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El sismo nos muestra la realidad: ¡somos un país corrupto!

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Tranquilo… puede que el título no te guste. Pero te pido que primero leas y si quieres después dame tu opinión. Seamos abiertos al análisis de la realidad tal y como se presenta y más allá de las historias románticas y fresas que nos idealizan valores que si bien tenemos, al final, no abordan con responsabilidad el fondo que nos aqueja a todos: la cultura corrupta en México 

En 1985, después del terremoto que sacudió a la entonces llamado Distrito Federal, en la recuperación de los cadáveres se encontraron con cuerpos de varias personas con evidente tortura en los escombros de la Procuraduría local. Destaca el caso del penalista Saúl Ocampo, reportado como desaparecido en días pasados al sismo, se encontró su cadáver amordazado, con los ojos vendados y con cadenas en pies y manos. Así fue descubierto en una cajuela de un vehículo que quedó sepultado en el sótano de aquel edificio.

No hay duda de en 32 años muchos cambios se han dado en la procuración e impartición de justicia, por lo que nos queda confiar que la tortura es algo del pasado.

Sin embargo, lo que ha evidenciado este sismo es una de las realidades que los mexicanos no queremos asumir. No podemos albergar ninguna duda de que la corrupción es uno de los males estructurales del país. Un problema que no solo debe atribuirse a las autoridades, sino a todos los que conformamos la sociedad que por ser de interés personal no hay problema de trasgredir las leyes, sobornar, mentir, abusar de las posiciones y muchas otras linduras que son claras evidencias de falta de valores y respeto a uno mismo y a los demás.

Es cierto que miles de rescatistas hicieron la jornada nuevamente histórica por la solidaridad al momento de rescatar a las personas que habían quedado sepultadas en los escombros del derrumbe. Pero también hubo quienes se han aprovechado para sustraer dinero, joyas u otras cosas de valor sin importar que esas cosas les pertenecen a otras personas. Se dice inclusive que un grupo de personas se pusieron el uniforme de los topos para así, entre la confusión y falta de logística y vigilancia gubernamental, pudieran actuar con total impunidad.

Observen el caso de la joven que muerta en un derrumbe no fue impedimento para que un verdadero “hijo de la chingada” se apoderé de su tarjeta de débito y comprara con ella productos sumando hasta 24 mil pesos.

El caso de la escuela Enrique Rébsamen se vuelve punto de referencia, no solo por el sensible fallecimiento de niños pequeños y maestros, sino por el agandalle y la complacencia tanto de los dueños y directivos de la institución como de las autoridades supervisoras. El tema es complejo y de responsabilidad compartida. ¿Cómo se le permitió construir un departamento en una estructura que es evidente no tenía la capacidad de soportarlo?

También tenemos que poner en la misma mesa a los constructores de nuevas unidades habitacionales que prometieron resistencia ante el peligro de la zona sísmica y son las edificaciones que se derrumbaron. Es clara señal que no se cumplió con las normas, ni se respetó elementos técnicos fundamentales para entregar un producto resistente y de calidad. ¿Podemos concluir que por optimizar una ganancia se recurriera a la materia prima deficiente?

Tampoco olvidemos a quienes en la necesidad de apoyar con recursos económicos y de especie están aprovechándose de la generosidad y solidaridad de los demás para apropiarse, sin derecho ni necesidad, de las despensas, de la ropa u otros productos.

En verdad, si decimos que somos tan grandes y solidarios los mexicanos ¿por qué tenemos que estar borrando los códigos de barras o sellar los productos donados para evitar que sean comercializados o aprovechados para otros fines como son las campañas políticas?

Los medios nos están llenado de mucho mensaje positivo. El #FuerzaMéxico se entiende en la necesidad de enaltecer el espíritu nacional ante la desgracia.

Pero también es una forma de querer ocultar la realidad. La verdadera realidad de un México que por corrupto no se previnieron acciones, mucho menos se actuó conforme a la ley y el respeto a la vida humana y el patrimonio de las familias y de la sociedad.

¡Ya Basta!

No nos ocultemos la verdad.

Afrontemos lo que somos y somos capaces de hacer para destruir la confianza en la ley, en la sociedad, en la política, el mundo empresarial y comercial.

La corrupción la hacemos todos y todos somos responsables de ella.

1 Comentario

  1. Mi estimado Enrique Vidales Ripoll, lamento contradecirte en tu aseveración de que la corrupción somos todos, como parte del corrupto sistema del gobierno que encabezó, José López Portillo supo muy bien sacar jugo de esa frase embarrando a todos los mexicanos cuando en realidad sabemos que ello no es así. Es innegable que el gobierno en turno es tan corrupto o más que los gobiernos pasados, los rateros y oportunistas antes las desgracias ocurridas en nuestro país brotan como la hierba mala en los cultivos, Cuentas bancarias se ofrecen por doquier, lo mismo la apertura de centros de acopio sin control alguno, y de los rescatistas llámese Cruz Roja o el nombre que desees ponerle son buitres siempre al acecho, el maltrato y la tortura jamás ha desaparecido, como tampoco la iglesia católica ha dejado de ser corrupta, violadora de niños y solapadora de gobernantes, de traficantes y de asesinos.Todos los mencionados son mexicanos corruptos, y todos ellos afortunadamente son una minoría en comparación con los millones de jóvenes que llenan las aulas escolares, y las amas de casa honradas que se parten el alma para mantener a flote un hogar, Empresarios honestos dispuestos a arriesgar su escaso capital, ancianos que dieron su vida por dar a su familia lo mejor, comerciantes en pequeño que sobreviven a pesar de tanta delincuencia. Así pudiera mencionarte más cosas provenientes de personas que por temor a Dios no son lo que tú señalas, por ese motivo no se puede -como lo hizo el JOLOPO- meter a todos los mexicanos en un solo costal.

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