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La oposición a AMLO y a Vila, es de caricatura, sin autoridad moral, ni peso político.

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— Un corrupto no puede criticar, denostar, descalificar a su semejante. Por ética, está impedido de hacerlo …

La oposición existe como contrapeso del poder. Pero, para ser opositor se requiere tener autoridad moral, pues los argumentos no tienen peso en voz de gente perversa o en la de los aliados de la perversidad. Un opositor representa una voz enérgica, vaiente, pensante, capaz de generar ideas alternas y viables a una problemática. Si en el debate, al generarse los planteamientos se alcanzan coincidencias, entonces el acuerdo es posible. Pero si se es opositor de mentira, entonces lo que resulta no es un acuerdo sino una complicidad, un sometimiento. Un ejemplo de ello lo fue el famoso Pacto por México, que fue suscrito por el PRI (partido en el poder) y los opositores PRD, PAN y otros.

Otro ejemplo es el entreguismo del líder del PRI en Yucatán, Francisco “pumba” Torres a la voluntad de AMLO, al que le dijo dócilmente “venimos a sumarnos presidente”. Lila Frías,  secretaria general le dijo “necesitamos de usted señor Presidente”.

El poder político de un gobierno se acentúa o se debilita según sea la fuerza de la oposición. En el pasado, durante la época del “carro completo”, el PRI se llevaba todo. La oposición fue avasallada en lo electoral pero su aportación era visionaria. Tras la elección de 1988, la oposición se fortaleció a tal grado que dio paso a la organización de la izquierda en un partido integrado por gente de corte liberal, el PRD.

Fue a partir de esa elección que el PAN se proyectó fuertemente y representó una verdadera opción de gobierno. En 1997, el PRD se apoderó del Distrito Federal, hoy Ciudad de México y sentó su proyecto para que Andrés Manuel López Obrador construyera su plataforma. En el año 2000, AMLO, a pesar de no cumplir con todos los requisitos de residencia, ganó la elección y se convirtió en Jefe del Gobierno del DF.

La lucha desde la oposición rindió sus frutos. Mientras fue oposición, el PAN brilló con luz propia. Surgieron ideas brillantes de gente talentosa, que promovía una política de valores democráticos que en realidad “movían las almas”. Pero como gobierno se entrampó. Vicente Fox no pudo cumplir sus compromisos. Con Felipe Calderón el PAN se convirtió en una especie de PRI azulado y el status quo se mantuvo.

Ni PRI ni PAN supieron ser opositores de verdad. Comprendieron mal la situación. Pactaron y negociaron todo con entre sí, y lograron unificar criterios de gobierno. El sistema se mantuvo, el esquema se sostuvo y los vicios que el PRI había heredado se mantuvieron. El gobierno de Enrique Peña Nieto fue oprobioso, rayó en la vergüenza y los pillos hicieron de las suyas. El país fue saqueado.

Con AMLO en la presidencia de México, se empieza a sentir su sello. Se aseguró de debilitar a sus opositores, los que no alcanzan a tener el respaldo de la mayoría de la población. Y es que, aún no le encuentran la cuadratura al asunto.

La oposición que enfrenta a AMLO está desacreditada en lo general y mucho en los específico. No hay políticos que cuenten con la estatura moral para señalar los errores del mandatario tabasqueño. Unos o están metidos hasta las manitas en la corrupción rampante de Peña Nieto, o son cómplices del gobierno de Calderón y de su loca guerra contra el narcotráfico, o fueron semillas de la corriente esquizofrénica Foxista.

Sin autoridad moral, la oposición en México está de cabeza. Poquitos les creen, poquitos les hacen caso.

En Yucatán el PRI es un ejemplo vivo de lo expuesto. De la grandeza a la vergüenza, todo por estar infestado en su gran mayoría por corruptos. ¿Cuántos priístas desde una posición o cargo público actual, son capaces de levantar la mano para decir “estoy limpio, no avalo y condeno la corrupción del gobierno de Rolando Zapata y no soy como los que entregaron el poder”?. Sería bueno ver quién se atreve a levantar la mano.

Por eso AMLO y Vila Dosal se la llevan súper ligth.