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Líderes judíos, católicos y musulmanes hacen un llamado a la unión para derrotar al coronavirus

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La fragilidad que todos sentimos y compartimos frente  a la pandemia del coronavirus revela “nuestra humanidad común”, dijo el martes el Secretario General de la ONU durante una reunión virtual con líderes religiosos sobre el importante papel que pueden desempeñar para limitar el daño causado por el COVID-19.

“Pone al descubierto nuestra responsabilidad de promover la solidaridad como base de nuestra respuesta. Una solidaridad basada en los derechos y la dignidad humana de todos, y destaca el papel crucial de los líderes religiosos en sus comunidades y más allá”, afirmó Antonio Guterres.

Junto a líderes de las religiones judía, cristiana y musulmana, Guterres citó la crisis de salud pública anteriores, como el VIH/SIDA y el ébola, y señaló cómo el liderazgo espiritual había sido un beneficio positivo en términos de valores, actitudes y acciones de la comunidad.

“Y con esta influencia viene la responsabilidad de trabajar juntos, dejar de lado las diferencias y traducir nuestros valores comunes en acción”, subrayó al destacar cuatro formas fundamentales en que pueden ayudar a revertir la pandemia y ayudar a la recuperación.

Primero, les pidió que “desafiaran activamente los mensajes inexactos y dañinos” junto con el rechazo de la xenofobia, el racismo y “todas las formas de intolerancia”.

También es importante “condenar categóricamente” la violencia contra las mujeres y las niñas, que está en aumento, dijo, así como apoyar los principios compartidos de asociación, igualdad, respeto y compasión.

“La asociación también significa garantizar la voz y la representación igualitarias de las mujeres en todas las esferas”, expresó.

El titular de la ONU también pidió a los líderes que aprovechen sus redes para apoyar a los gobiernos en la promoción de medidas de salud pública, como el distanciamiento físico y la buena higiene, y que también las practiquen durante las actividades basadas en la fe, incluidos los servicios de adoración y los entierros.

Finalmente, como los estudiantes del mundo ahora mismo no van a la escuela, instó a los líderes religiosos a “apoyar la continuidad de la educación” para que el aprendizaje nunca se detenga.

Brindar esperanza a los desesperados
Durante la reunión, el presidente de la Asamblea General, Tijjani Muhammad-Bande, destacó el papel único de la fe y dijo que da “esperanza a los desesperados” y, en tiempos de ansiedad, “puede ser una fuente importante de consuelo y resistencia comunitaria”.

Agregó que durante esta amenaza sin precedentes los líderes religiosos y sus organizaciones tienen un papel aún mayor que desempeñar para salvar vidas y mitigar la propagación de la enfermedad.

“Esperamos de ustedes que compartan información creíble, enfrenten los rumores, la violencia y la incitación al odio, y aboguen por las necesidades de las poblaciones vulnerables”, subrayó el presidente de la Asamblea.

En el contexto de la creciente pobreza, el mayor sufrimiento de las personas marginadas, los niños sin escolarizar y las muertes por el coronavirus, Muhammad-Bande señaló que “desafortunadamente, no hay un calendario para el final de esta pandemia”.

“Esto significa que tenemos mucho trabajo por delante”, dijo y pidió a las organizaciones y líderes religiosos, que con coraje y visión usen su autoridad moral para continuar abogando por el empoderamiento de las mujeres y el acceso a la educación y a la salud.

Como las restricciones relacionadas con COVID-19 han cerrado iglesias, sinagogas y mezquitas en todo el mundo, señaló que muchos líderes religiosos se han adaptado rápidamente adoptando métodos en línea. También elogió su compromiso con los jóvenes en el desarrollo de mensajes en las redes sociales, “haciéndolos socios efectivos” para crear conciencia sobre las medidas preventivas.

Líderes religiosos en primera línea
El alto representante de la Alianza de Civilizaciones de la ONU, Miguel Moratinos, compartió el llamado del Secretario General a la solidaridad mundial, subrayando la necesidad de considerar a las poblaciones vulnerables y las comunidades marginadas, así como el creciente estigma y el discurso de odio.

“En las crisis que alteran la vida, cuando las personas están desesperadas y desarraigadas de sus vidas, la fe a menudo ha sido su ancla y el lugar al que acuden para consolarse y esperanzarse”, sostuvo, y agregó que “aquí es donde entra a jugar el papel de los líderes religiosos”.

Moratinos explicó que los actores religiosos están profundamente arraigados en las comunidades a las que sirven y que a menudo son los primeros en responder, diciendo que “fue alentador ver cuántos líderes y comunidades de fe actuaron rápidamente y se colocaron en la primera línea brindando servicios valiosos a sus comunidades”.

También reconoció a los gobiernos y las instituciones de salud por trabajar estrechamente con los líderes religiosos, ya que millones de personas en todo el mundo tuvieron que celebrar la Semana Santa, la Pascua y el Ramadán bajo encierro para reducir la transmisión del coronavirus.

Moratinos anunció una reunión a fines de mes para, entre otras cosas, “identificar áreas de acción e iniciativas concretas orientadas a resultados que los líderes y otros actores religiosos pueden emprender en respuesta a COVID-19”.

Los líderes intervienen
El cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, de la Iglesia Católica, dijo en la reunión que la pandemia “nos da el impulso para construir puentes de amistad y fraternidad”. “Mantengámonos unidos para enfrentar los desafíos actuales”, dijo.

El rabino Arthur Schneier, de la Sinagoga Park East en Nueva York, y embajador ante la Alianza de Civilizaciones, miró más allá de la pandemia y recordó que “cada crisis y conflicto llega a su fin”.

Como sobreviviente del Holocausto, recordó que la ONU se estableció hace 75 años como “un ejemplo clásico” de la historia de destrucción, devastación, pérdida de vidas, reconstrucción, restauración de la humanidad y como resultado de una acción unida.

“Con fe, oración y acción podemos construir un futuro más brillante para nuestros hijos, un mundo de paz, amor y amabilidad”, subrayó.

El organizador del evento, el embajador marroquí ante la ONU, Omar Hilale, señaló que “la furia con la que cayó el COVID-19 en el mundo y sus consecuencias planetarias, requiere, más que nunca, un mensaje unificado y responsable”.

“Los líderes religiosos pueden desempeñar un papel clave en la preservación de la hermandad humana y en la construcción de sociedades más inclusivas, cohesivas, más seguras, más resistentes y unidas, especialmente en tiempos difíciles”, agregó.

Boletín de prensa de al ONU