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¿En verdad vamos bien?

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El tema microeconómico es una deuda pendiente para el pueblo mexicano. En los tiempos sexenales pasados se fortalecieron las estructuras macroeconómicas que dependen de factores externos, lo que conllevo a producir estabilidad económica. Sin embargo, los beneficios de esa fortaleza no impactaron en la realidad económica familiar, específicamente el bolsillo de los mexicanos. Por lo cual, el avance social se impedía y se engrandece el problema de la pobreza. Los anteriores gobiernos siempre se jactaron de que los indicadores macroeconómicos iban bien, signo de la estabilidad y de buen gobierno. Pero la realidad es que los beneficios no llegaban a la población que seguía padeciendo por las faltas de oportunidades y la generación del empleo.
De acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo propuesto por la administración de López Obrador se establece como meta para el crecimiento económico un 4 por ciento anual, aunque para este año se pronostica que se consiga alcanzar hasta un 2 por ciento.
Sin embargo, las proyecciones de especialistas de las principales casas de estudios económicos no le conceden razón y apuntan que el crecimiento apenas podrá alcanzar entre 1.4 y 1.7 por ciento. Así lo expresa la OCDE que señala un 1.6 por ciento. El Banco de México hizo un ajuste al 1.6 por ciento.
¿Quién tiene la razón?
Para López Obrador el tema reviste importancia. La expectativa del cambio es muy alta en la sociedad, tanto que lo fue el factor que generó una gran cantidad de votos para arrasar, como no se había visto en las últimas elecciones, el triunfo electoral.
Muchos sectores de la población hoy se sienten agradecidos por los apoyos sociales que la administración presidencial está otorgando. Estudiantes, personas con discapacidad, personas adultas mayores, a quienes ya les llegó el apoyo ven con optimismo el gobierno actual. Por obviedad no cuestionan el efecto y el alcance de estos programas, sobre todo, las consecuencias que pueden ocasionar para el sistema económico del país.
Cuando una economía se contrae, tal y como está sucediendo en nuestro país, el mantener un equilibrio entre los factores económicos es primordial para conservar la estabilidad económica. La historia económica nos da muchos ejemplos de esto. Basta recordar como el populismo de la década de los 70’s que impulso mucha obra pública y de infraestructura, así como también, de aumento de circulante sin tener el respaldo monetario que conllevó a la larga a la inestabilidad que produjo las peores crisis económicas del México moderno.
Para que el gobierno pueda distribuir la riqueza, primero la debe generar las condiciones para su generación. El gobierno no es una unidad empresaria privada que tenga propósitos lucrativos. Es una entidad pública solo puede crea las condiciones para que las empresas e inversionistas ponga su capital a trabajar y los beneficios impacten a la sociedad con más trabajo, mejores productos y servicios.
En la concepción de López Obrador se considera que el combate a la corrupción bastará para crear esas condiciones que mejoraran las alternativas de mercado y se fortalezca la inversión. Hoy se acusa en el discurso mediático de practicas corruptas de proveedores del gobierno, tal y como sucedió en el caso de la adquisición de medicinas, pero que violan de facto con los principios  inocencia presunción de inocencia y de debido proceso porque solo quedan en el señalamiento sin las denuncias y mucho menos los procesos para deslindar responsabilidades.  Pero que en si ponen peligro la satisfacción de necesidades sociales prioritarias. Cómo efecto colateral se produce una campaña que afecta la buena reputación de importantes marcas de empresas, por lo cual queda un trato que  lano fortalezce la confianza entre el gobierno y la clase empresarial.

Pero también se ha optado a la cancelación de programas de servicios gubernamentales que tenían la finalidad de coadyuvar esfuerzos para el crecimiento y desarrollo como los consejos de promoción turística o la cancelación de apoyos para el emprendimiento, como también, la revocación del programa de pueblo mágicos. Sin que se tenga una propuesta de alternativa que sustituya esas acciones.
¿En verdad vamos bien?
En el sentir de los mexicanos aún hay confianza en la administración de López Obrador. No se puede negar cuando se tienen los mejores índices de aprobación y aceptación. No obstante, estas mediciones son solo una fotografía del momento que viene siendo aún los primeros meses efecto de la euforia del proceso electoral. Pero el tiempo pasa y mientras no se alcance las metas de crecimiento establecidas por la presidencia, que resulten en beneficios directos en el empleo y poder adquisitivo de los mexicanos, por lo el cual se podría aplicar la regla “todo lo que sube, tiene que bajar” y entonces las tendencias de aprobación se reviertan.
Hoy el tema de las medicinas y la falta de insumos para la operación de hospitales marcan una carencia que ya empieza a molestar e inquietar a un amplio sector de la población mexicana.
No basta el combate de la corrupción ni los pronunciamientos de mayor austeridad como se podrá revertir el efecto negativo de las decisiones políticas en la economía del bolsillo del mexicano. Tampoco la polarización contra los grupos de poder o “fifis” con fundamento exclusivamente retórico dejando “impunes” a los saqueadores del erario es una buena señal.
Gobernar implica asegurarse que se consiga JUSTICIA, entendiendo como está el otorgamiento a cada uno de lo que se merece.
Para el que se esfuerza, todo el apoyo. Para el corrupto y delincuente, el peso del castigo y la sanción. Los mexicanos queremos oportunidades de trabajo, no dadivas de gobierno que no resuelven a largo plazo los problemas económicos de los ciudadanos.