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Mensaje de Mons. Gustavo Rodríguez con motivo del día del maestro

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“El maestro no sólo comunica una serie de datos fríos e impersonales del conocimiento humano, sino que orienta hacia la verdad con su vida y enseñanza”.

Muy apreciados maestros y maestras:

    La Iglesia siempre ha valorado la educación, como lo demuestra la gran labor educativa que ha realizado a lo largo de los siglos hasta el presente. Precisamente, correspondió a Fray Juan de Zumárraga la fundación de la Universidad de México en el siglo XVI, y a varios clérigos y religiosos la educación de los indígenas y la enseñanza superior.

    Hoy, una vez más celebramos el 15 de mayo “Día del Maestro” y es una oportunidad para reconocer públicamente el esfuerzo y dedicación, de ustedes, hombres y mujeres que dotados con el carisma de la enseñanza entregan su vida y su tiempo a favor de nuestros jóvenes y niños.

    Ustedes son muy importantes para todos nosotros, ya que tienen la enorme tarea y la gran responsabilidad, después de los padres de familia, de influir positivamente en el proceso de aprendizaje integral de sus alumnos. La educación conduce a la participación de la tradición y la cultura, a la formación de la conciencia, a la búsqueda de la verdad y al ejercicio de la libertad. Educar para amar y ser solidarios, para descubrir el significado último de la vida y para la trascendencia.

    Los maestros son las figuras centrales de la educación. Además de como facilitadores han de verse como autoridad en el aula y como ejemplo decisivo para la formación intelectual y moral de los estudiantes. Deben tomar en serio la libertad y la curiosidad intelectual de sus alumnos. Deben multiplicar la información, contrastar ideas e interpretaciones; en suma, formar personas responsables.

    Cristo es el maestro por excelencia, el Rabí que asombra a la gente por su enseñanza, porque lo hacía con autoridad y convicción. Sólo la verdad nos hará auténticamente libres. Es el maestro congruente que enseña lo que vive y se hace el servidor de todos. Guía con sus ideales y virtudes, exigencia de la verdad y la dureza y sacrificio que supone la perfección. Presenta esa “puerta estrecha” que lleva a la vida y que son pocos los que la encuentran. El primer paso es el cumplimiento de los mandamientos. Y muestra el camino de la perfección por la caridad.

    La pedagogía de Jesús nos lleva a la verdad y por la verdad al amor. Nos hace reconocernos como creaturas predilectas de Dios, pero también como necesitados de reencontrarnos con ÉL. Jesús lleva al hombre y a la mujer a recuperar y reconocer su dignidad como persona experimentando el amor de Dios desde el perdón que renueva el corazón y la conciencia y desde la curación por la que cada uno reencuentra su lugar en medio de los demás. Toda realidad puede ser transformada hacia el bien. Jesús pone al servicio del hombre toda la nobleza de los buenos métodos. Hace de cada discípulo un apóstol, un enviado a comunicar lo que ha aprendido. Es el modelo de hombre plenamente desarrollado hasta la madurez y realización plena de sus ideales por los que entrega la vida y le da sentido a su existencia.

    Seamos día con día cada vez más como ese Buen Maestro que es Jesús, buen maestro para con sus discípulos, a quienes enseño con la verdad y con el ejemplo, buen maestro para con su pueblo, de quién se preocupo y ocupo de alimentarles, tanto de comida como de espíritu, buen maestro para todos nosotros, por quienes se sacrificó para que podamos tener una mejor vida, una vida eterna.

    Que Jesucristo el gran Maestro de la Verdad bendiga su profesión y su esfuerzo y les conceda guiar a otros hacia El único camino, verdad y vida.

Dimensión de la Pastoral Educativa
Arquidiócesis de Yucatán