Inicio Análisis político Enrique Vidales Ripoll Estados Unidos nunca ha sido buen amigo de América Latina

Estados Unidos nunca ha sido buen amigo de América Latina

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A menos de 24 horas de celebrarse el proceso electoral más polémico en los Estados Unidos, la moneda está al aire, aún y a pesar de todos los pronósticos. Se dice que en caso de ganar Donald Trump la paridad del dólar con el peso mexicano podría llegar hasta los 22.50 pesos. Es por ello que parecería que lo mejor que le puede pasar al país es el triunfo de Hillary Clinton.

Sin embargo, debemos ser muy más perspicaces y darnos cuenta que ninguno de los dos candidatos traen buenas noticias ni para México ni América Latina. De hecho, es necesario considerar que el expansionismo imperialista de los Estados Unidos no es de gran ayuda ni para el mundo entero.

Si revisamos nuestra historia es fácil encontrar vestigios de un intervencionismo que va más allá de la expropiación de los territorios mexicanos que anexaron a su país. En los tiempos de la revolución atentaron contra el Estado Mexicano y en complot no sólo derrocaron a un gobierno democrático sino que contribuyeron, desde la embajada norteamericana, al asesinato del presidente Francisco I. Madero.

Lo mismo que hicieron en Chile con el derrocamiento de Salvador Allende, que inclusive hoy la historia revisa los intentos de la CIA en impedir su toma de poder. No importó a los norteamericanos que después viniera una dictadura militar que atentó de forma sistemática contra los derechos humanos. El objetivo fue claro: impedir que el socialismo gane terreno después de llegar al poder por primera vez por la vía democrática.

Y es que ellos se han asumido, gracias a su poderío militar, en el árbitro del mundo y en los paladines de la democratización de las naciones. Pero el caso de Irak, que significó el derrocamiento de un gobierno para ejercer un control en el codiciado medio oriente petrolero, hoy ha llevado al mundo a enfrentar una situación de terrorismo que sobrepasa fronteras y mantienen caliente una zona del mundo que se ha extendido al mundo entero.

Los Estados Unidos han sido y son un gran problema para el mundo. Quien resulte ganador de este proceso electoral no trae buenas noticias al mundo y menos a México. No por ser estados fronterizos significa que gocemos del respeto yanqui a nuestra contribución económica, social y política. Al contrario, el mismo servilismo de autoridades por la presión que ejercen contra nuestra institucionalidad, nos tienen maniatados a sus propios intereses.

Hay muchos ejemplos. Veamos el caso de la lucha antidrogas donde buscan siempre presionar y criminalizar la producción de narcóticos cuando en su país se encuentra el principal mercado de consumo. Otro caso son los derechos humanos, donde se sienten con el poder moral para enjuiciar y condenar pueblos, cuando sus policías son impunes ante la discriminación, tortura y sometimiento violento de grupos vulnerables.

¿Pasará algo diferente si gana Hillary Clinton?

Sin duda, nada será diferente. La evidencia es que el tránsito de Hillary en la vida política, como primera dama y después como secretaria de estado, no ha traído nada de bueno para el país.

Si Donald Trump ganará el proceso… tal vez, por el encono y el odio se nos quiten las caretas y la hipocresía y, por consecuencia, nos haga reflexionar y accionar para encontrar dentro de nuestros talentos y recursos la forma de salir adelante como nación.

Con el triunfo de Hillary seguiríamos igual… siendo el patio trasero de los norteamericanos.