuesta política que algunos habían catalogado “antisistémica”. De este modo surgió el concepto de la CUARTA TRANSFORMACIÓN (4T), que como tal y siguiendo las reglas de la transformación política, viene a reconfigurar al sistema político del país.

¿Hacia donde va esta cuarta transformación? ¿Significará un cambio trascendental para nuestra nación?

A lo largo de los primeros seis meses hemos experimentado una serie de cambios que nos han llamado la atención y abierto la crítica y el debate político.

No hay duda de que el país debe cambiar, por lo menos en cuando a lo que se refiere el enfoque en la forma de hacer gobierno para que los verdaderos beneficiados sea el pueblo y no la clase gobernante o política que sirve de éste para su empoderamiento y enriquecimiento.

¿Para ello es necesario destruir de manera abrupta y total todas las instituciones que han dado la viabilidad política, social y económica del país?

Es entendible que se busque el cambio que transforme y que consolide los esfuerzos para que el empoderamiento ciudadano sea una realidad en México; sin embargo, no se puede desajenarse la responsabilidad de procesar y castigar a quienes han lapidado los recursos públicos, la confianza institucional y pervertido la práctica política. Es lo que se debe al pueblo que ha sido ultrajado y burlado en su voto de confianza a la clase política.

Hay quienes interpretan en esta forma de actuar del régimen de la 4T una señal de que el arribo de la administración actual es convencional, ya que el sistema político de manera autocomplaciente protege la corrupción y deja impunes a las responsables del deterioro político, económico y social del país.

No se trata de llenar palabras de discurso, que encienden ánimos y polarizan a la sociedad. Las acciones deben ser contundentes y llanas. La justicia es para aplicarse, no para ser sometida a consulta. Para ello se necesita de firmeza y convertir el discurso de la denuncia en procesos administrativos y penales si son pertinentes.

¿Hacía donde va México con la 4T?

López Obrador dice que los cambios van lentos porque están empujando el elefante. También afirma que se cumplirá con demasía hasta lo que no se prometió.

Pero la realidad se contradice. La economía, en los datos reales de los ciudadanos, no alcanza para cumplir necesidades básicas. Los pacientes del sistema de salud pública demandan carencia de medicamentos y los hospitales no siguen el principio “primeros los pobres”. Se entregan cantidades de dinero a jóvenes que presumen en las redes sociales que se aprovechan de la buena voluntad y que los recursos entregados no se usan en beneficio de su educación. Se acusa en las redes sociales que algunos programas sociales solo socorren a los cercanos al partido político que hoy gobierna y desatiende a quienes realmente lo necesitan. La violencia no para, sigue en aumento.

Para algunas de estas realidades hay pretextos que desde la clase política gobernante pretenden justificar con palabras que miran hacia el pasado y evaden la responsabilidad del presente.

Por ello, hay quienes ya expresan, después de pasados los primeros seis meses, decepción y frustración por que el cambio no fue lo que esperaban. Por lo menos, que nos se ha cumplido las altas expectativas que se prometieron.

En un día que celebramos, de acuerdo con el calendario cívico, el valor del patriotismo, debemos preguntarnos ¿hacia dónde va México?

Nuestra generación tiene una responsabilidad histórica y política. Como bien se dice “el pueblo es sabio”… pues demostremos está sabiduría y empujemos al gobierno hacia el proceso de consolidación democrático donde PRIMERO SEA LA NECESIDAD DEL CIUDADANO, el principio rector de la decisión y de la práctica política.