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¡Despidamos al presidente!

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En esta semana, la Cámara de Diputados, con 328 votos a favor, 153 en contra, 17 inasistencias, y 2 abstenciones, le dio el visto bueno a la iniciativa propuesta por Andrés Manuel, sobre la revocación de mandato.

Inmediatamente, así como siempre sucede con situaciones polémicas, se fijaron dos posturas: 1) la que festejó la aprobación de la iniciativa porque esto significa un gran aporte a la democracia mexicana, y la 2) que se oponía a la revocación por considerar que le abría paso a la reelección.

El Presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), Gustavo de Hoyos Walther, calificó a la propuesta como una jugada tramposa argumentando que implica riesgos para nuestra joven democracia. La oposición también se hacía escuchar alegando que la aprobación de la iniciativa, por lo menos en la Cámara de Diputados, podría derivar en una reelección por parte del ejecutivo.

Andrés Manuel expresó, en la mañanera, que él se comprometía a no reelegirse, incluso, que estaba dispuesto a firmarlo.

Por mi parte, he de admitir que yo estoy completamente a favor de la revocación de mandato, el problema es que México no está listo para esa figura. Vivimos en una democracia insipiente e incipiente, donde con un amargo sabor de boca, poco a poco vamos recolectando los esfuerzos e intentos para consolidar algo que sea lo más parecido a una democracia; aún falta muchísimo camino por recorrer.

En un México que carece cultura cívica; donde los ciudadanos recuerdan, cada tres o seis años, que habitan en este país; en el cual, de acuerdo con Ipsos Mori Social Research Institute, la sociedad vive en la desinformación e ignorancia sobre la realidad política; en ese México, la revocación de mandato está destinada a dos supuestos: Fracasar, o abrirle paso a la inestabilidad política.

Debemos aceptar un hecho concreto, el Presidente, sea quien sea, acercándose la fecha para la consulta de su posible revocación, va a saturar con propaganda todos los medios posibles, que evidencian los supuestos avances de su gobierno, o resaltar su figura o pseuda autoridad moral, en pocas palabras: tendremos a un Presidente haciendo campaña.

Considero que la revocación de mandato no debe ser una consulta que se realice en las elecciones intermedias, sino que debe ser una solicitud formulada por la sociedad a partir de los tres años de que el gobierno federal haya entrado en funciones, para encaminar una acción definitoria. Pero, atención, la sociedad debe solicitarlo, fundando y motivando debidamente su petición, pues de esta forma, se evitaría, o por lo menos, se disminuiría la posibilidad que el Presidente haga campaña, o que otros partidos utilicen esta figura como medio para conseguir sus propios fines, cualesquiera que estos sean.

Por último, AMLO ya dijo que confiemos en él, que la revocación no es un paso encaminado a pensar en una reelección, por consiguiente, no se reelegirá, y podemos darle el voto de confianza, dudar a su favor, y, puede resultar que, en efecto, no se reelija, pero… ¿sus sucesores? ¿podemos confiar en ellos?

Si algo nos ha quedado muy claro, y esas son las lecciones que nos recuerda la historia de nuestro país, es que por desgracia no debemos confiar en nadie, mucho menos en aquel que tiene en sus manos, todo el poder, mucho menos, en nuestros gobernantes.