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EL ULTIMO BARCO, una historia de Domingo Villar originalmente desechada que se convirtió en bestseller

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Aborda un tema de actualidad: la desaparición de una mujer.
A ocho meses de haber visto la luz, el libro cuenta ya con 10 reimpresiones.
Podría transformarse en serie de televisión.

Una mujer disfruta de la soledad de una playa mientras lee un libro. Precedido por el sonido de su risa, un niño a quien le falta la mano izquierda, enfundado en un traje de baño color verde mar, aparece en la escena interrumpiendo su lectura. Atrás de él se encuentra un hombre;  presumiblemente es su padre… Al día siguiente ella es reportada como desaparecida. Ese es el punto de partida de la investigación que ocupa al acucioso inspector Leo Caldas, en la más reciente novela del multipremiado escritor Domingo Villar, El último barco, un relato apasionante y de temática actual que apenas a ocho meses de haber visto la luz cuenta ya con 10 reimpresiones.

El libro está conformado por una serie de capítulos breves escritos a manera de cuentos, que propician una lectura ágil y ligera, donde al inicio de cada uno de ellos Villar emplea un vocablo y sus diversas acepciones a manera de título. “Me gusta la polisemia y utilizo esta fórmula por varios motivos: en primer lugar es un homenaje a la paleta de pintor con la que trabajo, que son las palabras. Por otro lado es una metáfora de la novela policiaca en donde un hecho puede tener una apariencia y después una respuesta diferente, inesperada. Lo mismo sucede con las palabras: siempre hay una definición más concreta que está recogida de manera expresa en el texto, y que alguien podría jugar a encontrar. También está la parte donde los campos semánticos son más amplios, más abstractos y ese significado es el que da título al cada capítulo”, explicó al respecto.

El último barco también es un reflejo de la realidad que priva en muchos lugares, pues habla de “las prioridades arbitrarias de los funcionarios públicos, al tiempo que carga  contra la libertad con la que algunos alcaldes, concejales y arquitectos modifican la fisonomía de las ciudades para enriquecimiento de algunos. Además se refiere a la pesca intensiva y la crisis que está despoblando Europa de fábricas y que se está llevando los trabajos a lugares más baratos. Escribir es reflexionar acerca del mudo y una novela negra es un vehículo fantástico para hacerlo. Para contar, con la excusa de una investigación policial, cuál es la realidad de la sociedad en la que se desarrolla la historia”.

Al hacer referencia a los protagonistas de El último barco, Domingo Villar dijo: “Es verdad que Caldas es un poco lacónico, lánguido, más tranquilo y apacible que Estévez, quien viene de Aragón, un lugar donde las palabras se dicen de una forma más directa y, claro, cada vez que pregunta algo los gallegos no saben contestar con la concreción que él quiere. Es un policía impetuoso, iracundo en ocasiones, que tiene la mano un poco larga y produce situaciones dispares, pero tener un personaje de fuera, como él, me ayudó a contar cómo es mi tierra, pues a través de sus ojos puedo decir cómo son los paisajes, las costumbres y todo aquello que admiraría a un recién llegado, y que para alguien que vive en el lugar en donde se narran los hechos (refiriéndose a Vigo) la cotidianidad  le impide observar los detalles concretos y las particularidades de cada cosa”.

La obra, tercera de la saga policiaca donde el taciturno inspector Leo Caldas, paisano del autor, y el impetuoso aragonés Rafael Estévez, vuelcan sus esfuerzos para ordenar una maraña de pistas sin sentido aparente a fin de desentrañar el misterio de la desaparición de Mónica Andrade, fue escrita de manera simultánea en español y gallego. “Traducir un texto no es cambiar unas palabras por otras. Es descomponerlo, ir al sustrato y volver a armar las frases otra vez desde el principio. El gallego y el español son lenguas primas hermanas. El gallego es más irónico, socarrón y concreto, pero el español es más amplio. Escribir en dos lenguas me permite filtrar dos veces el texto, depurarlo y hacerlo mucho más fluido para conseguir algo que me obsesiona: que los lectores entren en la historia con naturalidad, sin fricciones”, afirmó Villar.

En 2013 el libro, cuyo título iba a ser originalmente Cruces de piedra, cuenta el novelista  gallego: “Tenía ya título, cubierta, precio e incluso ejemplares prevendidos. Pero en ese entonces emocionalmente yo estaba en un lugar distinto del que estaba el libro, pues falleció mi padre. Me encontraba en plena corrección cuando entendí que no era ese el texto que yo quería entregar. La primera intención fue darle un barniz distinto, pero tras un par de meses en el proceso me di cuenta de que lo que tenía que hacer era volver a empezar y contar la historia –que en el plano policiaco es la misma, acota– desde otro lugar emocional, y así surgió El último barco. Supongo que aunque no fue intencional de alguna manera mi situación particular me afectó, porque terminó siendo una novela policial por fuera y un cuento de amor a mi tierra por dentro”.

Muchos lectores se preguntan acerca de si, al igual que La playa de los ahogados, volumen que precede a El último barco, éste será llevado al cine, a lo que Domingo Villar respondió: “A la pantalla grande no, por su dimensión. Lo que sí he recibido son numerosas propuestas para hacer una serie de televisión. Las estoy escuchando haciéndome el duro, sin decidir, pero supongo que si hay alguien que lo haga bien y hay talento detrás, así como gente que me ofrezca una garantía artística, ¿pues por qué no?”, concluyó el literato.

Domingo Villar nació en Vigo, España, en 1971. Actualmente es considerado como uno de los máximos exponentes de la novela negra. Sus libros han sido traducidos a 15 idiomas. Entre las distinciones que ha recibido se cuentan los premios Antón Losada Diéguez, Libro del Año de la Federación de Libreros de Galicia, Crime Thriller Awards y Dagger International, en el Reino Unido; Le Point du Polar Européen, en Francia, y el Martin Beck, de la Academia Sueca de Novela Negra, entre otros.

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