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La gran paradoja de las relaciones de Irán con América Latina

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La reacción de América Latina a la crisis internacional entre Estados Unidos e Irán tiene dos extremos opuestos, desde Venezuela hasta Brasil.
En Venezuela, el presidente de la Asamblea nacional constituyente, Diosdado Cabello, visitó el martes la embajada iraní y leyó un mensaje que concluía así: “¡Viva Irán, vivan los pueblos libres, nosotros venceremos!”.
“Tu muerte será vengada, camarada”, dijo allí mismo el diputado chavista Pedro Carreño al firmar el libro de condolencias de Quasem Soleimani, el general iraní cuya muerte en un ataque de EE.UU. en Irak disparó la tensión internacional este mes.
En cambio, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se alineó con Washington.
“Nuestra posición es aliarse a cualquier país del mundo en el combate al terrorismo. Sabemos lo que en gran parte Irán representa para sus vecinos y para el mundo”, dijo Bolsonaro en una entrevista con la TV Bandeirantes.
Pero detrás de estas posturas antagónicas hay otra realidad.
El Brasil del ultraderechista Bolsonaro es el gran socio comercial de Irán en América Latina, con un intercambio bilateral miles de veces superior en dólares al que la República Islámica tiene con su aliado socialista de Venezuela.
“Es paradójico”, dice consultado al respecto Hussein Kalout, exsecretario especial para asuntos estratégicos de Brasil y actual investigador de la Universidad de Harvard en temas de Medio Oriente, a BBC Mundo.
Ese aparente contrasentido refleja, sin embargo, la forma en que Teherán ha separado sus intereses políticos y económicos en América Latina, sobre todo en los últimos años.
Bolsonaro se ha alineado con EE.UU. en la crisis internacional, pero su país mantiene un comercio robusto con Irán.
Las relaciones diplomáticas de Irán con países latinoamericanos datan de más de un siglo en algunos casos, pero tuvieron un giro importante con el cambio de milenio.
Aunque América Latina nunca ha sido prioridad para los iraníes, se volvió más atractiva para mitigar el creciente aislamiento internacional que le causó a Teherán el desarrollo de su programa nuclear.
Mientras fue presidente de Irán entre 2005 y 2013, Mahmoud Ahmadinejad viajó en promedio una vez por año a Latinoamérica, donde aumentó las embajadas e impulsó varios proyectos.
Eran tiempos en los que en la región predominaban gobiernos izquierdistas con los que Ahmadinejad desarrolló una sintonía especial.
Sin embargo, a medida que bajó la “marea rosa” de la izquierda latinoamericana y crecieron las sanciones internacionales a Teherán, quedó claro que para los iraníes existen al menos dos tipos de socios en la región.
Por un lado hay países enfrentados a EE.UU. como Venezuela, Nicaragua o Cuba, que criticaron el ataque a Soleimani, con los que Teherán tiene una mayor afinidad política pero vínculos económicos menores.
Viejos anuncios de inversiones iraníes —como en la construcción de un puerto de aguas profundas en Nicaragua— quedaron en la nada y el comercio bilateral de Irán con sus aliados regionales es bajo, incluso inferior al millón de dólares por año.

Fuente: Yahoo noticias