Inicio Análisis político Enrique Vidales Ripoll ¿Hacia dónde va la Cuarta Transformación?

¿Hacia dónde va la Cuarta Transformación?

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Si hacemos una retrospectiva del 2 de junio pasado del año pasado, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia obedeció entre otras circunstancias en el gran hartazgo social ante el fracaso de una transición de poder entre el PRI y el PAN que, en lugar de beneficiar al pueblo de manera directa y crear las oportunidades de desarrollo, se sirvieron con la “cuchara ancha” en el juego perverso de los intereses corruptos. Por otro lado, el discurso esperanzador de un candidato que supo generar una gran expectativa discursiva con el llamado movimiento morena y la cuarta transformación.
Al revisar la historia, en las tres grandes transformaciones sociales, políticas y económicas como lo fueron la lucha por la independencia que nos propició la liberación del yugo español, la gran reforma de Juárez que consolidó la personalidad jurídica y el liderazgo de las instituciones del Estado Mexicano y la revolución social mexicana que culminó con el constitucionalismo que da proyecto de nación con un marco legal de avanzada, podemos observar en todas ellas que los procesos no fueron instantáneos ni pacíficos. Se corrió tiempo y con ello la sangre de muchos mexicanos.
Andrés Manuel López Obrador quiere pasar a la historia con la grandeza de Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata y Cárdenas, los personajes emblemáticos e icónicos de las tres grandes transformaciones del pasado. Así lo expresó el día del triunfo. Una ambición política e históricamente válida.
Sin embargo, a pesar de ese ímpetu que lo catapultó a la cima de la silla presidencial después de 18 años de lucha política, hoy se viene opacando por la medianía de la actuación política y la carencia de resultados que nos permitan asumir que hay pies y cabeza de la tan anunciada cuarta transformación que políticamente se viene a desfondar con las renuncias de funcionarios de primer nivel y supuestamente aliados del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Hay quienes, en un intento de defender lo indefendible, afirman que es poco lo que pudiera hacer después del desastre dejado por los regímenes ratas y de corrupción anteriores. Pero López Obrador no es un improvisado. Coincido con quienes dicen es el político más importante de estos últimos 50 años. ¿Podemos afirmar con suma precisión que el desconocía a cabalidad todo el cochinero y podredumbre del sistema político mexicano?
El 2 de julio pasado los ciudadanos eligieron a quien consideraban era el idóneo para el “ajuste de cuentas”. De eso se trato el sentido de una elección histórica con amplio margen en los resultados que no dejaron duda alguna de la legitimidad del triunfo, así lo entendieron y percibieron muchos electores que se volcaron en la confianza de aquel que una vez fue catalogado como “un peligro para México”.
No puede ser que la cuarta transformación se limite a la tarea de repartir recursos económicos sin fomentar la competitividad que permita a la sociedad avanzar y no depender de la estructura de gobierno. En ese sentido no hay cambio a lo que el PRI, en tiempo de Carlos Salinas de Gortari inició con su programa de solidaridad y que fue transformándose al paso de los sexenios posteriores en la estructura de programas sociales clientelares y corporativistas.
Dice que no quiere nada con el modelo neoliberal, pero no tiene empacho de reconocer la importancia del tratado comercial con los Estados Unidos y Canadá. Un instrumento comercial que surgió del modelo económico y político neoliberal concebido por Carlos Salinas de Gortari, el que para él constituye el principal enemigo del desarrollo de México.
Germán Martínez fue primero. Su renuncia develó la realidad en el alejamiento de las decisiones del fundamento político de justicia social en la #4T. Ahora, el brazo ejecutor del ejercicio financiero y presupuestal acusa de lo mismo y le renuncia al presidente por discordancias con las políticas públicas en materia económica. Del primero se podía entender por no ser de casa ni llevar en la sangre el espíritu transformador que busca impulsar López Obrador.
Pero de Carlos Urzúa el tema cobra trascendencia, porque se trata de alguien que lo lleva en el alma. Un economista abierto con las tendencias de izquierda. Participante en la tarea de acompañar al gobierno de López Obrador desde los tiempos de la regencia en el Distrito Federal hoy CDMX. No es cualquier sujeto al que hoy pretenden, en la necesidad de justificarse, descalificar.
No está mal destruir para construir algo nuevo. Así paso con la Independencia que destruyó el influjo de poder de la Corona Española en nuestro territorio, aunque tenemos que aceptar que no fue hasta la Reforma cuando se tuvo que dar marcha atrás a varias instituciones coloniales vigentes para aquel entonces y abrir el camino hacia la institucionalidad del poder del Estado. También se tuvo que cambiar las pretensiones caudillistas para institucionalizar el ejercicio del poder y darle una viabilidad de proyecto de nación con estructura política, social y económica en los tiempos posrevolucionarios.
¿Qué es lo tenemos ahora? ¿Hacia donde va el barco de la Cuarta Transformación y, por ende, del país?
No hay camino claro ni visión política que nos permita encontrar los rasgos de lo que se quiere construir. Tan solo hay un catálogo de buenas intenciones y de un continuo discurso para echarle la culpa de toda la desgracia a lo que antecedieron en el gobierno sin que hasta la fecha existan procesados ante la justicia para rendir cuentas y transparentar la historia pasada inmediata del país.
El gran problema de esta Cuarta Transformación no es lo que algunos le puedan criticar o evidenciar. El auténtico enemigo que está llevando al agotamiento y la conducción al fracaso está dentro de la Cuarta Transformación, de hecho, en la misma figura política de Andrés Manuel López Obrador.