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El año decisivo

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Ha comenzado el tan esperado 2018. El presente año será muy importante, pues, como diversos medios lo han señalado, somos los jóvenes quienes definiremos el rumbo que debe tomar el país, debido a que nosotros conformamos el 30% del padrón electoral, sí, nosotros los millenials, los acusados de ser indiferentes y apáticos, pero que, en los momentos de más oscuridad para México, iluminamos las calles con esa llama de la juventud que reside en nuestro pecho.

Todos los mexicanos que vayamos a votar, tendremos dos opciones, la primera, el cambio; representado por Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés, quizá se les una Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” y Margarita Ester Zavala Gómez. O la segunda, la continuidad; abanderada por José Antonio Meade Kuribreña. Cada quien cuenta con su respectiva trayectoria política, su formación académica y capacidades propias, lo cierto es que, de los cinco candidatos, solamente dos han gobernado.

Lo anterior dicho causa duda e incertidumbre, es un año tan decisivo para México, y parece que no todos los candidatos están a la altura de los grandes retos que puede y va a enfrentar el país.

Por lo mencionado, es preciso hablar del candidato ideal para el 2018. Hay un panorama difícil, crisis política, económica, social. El pueblo enardecido quema y destruye lo que una vez respetó e idolatró, la figura presidencial. La silla y la banda, hoy más que nunca, están manchadas de sangre de miles y miles de inocentes que murieron en la resignación, desesperanza e impotencia de ver como su gobierno destruía todo lo que juró proteger, y asesinaba a todos a quienes les prometió vida y prosperidad.

Hoy el pueblo reclama lo de siempre, trabajo, justicia, libertad y democracia. Hoy el pueblo pide un candidato que ofrezca respuestas y no genere más dudas, que escuche y no que reprima, que pueda encabezar los movimientos sociales, que administre y distribuya la riqueza inocultable de nuestro país, que haga respetar la soberanía nacional, que luche por los intereses de todos y no de un pequeño grupo que lo tiene todo, que pueda formar un gabinete con personas expertas. Un candidato competente y no un político más.

Necesitamos un candidato que vea oportunidades donde todos los demás, solamente, ven problemas. Que haga respetar la ley y no la utilice como moneda de cambio. Que permita la libertad de sus connacionales, y al mismo tiempo, que promueva la responsabilidad, que sea tolerante con la crítica, pero sobretodo que sea autocrítico.

Un candidato que promueva la educación y no distribuya ignorancia. Ahí está la verdadera clave. Una de mis más fuertes convicciones es que la educación es la base fundamental de toda sociedad. Es la única y verdadera incubadora que existe para formar jóvenes que puedan actuar en la vida política, económica y social de nuestro país.

Quizá estoy formulando un candidato utópico, que, tal vez, hoy no existe, pero eso no significa que jamás existirá, mientras tanto, debemos analizar cuál es el candidato que reúna algunas de las características previamente mencionadas, para tener la certeza que hará un buen papel como presidente de una nación tan golpeada, lastimada, asaltada, y mal explotada como la nuestra

Es un nuevo año, y con él nacen nuevos sueños y nuevas expectativas, comienza una nueva lucha para hacer respetar la incipiente democracia en el país, pues el futuro de México está en nuestras manos, y ese futuro puede ser glorioso, u oscuro, al final, dentro de unos años o décadas cuando el país esté mejor o peor que hoy, son nuestros hijos quienes nos preguntarán, ¿Dónde estábamos cuando México más nos necesitó?