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De “Guatemala a Guatepeor” la reforma educativa de la #4T

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Pretenden seguir con el mito de que la reforma educativa de Enrique Peña Nieto era una “MALA REFORMA EDUCATIVA”. El tema que siempre fue polémico fue la imposición de una evaluación al desempeño docente que permitiera reglas y criterios claros y transparentes para el ingreso, la permanencia y la promoción del magisterio. La negativa de ser “evaluados” por el riesgo de ser “despedidos” o “separados de la función docente” movía la motivación para denostar contra el cambio de proceso.

En los hechos no se conoce de un maestro que haya reprobado o no pasado la evaluación del desempeño docente y haya sido despedido. La ley contemplaba que si había una reprobación habría una capacitación, tutoría y seguimiento para mejorar el desempeño docente y volver a presentar. De hecho, estaba previsto hasta tres oportunidades con este ciclo de capacitación.

¿Por qué se insistía en ello?

Era muy claro que Carrera Magisterial, el anterior programa de mejoramiento educativo, había fracasado. No se visualizaba en los resultados educativos una correlación con los puntajes que obtenían los maestros por su actividad académica. Otro de sus inconvenientes era la no obligatoriedad, por lo cual, había muchos maestros en posición cómoda, que no asumían un compromiso de mejora profesional.

Pero también había otros temas como el control del ingreso y promoción de las plazas magisteriales que dejaban de ser influenciadas por decisiones cupulares del sindicato magisterial. La rectoría de la educación, que implica la responsabilidad de la administración y de la definición de las políticas públicas educativas estaría a manos del Estado.  Esto eliminaba la corrupción rampante que existía en nuevas plazas o promociones. En sus buenos tiempos, ingresar a la escuela pública llegó a costar hasta 100 mil pesos y en ocasiones, para las maestras mujeres tener que “darlas” a los líderes sindicales con tal de tener la oportunidad de trabajo.

También se abogó en la reforma de Peña Nieto por contar con un sistema de gestión que muchos malinterpretaron como la intención de privatizar la escuela pública. Lo último muy alejado de la realidad. La gestión educativa era el instrumento de análisis y detención de las necesidades educativas escolares y con canales abiertos “gestionar” los recursos necesarios para cumplir con un plan de mejora escolar.

Pero todo “eso” estaba mal. Para los detractores la reforma de Peña Nieto había que sepultarla. Quienes encabezaron este sentir se encontraban los sectores que conservaban privilegios y “conquistas sindicales” que en lugar de mejorar las condiciones laborales era una cuestión de no querer perder las prebendas que eran muy lucrativas.

Ahora hay una nueva reforma que ya camina su aprobación después de ser debatida en la cámara de diputados. Se pretende regresar a lo que se tenía antes.

Significa la pérdida de la rectoría del estado en la asignación y promoción de las plazas de magisterio aun cuando es un concepto que continua vigente en el texto constitucional del artículo tercero. A pesar de ser un precepto constitucional, nuevamente los sindicatos tendrán ese control, lo que era el fundamento de la lucha de la CNTE. Por lo cual, queda atrás la transparencia en el manejo y control de las plazas y el peligro de la corrupción vuelve a estar latente.

Esta nueva reforma lleva el sello de la CNTE, la aliada electoral del actual régimen. No se logra un consenso ni se piensa en la educación como un bien general y de utilidad pública, sino que se responde a los intereses de un grupo disidente del magisterio.

Lo que hemos visto es que el Estado mexicano de la #4T le entrega la educación a un grupo sindical para legislar a modo de los intereses particulares y en algunos casos mezquinos por buscar proteger privilegios y prebendas.

No se pensó ni se decidió a favor de México sino de un solo grupo que radicalizó sus intereses y polarizó al magisterio… esa es la neta.