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La compra de votos, ¿por qué las permite el INE y el IEPAC?

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Para nadie es un secreto que la compra de votos es en la realidad una práctica común, “de cajón” para ganar una elección, para movilizar una estructura y para fundar nuevos partidos políticos. Todo bajo la tolerancia de las autoridades electorales, INE y IEPAC.
¿Por qué pasa esto?. Hace 50 años era lo más normal ver fraudes en la operación política nacional, pero desde los años 90’s, cuando se fundó el IFE, no hemos dejado de presumir que somos un país de avanzada democrática, sin embargo, el fraude sigue pasando. Los fraudes se siguen operando.
En la elección del 1 de agosto del 2018, una enorme cantidad de yucatecos denunciaron la compra de votos a razón de varios miles de pesos por familia en diversas colonias populares, comisarías y municipios de Yucatán. Lo hicieron varios candidatos de diversos partidos políticos.
En las pasadas elecciones internas del PRI, en Yucatán, priístas denunciaron la compra del voto con vales de despensa, reparto de dinero y pago por acarreo. Militantes de dicho partido expresaron su indignación. Pero, ninguna autoridad electoral se manifestó, que porque “nadie interpuso una denuncia legal formal”.
Todavía el pasado sábado 30 de noviembre, la sociedad yucateca se enteró que los promotores del partido en formación, RSP, Redes Sociales Progresistas, pagaron a mil pesos por ciudadano que movilizara gente para lograr su asamblea distrital. Se supo que también hubo promesa de pago adicional (209 pesos) para cada asistente. La sucia maniobra política se desarrolló a vista y complacencia tanto del INE como del IEPAC. Claro que habrá quien diga que por el ámbito, el IEPAC no está involucrado, sin embargo, habrá que considerar que la responsabilidad y la ética van junto con pegado.
Mientras las autoridades electorales sigan permitiendo, tolerando, brindando impunidad a estos actores de la corrupción, no habrá democracia real en México. Se supone que los mexicanos ya estamos hartos de tanta suciedad.
Es el tiempo de castigar estas corruptelas que se “cocinan” desde el poder público.
¿Qué clase de institución electoral es aquella que fundamenta su existencia y vida interna en la compra de consciencias? y, ¿qué clase de ciudadanos son los que venden su voto?.