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Gracias por tu gracia, inmerecido regalo.

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Psicóloga Deya Álvarez.

 

Gracias por tu gracia, inmerecido regalo.
Podría quejarme hasta reventar, cual globo que sensible se eleva sobre un montón de espinas sociales, familiares, personales, pero decido ser diferente…
Podría gritar que todo está mal, que es injusto, que cada ofensa y difamación recibida merecen un castigo ejemplar y una restitución del daño, al estilo ojo por ojo y diente por diente, pero elijo un camino distinto…
Podría blasfemar sin motivos reales, y sin una pizca de entendimiento profundo de las cosas por sus causas, contra mi Padre Dios, al preguntar el por qué y no el para qué de muchas cosas sucedidas, pero la sabiduría me dicta a callar, pues Él sabe qué es lo mejor, y no yo…
Podría realizar escritos vanos sobre temas diversos, con trascendencia parcial, relativa, pero decido usar el don que Dios me regaló para escribir sobre verdades eternas, profundas; para sembrar la buena semilla…
Sublime gracia que nos rescata de un mundo plagado de confusión, violencia, miedo y traición. Regalo inmerecido es el sacrificio de Jesús en la cruz, que siendo Dios se encarnó en humano, caminando entre nosotros sin falla alguna, de manera perfecta, humilde, en amor, tan distinta de la religión pasada y presente, y resucitó al tercer día, venciendo a la muerte; una muerte inmerecida pero aceptada en sacrificio único y universal por todos nosotros, reitero, sin merecerlo…
¿Cómo podemos exigir perdón, si no perdonamos?, ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios, si no amamos a quien tenemos en frente?, qué exigencia tan fuerte, irracional, incomprensible, el amar a quien no nos ama: ¡No tiene derecho! Nos grita la razón, y estaríamos hablando con certeza; aunque lo cierto, no siempre es la verdad.
Si me atacas, me defiendo y contra-ataco, ¿es ese el objetivo de una vida plena que practique lo que predica?, ¿Cómo poner el justo límite, en la medida de lo humanamente posible, entre el hacer valer respetar los derechos propios, sin dañar los ajenos?, ¿Cómo conciliar el amar, con el poner límites a personas que nos dañan, y permitirles hacerlo, sería dañarlos también y por ende, no amarlos?…
La respuesta, se halla en la escritura contenida la Biblia, y en la revelación que el Espíritu Santo, al caminar en santidad, en obediencia, no perfectos pero sí perfectibles, nos brinda cada día, cuando le buscamos vacíos de mente, y abiertos de corazón…
La sin razón, es de modo paradójico, el principio para caminar bajo la unción y no por emoción. Aunque la fe, puede y debe ser racional, para defenderla con mansedumbre como el Apóstol Pablo hacía, pero eso no significa que Dios no sea un especialista en romper esquemas mentales, humanos y limitados, sacudiendo nuestros mundos a través de procesos, para lograr un objetivo superior: la formación del carácter, para hacerlo más como el de Jesús y menos como el nuestro…
Gracias por tu gracia exclama mi corazón, con una gratitud no expresable con palabras, a la que dedicaré mi vida entera, haciendo de los pequeños actos, de esas sutiles decisiones de la vida cotidiana, que poco tienen que ver con un entorno religioso, y sí con una conexión espiritual profunda, mis acciones de gracias personales, en adoración a quien me amó primero, tal cual, por ser yo, y sin hacer nada para ganármelo…
Al respecto, una poesía de adoración, para nuestro Padre, quien se merece todo de nosotros, y le saldríamos debiendo, o quizá no… pues Jesús, ya lo pagó.
Gracias por tu gracia
Agradeciendo tus bondades desperté,
Y esta mañana como siempre, a ti oré,
entre sueño y realidad yo te vi,
y con gozo te pedí: entra más en mí.
Vida eterna, salud, amor y paz,
Siempre al caminar contigo,
Tú me das…
Muerte perpetua, enfermedad, odio, y guerra,
Tu alejas de mí, sin dar tregua.
Cuando al caminar el aliento me falta,
Tu mano derecha me levanta;
Cuando por correr cual niña me tropiezo,
Tu palabra me sostiene como un yeso.
Cuando tu presencia cada día, yo busco,
Tu amor ágape e incomprensible me llena justo,
Y no puedo hacer más que agradecer,
Por tu gracia sin fin, en mi haber…

DeyaAlvarezVillajuana
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