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JEETZ MEEK , CEREMONIA MAYA QUE NOS ALIENTA A PLANEAR…

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Una forma de practicar la cultura y entender esa relación que tenemos con la generación de los alimentos…

Por Bernardo Caamal Itzá

milpa-niñosAhora que se acercan los días en referencia a las celebraciones para recibir al pixan (almas) de nuestros seres queridos, cada uno de nosotros sabe del aporte que nos dejaron nuestros seres queridos en su momento, y en estos días es cuando nos acordamos de ellos, porque cada una sus enseñanzas están llenas de saberes y que por lo menos nos ilustran de cómo vivir la vida.

En estos días es cuando nos acordamos nuevamente de quienes se nos adelantaron “en la otra vida”, y es cuando nos recuerda esa figura más cercana, a mamá, abuela o algún ser querido, y tan solo recordarlos y es cuando nos hablan de nuevo y nos aconsejan sobre ese papel que tenemos con nuestros seres queridos.

En torno a la milpa o del manejo del solar hay ceremonias que nos enseñan de nuevo lo que significa tener presente no solo la generación de los alimentos sino la relación que tenemos con nuestras familias y la comunidad.

Ahora que estamos en las cosechas de la milpa, pues es común observar a la gente consumir sus elotes sancochados u otro guiso especial, sin embargo, detrás del cultivo existe un manejo puntual de los saberes para producir en la milpa, y eso significa la práctica de diversas ceremonias, y de tal forma si consideramos los primeros meses de vida en los niños es común escuchar la práctica del jets méek, como una forma de garantizar la transmisión de los conocimientos a los niños, así como garantizar la asesoría durante su crecimiento y desarrollo.

Parte 1: Aceptar un compromiso de por vida

Antes de nacer en el seno de una comunidad maya nuestros padres seleccionan a sus futuros compadres. Se desea que sean aquellas personas que se distingan por tener una vida ejemplar. Además, el género de los padrinos debe coincidir con el género del bebé. Esta ceremonia está íntimamente ligada a los consejos de nuestros progenitores. La elección de los compadres y comadres se realiza por la trayectoria de vida y trabajo desarrollado en la comunidad, ya que este sirve de referencia al ahijado(a).

Nuestros ancestros nos han enseñado que no hay que menospreciar este tipo de invitaciones y que implican un largo compromiso durante nuestra existencia. La elección de los compadres  tiene un enorme significado para los padres del bebé porque ellos aseguran, en primera instancia, que en caso de fallecer, el padrino o la madrina será la persona idónea para retomar la función de orientar al ahijado(a) por los caminos de la vida. Los padrinos tienen además la obligación de incidir en la vida del ahijado(a) para que esta se apegue a los usos y costumbres mayas, tutelando su crecimiento y desarrollo. Es una responsabilidad que forma parte de las encomiendas reproducidas a diario en el seno de la vida familiar y comunitaria maya. De tal forma que, a través del jeetz meek, se  reproduce la cultura maya en la vida de cada uno de los descendientes que viven a lo largo y ancho de la península de Yucatán.

Apadrinar a alguien en la ceremonia del jeetz meek significa aceptar los compromisos que conlleva esta ceremonia tradicional. Además, tiene otro gran significado. No sólo se amalgaman los intereses de los padres, sino también la forma simbólica y formal en que el bebé deberá asumir el conocimiento del entorno, como es el trabajo de la milpa, el uso de las plantas medicinales, el aprender a cocinar, el lavado, el aprender a leer y hasta el uso de los equipos modernos.

Durante la ceremonia, se le enseña al bebé de manera simbólica cómo deben ser adoptados cada uno de los elementos. También es la oportunidad de generar los conocimientos que le serán útiles en toda su vida y hacer énfasis en que todo será bajo el manto protector de los dioses mayas. El jeetz meek aún en estos días es una práctica vigente en varias ciudades y comunidades del interior de los estados de Yucatán y Quintana Roo.

El “compadrazgo” es un tipo de relación que cimienta las relaciones intracomunitarias y familiares y que enmarcan al apadrinado dentro de la religiosidad de los padres y la vida productiva del nuevo integrante. El hecho de ser mujer o varón influye notablemente en la planeación y ejecución del jeetz meek. En el caso del sexo femenino, la ceremonia es realizada a los 3 meses de edad. Esto tiene una estrecha relación con su encargo, con el espacio que ocupará al realizar sus tareas cotidianas y en la elaboración de los alimentos en el hogar. Entre los equipos y utensilios que la mujer utilizará hay varios que tienen características peculiares relacionadas con el número tres. Por ejemplo el fogón, el cual está constituido por 3 piedras, la mesa o banqueta que está sostenida por sus tres patas, el ka’ o metate en donde se molía el maíz para obtener la masa, y el chuyub, lugar donde las familias guardan sus alimentos y evitan la presencia de cucarachas y ratones.

El número cuatro está reservado al terreno de lo masculino por lo que la ceremonia es realizada a los 4 meses de nacido el varón. Está fundamentado en la milpa que es el espacio en donde interviene para generar la mayoría de los alimentos que consume su familia. La milpa es un lugar sagrado, porque de alguna forma es morada de los dioses. En ella se obtienen los principales alimentos como: maíz, frijol y calabazas, cuyas semillas son utilizados en la ceremonia del jeetz meek. La unidad de medida de la milpa es por medio de mecates (400 metros cuadrados) y en cada uno de sus 4 puntos cardinales se ubican los dioses protectores del monte y de la lluvia, de tal forma que en cada uno de sus vértices los abuelos mayas dicen que viven los Yuumtsilo’ob.

Provenientes de comunidades mayas de Carrillo Puerto, Q. Roo, opinan que esta ceremonia es el punto de partida del compromiso que adquieren los compadres. Sin embargo es desde que se le comunica a la pareja el próximo nacimiento del ahijado(a) que ellos deben “velar” por su seguridad, incluyendo la de la madre. En ocasiones puede ser que la comadre sea la misma que hace el papel de comadrona.

En Yucatán es distinto ya que este tipo de compromisos se adquieren hasta el término del parto. El lugar de la ceremonia es la casa de los compadres.

Parte 2: La ceremonia

Una vez que llegue la fecha acordada  ambas familias se preparan para esta actividad. Lo sobresaliente es que durante este acto serán usadas las semillas tostadas de la calabaza xtop (calabaza de pepita gruesa), el K’aa o pinole, derivado del maíz tostado y molido, es usado como bebida durante el desayuno o la cena y también se usa el je’ o huevo. El Xtop simboliza que “broten constantemente las ideas creativas” del nuevo integrante de esta comunidad, el K’aa propicia que se acuerde de su identidad y origen, mientras que el je’ le permite tener la claridad de los procesos para seguir generando alternativas para salir avante en su formación como ser humano.

Entonces, llegado el momento del jeetz meek, se acercan todos a la mesa ubicada en la casa principal, en el cual se encuentra representada la cruz de los 4 puntos cardinales ó aquella que ha sido producto del sincretismo cultural de nuestro pueblo. La mesa es decorada con motivos propios de esta ocasión. Se colocan ramos de flores y servilletas nuevas que luego serán usadas para el p’o k’ab. Además hay velas, incienso y un plato donde estarán las semillas de xtop, el k’aa y el je’.

El padrino o la madrina, dependiendo del sexo del ahijado(a), será la persona que deberá cargar al bebé durante esta ceremonia, la cual inicia cuando los padres entregan simbólicamente a su hijo a los compadres y estos lo reciben gustosamente. A partir de este momento, le platicaran también cómo es la vida y le dan en la boca al bebé pequeñas porciones del k’aa, xtop y el je’ mientras caminan alrededor de la mesa, haciendo 9 ó 13 vueltas del lado derecho y otro tanto similar del lado izquierdo. Estas vueltas están relacionadas con el cierre del círculo o el amarre (kaa k’axik) y después la apertura del mismo o desamarrar (kaa wachi’ik) que representan el equilibro o el ciclo de la vida. Puntualiza que nada es eterno, que todo lo que inicia tiene una conclusión.

Durante el jeetz meek al ahijado(a) se le enseña el uso de los equipos. Luego ambos recorren el solar para conocer los árboles y cómo trepar en ellos. En algunos lugares se aprovecha la ocasión para que el bebé “monte a un perro” con la idea de que le facilite su desenvolvimiento al caminar. Además, le muestran el uso del machete, el coa, el sembrador y la computadora; mientras que a la niña la acercan a donde está la botella y le explican cómo debe lavar, usar el metate, el molino y todo aquello que le será útil en el futuro.

Una vez que el padrino o madrina haya instruido a su ahijado(a) durante esta ceremonia, ambas familias realizan plegarias a los dioses mayas sobre este nuevo acontecimiento. Finalmente, la persona que apadrino hace entrega formalmente del bebé a sus progenitores. Después, ambas familias hablan de las responsabilidades que tienen con el niño(a). En este momento es cuando los padres lavan las manos de sus compadres con agua entremezclada con hoja de ruda y después los secan con las servilletas nuevas. El acto se llama p’o k’ab y se realiza con la finalidad de que en ambas familias predomine el respeto y que cada quien cumpla con los compromisos adquiridos.

¿Quién ha tenido esa magnífica oportunidad de hacerlo? Seguramente la mayoría de nosotros aún ha platicado de este tipo de ceremonias con sus abuelos o con la gente de la tercera edad que vive en sus comunidades. Pero, ¿ha influido de alguna manera en nuestra forma de ser? Bueno, uno sin darse cuenta en la vida cotidiana hace uso de esos conocimientos y va matizándolo con las experiencias adquiridas en la vida.

¿Alguna vez ha reflexionado sobre el papel que tienen estos conocimientos transmitidos por nuestros abuelos en nuestro desarrollo individual y familiar?

Personalmente me recuerda el consejo de la abuela materna diciéndome en lengua maya: “matik teche ma’ wojel baax ka walki. Chen tan t’aan” (no sabes lo que dices, sólo estás hablando). Debemos analizar más las cosas y no opinar si no tenemos claro lo que queremos transmitir o comunicar. “¡Paal, ti teene tan u tupulteen le k’ino’obo. Beele’ ti teche jo’ok’ol ku meentik!” (hijo, mi existencia se acaba, pero a ti te esperan nuevas mañanas), como me dijo antes de fallecer en el año de 1998 y sus palabras aún retumban en mí cada vez que me encuentro con la gente de mayor edad.

Cuando nuestros abuelos conviven con nosotros, no sólo nos deleitan con anécdotas y cuentos, sino más bien inciden para forjar nuestra personalidad. Al conocer y vivir la vida, basta con su presencia para darnos confianza ya que afina o ratifica la meta que nos hemos trazado. Los abuelos mayas tienen distintas ceremonias importantes: el jeetz meek  que es la ceremonia que define la personalidad y el rol del nuevo individuo en la sociedad maya,  el jeetz lu’um que es la ceremonia para la búsqueda del equilibrio de la tierra, el Ch’a chac la ceremonia para atraer la lluvia, y el P’o k’ab que afirma la reciprocidad por mantener el respeto hacia las personas que hemos definido como cercanas a nuestra familia