Inicio Análisis político Columnista MPV El PRI que pudo ser y jamás será

El PRI que pudo ser y jamás será

591
0

Corría el año de 1994, el gobierno de Salinas temblaba y con justa razón, después de haber hechizado a todo el país con sus “logros”; un sector, en el sureste de México, puntualmente en Chiapas, cansado de ser olvidado se levantó en armas, ¿Su nombre? Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), encabezado por el Subcomandante Marcos.

Carlos Salinas de Gortari, no lo sabía en ese momento, pero el imperio que había construido estaba empezando a desmoronarse desde sus cimientos. Él, tan solo unos meses atrás, había escogido a su sucesor, un hombre llamado Luis Donaldo Colosio Murrieta, orgullosamente priista, había sido diputado, senador, presidente de su partido, y, antes de su elección como candidato a la presidencia, secretario de Desarrollo Social.

A grandes rasgos, era el candidato ideal para continuar con el régimen, fiel a su partido, hombre de palabra, tecnócrata; pero tenía un solo defecto, estaba harto, harto de la política de siempre, y de las viejas prácticas de su partido. Salinas no supo prever que Colosio quería su propia historia.

Y de esta manera llegamos al 6 de marzo, el PRI celebraba su aniversario en el Monumento a la Revolución, el sol brillaba, la gente aglomerada gritaba el nombre de su candidato, los priistas estaban reunidos, y se podía respirar un aire distinto, entonces, Colosio tomó la palabra.

Le reconoció al PRI la construcción de las instituciones, la estabilidad que le había dado al país, y cuando el discurso parecía ser uno más alabando al régimen, mencionó que a pesar de todo lo anterior, les avergonzaba no haber sido sensibles a los grandes reclamos de las comunidades, y, entre otras cosas, que no pudieron estar a la altura del compromiso que aquellas esperaban de ellos.

Entonces, se supo. Ese 6 de marzo de 1994 nació el nuevo PRI de la mano de Luis Donaldo Colosio, cuando por fin vio a un México con hambre y sed de justicia, agraviado por las distorsiones que le imponían a la ley, aquellos que debían servirla; y mexicanos afligidos por el abuso de las autoridades y la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

Concluyendo que era el momento de reformar el poder porque era hora de la democracia en México. “Es hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción, y a la impunidad.”

El cambio con rumbo y responsabilidad no podía esperar, y, sin embargo, tuvo que hacerlo. El 23 de marzo del mismo año, Colosio tuvo un mitin en Lomas Taurinas, cuando terminó su discurso, caminó, en medio de la multitud, hacia la camioneta, entonces un hombre llamado Mario Aburto se acercó lo suficiente a él para juntar el revólver al costado derecho de su cabeza, y, luego, disparó.

Ese día no solamente falleció un candidato, también murió la esperanza de los mexicanos, el anhelo de reformar el poder, el sueño de la democracia, pero, sobre todo, murió el nuevo PRI.

Han pasado 24 años desde aquel trágico día, y seguimos viviendo en un México con hambre y sed de justicia.

Hoy solamente podemos imaginar lo que pudo haber sido la presidencia de Colosio. Si hubiera cumplido todo lo que prometió, México sería distinto; y estoy seguro que Vicente Fox no hubiese ganado la presidencia, por la sencilla razón de que con las acciones de gobierno que Luis Donaldo hubiese emprendido, le habría regresado la credibilidad a su partido.

El cambio más notable podríamos haberlo visto en el PRI, eliminando sus viejas prácticas, volviéndose un tanto más democrático, acogiendo otra vez los principios revolucionarios, alejándose del corporativismo, destruyendo los cacicazgos, siendo autocrítico, sin embargo, nada pasó.

Hoy, Peña Nieto habla de un nuevo PRI, pero no es el Colosio.

Peña representa el mismo viejo PRI, ese que no es autocrítico, y si lo es, se torna un poco endeble, ese que vive de viejas revanchas y venganzas, donde el influyentismo se impone sobre la capacidad y competencia, de personajes corruptos y corruptores, ese PRI del cual los mexicanos, ya estamos hartos.

Pero, si Enrique sigue insistiendo que es un nuevo PRI, entonces solamente podemos llegar a la conclusión de que el nuevo PRI, es peor que el viejo.

Quizá, algún día, un priista levante la mano dispuesto a liderar los principios revolucionarios, y luchar por los ideales que un día concibió Cárdenas, Reyes Heroles, y el mismo Colosio, mientras eso no suceda, hoy, solamente podemos imaginar el PRI que pudo ser, no es, y, quizá, jamás será.