Inicio Análisis político Alejandro López Munguía La guía ética para la transformación de AMLO… suena a “vacilada”.

La guía ética para la transformación de AMLO… suena a “vacilada”.

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La guía ética para la transformación de AMLO… suena a vacilada.

El presidente AMLO presentó el día de hoy durante la mañanera, su guía ética para la transformación de México, un manual que pretende orientar a la población por los valores rectores de la vida pública, según la visión presidencial.

Sin embargo, suena a incongruencia, cuando el Tribunal Federal Electoral determina que el INE no debe investigar el video donde se ve al hermano del presidente, Pío López Obrador recibiendo dinero para las campañas de los candidatos de Morena, en Chiapas, en el año 2015.

El material pegó durísimo en la población que se enteró de la maniobra para beneficiar a las huestes del entonces aspirante a presidente de México.

En México, la violencia se ha incrementado a niveles nunca antes registrados. Los feminicidios son el pan de cada día, las violaciones a los derechos humanos y la ausencia de justicia ante el abuso del poder es latente. La situación en el país es muy grave y se ha acentuado gracias a una mala estrategia para enfrentar la pandemia que ha causado la muerte de 104 mil mexicanos, y el contagio de más de un millón; así como el cierre de más de 100 mil empresas y arrojado al desempleo a más de 12 millones de ciudadanos. Tener ética es reconocer que el gobierno se ha equivocado en la forma de tomar decisiones y en la forma de operar la recuperación del país, pero no, en cambio, el presidente ha optado por asegurar que su estrategia ha sido “todo un éxito”.

Y no debemos soslayar que en México aún hay mucha corrupción y una gran impunidad.

Si valoramos la ética presidencial no sabremos dónde ni cómo colocar al presidente luego de liberar al hijo de “el Chapo”; o de acudir a los EEUU a someterse a un tirano como Donald Trump pasando por el reclamo de justicia por los agravios contra los migrantes mexicanos. No sabríamos qué hacer con la inundación adrede de la comunidad indígena para que no se inundara la refinería dos bocas. O con el perdón concedido a los Bartlett, padre e hijo.

Si a esto le sumamos otros hechos que contradicen al mandatario sobre la ética que deben observar los integrantes de la 4T, no nos queda más que sentir pena ajena. Allí están las acusaciones tan fuertes de Porfirio Muñoz Ledo, sobre que hubo corrupción por parte de Mario Delgado, que operó desde la cámara de diputados para hacerse vencedor en la encuesta que organizó el INE para determinar al ganador de la elección interna del Morena.

Porfirio es toda una institución dentro de la política nacional. Y a pesar de todo su peso político, sintió miedo y pidió protección para él y su familia y para los suyos, pues dijo, la corrupción que arropó a Mario Delgado ya había rebasado todo límite. Graves hechos.

Otro caso que echa por tierra “la guía ética para la transformación del país” de AMLO, son las denuncias que fueron interpuestas contra Yeidkol Polevnsky, encargada de la presidencia nacional del Morena, por parte de la presidencia interina, que encabezó Alfonso Ramírez Cuéllar. Se le acusó de invertir recursos del partido en obras que en apariencia no se hicieron y otros casos relacionados. El tema fue abrumador y hasta ahora no ha sido aclarado.

El asunto de las compras directas en el gobierno de la 4T es otro de los grandes temas por aclarar. Se sabe que aproximadamente el 70% de las obras no se licitan, sino que se otorgan de forma directa, abriendo la puerta a una gran corrupción, en la modalidad de acuerdos en lo oscuro.

El propio AMLO fue promotor de las licitaciones durante toda su lucha para llegar a la presidencia, pero ahora que lo logró, se ha encargado de ser el que las autoriza.

Y ya no hablemos de los actos de corrupción de los que se acusan a Ana Gabriela Guevara, ex titular de la Conade; ni a Zoe Robledo, director del Imss; las casas de Irma Eréndira Sandoval, titular de la Función Pública; los casos de los superdelagados que en diversas entidades utilizan los programas sociales para hacer propaganda de sus aspiraciones políticas a gobernadores; entre otros casos.

¿Cómo se puede dar valor a una supuesta guía ética para la transformación si los propios miembros de la 4T no la respetan?.

Es una “tomada de pelo”, un “rollo mareador”, una narrativa presidencial que a estas alturas ya no conmueve a nadie. A nadie que piense libremente, y que no esté sujeto a sus programas dadivosos.

La única guía que debe regir a los mexicanos es la constitución política de México y nada más. Respetarla y hacer la valer es la justa acción de un Estado que se respeta y respeta a los ciudadanos.