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Libros de texto gratuitos, patrimonio de los mexicanos

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Por Juan Carlos Villarruel. Enviado

Querétaro, 5 Mar (Notimex).- Una mujer nos acompañó a millones de mexicanos todos los días a la primaria, paciente, aunque también orgullosa, nos esperaba en el salón mientras salíamos corriendo en desbocado desorden al recreo y fue testigo de nuestras alegrías y angustias infantiles.

Cualquiera que mire sus ojos negros almendrados, su vestido blanco y la bandera nacional ondeando un poco detrás y arriba de ella a su izquierda, regresará por un segundo a su salón de clases y a su inconfundible olor.

Se trata de “La Patria” o, para decirlo mejor, la representación de la Patria que pintó el maestro Jorge González Camarena. Todos conocemos la obra, porque aparecía en la portada de nuestro Libro de Texto Gratuito.

Pero pocos saben que la modelo que sirvió de inspiración se llamaba Victoria Lorenlas y que su fama se debe al trabajo de alguien que, al cumplir sus primeros 60 años, está rebosante de vida y dispuesta a producir, fabricar y entregar, 180 millones de ejemplares entre junio y julio.

El cuadro original, una obra de caballete, reposa resguardada dentro de un empaque especial que sólo se puede abrir bajo supervisión de un curador de arte y con notario público como testigo, en el almacén en Tequesquináhuac, Tlalnepantla, Estado de México.

Como lo ha venido haciendo desde 1958, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), trabaja a marchas forzadas para poner en manos de cada niño que llega a su nuevo ciclo escolar, el paquete de libros que lo acompañará durante un año.

En el taller general ubicado en el Parque Industrial “Bernardo Quintana”, en Querétaro, la prensa plana, las dos rotativas “Harris” (capaces de producir hasta 100 mil ejemplares por hora), los rollos de papel gigantes y el entusiasmo de decenas de trabajadores, están en marcha.

Esta es la institución con 60 años de antigüedad que está más viva y rebosante que nunca. A decir de su director general, Antonio Meza Estrada, la feliz mezcla entre experiencia y juventud en su plantilla laboral, la convierten “en una institución muy benévola de la Escuela Mexicana”.

Porque en esta conmemoración del sexagésimo aniversario de la Conaliteg, se reconoció también a muchos de quienes han entregado su vida laboral a ella, incluso por generaciones.

Se le entregaron reconocimientos a Rodolfo Valdez López, por 38 años de trabajo; Benjamín Nápoles Hernández, por 36 años; Andrés García Serrano, por 33 años; Marina Pintor García, por 32 años; Dioinisia Alberta Flores Amigón, por 31 años y María Guadalupe Villegas Trejo, por 28 años.

De hecho, en entrevista, Rodolfo Valdez López se dijo muy orgulloso de sus primeros 38 años de trabajo aquí. Se encarga de los montacargas y fue quien se animó a venir a Querétaro desde la Ciudad de México, cuando la planta se mudó, hace 20 años.

Su hijo trabaja en el mismo taller y ambos se asumen parte del equipo que lleva libros de preescolar, primaria y secundaria a millones de niños hasta el último rincón del país, escritos no sólo en español, sino el lenguas indígenas, Lenguaje Braile y macrotipo para débiles visuales.

También María Guadalupe Villegas Trejo narró una historia familiar de reto y éxito. Ella actualmente trabaja en el área administrativa, pero llegó a la Conaliteg hace 28 años, con 19 de edad, a instancias de su padre, que trabajaba ahí.

Sus hijos eran pequeños en 1998 cuando la planta se cambió a Querétaro. Ella se había quedado sola y decidió venir, aunque sus niños permanecieron tres años en la Ciudad de México, hasta donde viajaba cada semana para verlos.

Hoy es orgullosa abuela de dos pequeñines y dice sentirse feliz cuando ve “las caritas de los niños” que van a las visitas guiadas a la planta, a ver cómo  “nacen” sus libros.

Este equipo de personas es el encargado de producir millones de libros y entregarlos en 225 mil escuelas de todo el país, a través de “una logística muy cuidadosa”, señala su director, Antonio Meza Estrada.

Ayudan instituciones como el Ejército, organizaciones sociales, gobiernos estatales y, a veces, hasta empresas comerciales, para que a nadie le falte su libro, esa pieza esencial en la cultura familiar y en la identidad nacional, particularmente el que tiene a “La Patria” en la portada.

Para ello, el país está dividido en dos regiones: Norte y Centro-Sur. De esta última, se encarga el profesor Ramón Fernández Espinosa quien destaca cómo se logra poner en la mano del niño el paquete de libros correcto en la fecha correcta.

“Podemos despachar diez trailers en una hora; somos capaces de llenar un tráiler con 98 mil ejemplares en una hora y acomodarlos de la manera idónea para ir descargando en el camino. Es mucho trabajo, pero la gente lo hace con pasión y orgullo”.

Y aunque en este ciclo, debido a los ajustes por el cambio de gobierno, se han producido ciertos atrasos, hay confianza de que con horas extra, turnos extendidos y trabajo hasta el fin de semana, se produzca lo necesario y se entregue en tiempo y forma.