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La justicia lejos del castigo real a los conductores ebrios

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Todos tenemos el derecho de divertirnos, pero no con el exceso provocar daños a terceros, menos atentar con la integridad física de inocentes.

El día de ayer se inició el año nuevo con una tragedia que a movido a muchos vecinos del fraccionamiento Los Héroes. Sucede que una persona a bordo de un Chevy blanco atropelló a un niño causándolo varias heridas que ponen al infante en un estado crítico. En la crónica recogida por otros medios y que puede ser consultada en los grupos de Facebook, los testigos alegaron que el conductor venía alcoholizado, detectaron en lugar en donde vivía y se postraron en la casa hasta que se presentaron las autoridades y por la presión se llevaron a un sujeto que se responsabilizó de esos hechos.

El clamor es justicia. Que el responsable pague los daños y perjuicios ocasionados, así como también, que la sociedad lo castigue.

Sin embargo, todo sabemos que no hay mucho que hacer. En nuestra legislación, inclusive ocasionar la muerte por atropellamiento a pesar de mediar el alcohol, no se considera un delito grave, sin malicia y sin dolo. Por lo cual se clasifica como un delito imprudencial o culposo.

Si bien es cierto que no existe una intención deliberada de matar a una persona, una persona alcohólica o bajo la influencia de alguna droga es potencial homicida de cualquier otra persona. Lo que lo hace un verdadero peligro para la sociedad.

¿En verdad termina justo que una familia sufra por la pérdida de un pariente mientras el responsable, por su estado de inconveniencia, al final termine libre de cargo para seguir disfrutando de la vida en todo su exceso?

Aquí hay algo que como sociedad no estamos valorando en cuanto a la responsabilidad de un accidente producido por el estado inconveniente de un conductor. No estamos siendo verdaderamente justos para penalizar el dolor de una perdida por una situación que nunca debió de pasar.

Hoy hay un niño en coma inducido. Una familia que sufre el dolor del momento. Una sociedad que clama y exige justicia, pero al mismo tiempo, una legislación que los abandona y que no castigará como debería ser quien conscientemente infringe la ley.

No es el único caso. Como sociedad hemos visto muchos otros.

¿Por qué no elevar la pena a los conductores que sin temeridad ponen el riesgo la vida de las personas, de familias enteras, por la inconsciencia de abusar del alcohol?