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¿Existirá voto antisistémico en México? ¿Quién lo representará?

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En los últimos procesos electorales de Alemania y los Estados Unidos se comentó la influencia del llamado voto antisistémico. Una reacción de los votantes que va contra el estatus quo del sistema político tradicional y anquilosado.

Con el nivel de hartazgo social que se percibe en el país en contra de las estructuras e instituciones del poder en México ¿estaremos en la antesala de que sea el voto antisistémico un factor influyente en el próximo proceso electoral del 1 de julio de 2018?

No existe una claridad en cuanto a lo que se debe entender por voto antisistémico. Es una manifestación de sentir contrario a un sistema político que se percibe caduco. La realidad política con las promesas y decisiones de gobierno que socialmente no mejoran la calidad de vida de los ciudadanos, alimentan un malestar que reacciona y reclama a las fuerzas políticas por la falta de esa atención.

Un ejemplo del voto antisistémico fue la elección de Donald Trump en los Estados Unidos. Desde el protagonista que no es un político convencional, sino un magnate extrovertido y polémico, supo encauzar un discurso de recuperación del sueño americano en los sectores laborales y del campo norteamericano que propiciaron una reacción que lo condujo a la victoria. El pragmatismo arraigado jugó un papel fundamental. El criterio de utilidad, más que de oportunidad, fue esencial en la configuración de la masa electoral que ha puesto al gobierno norteamericano en vilo. Sin embargo, la fortaleza de sus instituciones les está permitiendo subsistir en esta era de Trump, por más dislates y ocurrencias que el presidente yanqui tenga.

¿Podrá suceder algo similar en México?

En primera instancia no existe, por lo menos para el caso de la presidencia de México, ningún candidato que tenga un perfil antisistémico. Si vamos por el impulso partidario los tres candidatos José Antonio Meade, Ricardo Anaya y hasta Andrés Manuel López Obrador son hombres que se han curtido en los partidos políticos, que han desempeñado cargos en el gobierno y en el caso de AMLO ya va por su tercer intento electoral para llegar a la silla presidencial. En otras palabras, han “mamado de la ubre” del sistema político tradicional.

Caso especial es el Andrés Manuel López Obrador que ha sabido aprovechar en su discurso la molestia ciudadana. Pero en el nombramiento de la lista de los candidatos plurinominales al senado por Morena, del cual es fundador y su máximo dirigente, queda a relucir que el político tabasqueño no es más que uno más del sistema político, aprovechándose de las prebendas, concesiones y negociaciones con grupos que no resultan gratos a la gente, pero que aportan – por lo menos en compensación eso espera – le puedan aportar buenos dividendos políticos.

Alguno podrá insistir en los candidatos ciudadanos o como alguno dicen: sin partido. Sin embargo, es necesario hacer notas que ninguno de ellos tiene una base netamente ciudadana. Los tres, Jaime Rodríguez Calderón, Ríos Pitter y Margarita Zavala no son inmaculados políticos. Los tres también tienen una historia, trayectoria y cola política.

En conclusión, ninguno de los seis candidatos presidenciales puede representar un voto antisistémico. La división en tercios de la masa electoral en las recientes encuestas lo confirman. El electorado toma una decisión a partir de las simpatías y preferencias políticas, más que ser arrasados por un sentimiento contrario al sistema político.

Eso no significa que le descontento sea un factor en el proceso y en la decisión de los mexicanos. Sin embargo, no están dadas las condiciones para que esa perspectiva cambie. Los que son voto duro de cada partido mantienen una tendencia que se suma con las simpatías que están surgiendo de la campaña política, los intereses y las propuestas o juego de conveniencia personal o particular.

Como prueba de ello es la preferencia electoral de Andrés Manuel López Obrador, que aún con el mayor nivel de conocimiento que no puede subir más, se mantiene entre el 30 al 35 por ciento. En el supuesto de que sea el indicado para representar el hartazgo social que conduzca al voto antisistémico, tal porcentaje es más que mínimo.