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En Política; Punto y coma.

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Hablando de la elección 2018; y teniendo de referencia unas precampañas que culminan ante los ojos de militantes de cada partido que muestran un ánimo de triunfar, y desde las perspectivas de comentarios vertidos por asiduos observadores del contexto político electoral, arribamos a la óptica de que algunos aprueban y muchos reprueban el panorama en el que se encuentra plenamente dividido los políticos, entre quienes buscan re-acomodorse en aras de proteger sus intereses y privilegios, para lo cual anda saltando de la cerrazón de sus propios partidos políticos hacia la benévola apertura hacia ellos, parte del partido Morena. Y quienes (militantes con liderazgo) a pesar de no ser tomados en cuenta en sus respectivos partidos, creen en un cambio, y están dispuestos a sacrificarse en apoyar a quien sea, así sea al mismo demonio con tal de ganar.

Es así, como la carrera por la presidencia se cierra hasta ahora en tres fuerzas, dejando totalmente fuera de cualquier posibilidad. A los llamados independientes. Eso es una realidad que palpa el ciudadano, toda vez que ningún aspirante independiente  a candidato presidencial, logró unificar el ánimo en general del país, ya que sus fuerzas fueron locales cuando mucho regionales, básicamente de donde provienen o son originarios.

Sin embargo, la estructura de partidos nacionales, ha hecho que tanto José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López, lleguen con flexibilidad y acogidos por sus militantes y respectivos precandidatos locales, haciendo mucho mucho más fácil sus precampañas nacionales.

Empero, la verdadera lucha electoral, comenzará en poco menos de cuarenta y cinco días, cuando cada partido y su respectivo candidato presidencial,  deberá arrancar rumbo al triunfo, y es ahí donde las encuestas deberán ser interpretadas cuidadosamente, valorando quién o quiénes son las casas encuestadoras y quién o quiénes auspician dichos resultados, tomados de un estudio basado en las preguntas, respuestas dadas, por uno o varios sectores poblaciones.

El PRI, y su candidato presidencial, cargan con el estigma natural del desgaste de ser gobierno federal, donde a razón de las normales y hasta anormales tomas de decisiones, cada acierto se capitaliza a su favor y cada error se contabiliza en su contra. Aquí habría que poner en su justa medida, que el precandidato presidencial del PRI, “Pepe Meade” como el mismo se auto nombra: Ser candidato del PRI sin ser del PRI, que en lo personal me parece un desacierto de su parte, el rascarle en contra de la dignidad del militante y su derechos, y debe mirar hacia adelante, tratando de señalar sus coincidencias (debe crearlas si no las hubiera) con grandes iconos del priismo, como Luis Donaldo Colosio. Y mostrase más nacionalista que el peje, y más certero en su elocuencia que Anaya.

Por su parte, en el PAN, se muestra el rostro de un precandidato presidencial joven, con fuerza, vigor, y con un discurso que se escucha de entre lo elocuente y popular, creando una atmósfera de un candidato con calidad y prototipo de presidente de todos los mexicanos. Sería bueno que las figuras nacionales (finados) de ese Partido Acción Nacional, como lo son el yucateco Carlos Castillo Peraza, el Regiomontano Manuel “Maquío” Clouthier, entre otros, iconos de la lucha desde la trinchera de oposición al sistema, aparezcan en el discurso persuasivo de Ricardo Anaya con el objeto de afianzar el grato recuerdo de gente valiosa que seguramente jamás hubiera traicionando a su partido. La debilidad de Ricardo Anaya es el hecho de sujetarse a un PRD con el que va en Alianza, pero que dicho partido no ha hecho una pre campaña real a su favor. Situación que deberá Ricardo Anaya evaluar y apretar los tornillos de los acuerdos nacionales, para que en plena campaña electoral no se abra a la vulnerabilidad ningún flanco partidista.

Asimismo en el Partido Político Morena, se observa, su idiosincrasia basada en la incongruencia de última hora, donde la aceptación de líderes rupestres emanados de esa corrupción, que durante más de 17 años viene señalando como oprobiosa el mismo Andrés Manuel López Obrador, quien paradójicamente ahora se ha vuelto defensor de sindicatos anti democráticos y charros, y avala la inclusión en su partido político de priistas, panistas, perredistas y todo aquello que le genere algún acuerdo a favor, aunque sean personajes que él mismo López Obrador tachó de malos, por ser parte de la mafia del poder.  Pero bueno, ese es el peje, y a su edad puede que se le permita algunos desaciertos a su favor, disculpando sus excesos normales por la entrada edad. Pero Morena, debe considerar juntamente con Andrés Manuel, que los jóvenes, y los no tan viejos, no piensan como él quisiera imponer. Si bien es cierto, que este partido y su precandidato presidencial, están más cerca de ganar una elección presidencial, también es cierto que la verdadera batalla electoral, aún está por venir, y habría que subsanar las grietas abiertas en la ideología socialista de Morena, quien abraza una derecha conservadora traducida en Partido Político como lo es el Partido Encuentro Social, explicar las bondades de una alianza con un Partido como el PT acusado de corrupción. Así como solventar las dudas de los ciudadanos en edad de votar, del porqué el fácil acceso a Morena de gente sin escrúpulos que hoy son abanderados virtuales de este partido. Y por ende reproducen la imposición tal cual ha denigrado a otros partidos, siendo que ellos, los de Morena decían ser diferente. AMLO ha dicho: No somos iguales. Pero su actuar demuestra que en ambición, son mejores.

Los tres principales y virtuales ya candidatos presidenciales del 2018, que serán factor de la recta final; Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade, Ricardo Anaya Cortés, están expuestos al escrutinio de la opinión pública, sus seguidores deben saber que no se trata de fanatizar ni mucho menos de polarizar un proceso electoral donde los cuestionamientos para bien o para mal deberá ser hechos oportunamente.

Por eso más allá de las ideologías que ni en sus propios partidos reconcilian algunos líderes, hay que alzar la voz ciudadana de que la política y los procesos electorales no deben dividir a México ni a los mexicanos. Cuando se entra a competir y se reconoce a las instituciones públicas garantes del procesos, debe coexistir la responsable idea y acción de no mandar al diablo a las instituciones, de reconocer no solo la benévola prerrogativa de ley a los partidos (dinero bastante dinero del pueblo para hacer campañas) políticos, sino también admitir que si ese recurso económico, unido a los discursos y estrategias no les favorecen en los resultados electorales, pues como dicen por ahí: A otra cosa mariposa.

Con un atento y muy cordial saludo. Abogado. Miguel Aarón Rito Betancourt. Mtro. DC.