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#MeTooMerida: En la búsqueda de la verdad

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Jessica Saiden quiróz

Muy controversial resultó en la semana, primero, la cuenta de Twitter @MetooMerida y después, @MeTooMerida2, cuentas locales de aquella red social que pone (supuestamente) al descubierto, a aquellos hombres que alguna vez han abusado de alguna mujer.

Las plataformas digitales son aquellos puentes para la denuncia de posibles actos delictivos, y evidenciado un problema social muy antiguo.

Es necesario tener precaución con dichos contenidos, porque ni Twitter ni Facebook son agencias especializadas para investigar algún acto criminal. Desconozco el criterio de los o las adminstradores de esta cuenta para postear la fotografía del presunto atacante.

En una sociedad machista, las mujeres siempre estamos a la desventaja en estos temas; es muy complejo denunciar ante un Ministerio Público donde se pueden dar malas prácticas y en donde, la acusación puede menoscabar la integridad de la denunciante.

Ésta es una tarea pendiente de los órganos de procuración de justicia: proteger a la víctima, promover la cultura de la denuncia inmediata y perseguir aquellas acciones lascivas, respetando los derechos de ambas partes con objetividad.

Surgen versiones de que uno de los implicados ofreció una recompensa para averiguar el origen de dichas cuentas, alegando su presunta inocencia, pero la pregunta sigue al aire, ¿existe alguna manifestación ante la autoridad competente?

Éstas jóvenes necesitan justicia, pero también que aquellos que fuesen falsamente acusados necesitan esclarecer los hechos; la verdad no tiene cortapisas, se necesita brindar luz a ambas partes.

Recordemos aquel suceso en donde un músico, de nombre Armando Vega Gil se suicidó tras la publicación de una acusación en su contra. En su carta de despedida, mantuvo su inocencia y nunca se supo realmente que sucedió.

Es el momento idóneo para disminuir paulatinamente la violencia género en todos sus aspectos, siendo un primer paso que existen muchas deficiencias al respecto. Aquí es precisamente donde el Estado debe hacerse presente, actuando con firmeza pero justamente.

Me impacta la enorme cantidad de muchachos jóvenes en estas acusaciones, cuyas edades oscilan, según veo por las fotos, entre los 16 y 25 años de edad, situación sintomática de que el abuso no es precisamente generacional.

Me solidarizo con todas las mujeres, y las invito a que quienes estén sufriendo alguno acto de abuso a que acudan al órgano correspondiente, o comuníquense conmigo para que juntas podamos actuar.

Yo también te creo, pero hay que hacer las cosas bien, donde exista una sanción severa para los abusadores, no estás sola, cuentas conmigo.

Muy controversial resultó en la semana, primero, la cuenta de Twitter @MetooMerida y después, @MeTooMerida2, cuentas locales de aquella red social que pone (supuestamente) al descubierto, a aquellos hombres que alguna vez han abusado de alguna mujer.

Las plataformas digitales son aquellos puentes para la denuncia de posibles actos delictivos, y evidenciado un problema social muy antiguo.

Es necesario tener precaución con dichos contenidos, porque ni Twitter ni Facebook son agencias especializadas para investigar algún acto criminal. Desconozco el criterio de los o las adminstradores de esta cuenta para postear la fotografía del presunto atacante.

En una sociedad machista, las mujeres siempre estamos a la desventaja en estos temas; es muy complejo denunciar ante un Ministerio Público donde se pueden dar malas prácticas y en donde, la acusación puede menoscabar la integridad de la denunciante.

Ésta es una tarea pendiente de los órganos de procuración de justicia: proteger a la víctima, promover la cultura de la denuncia inmediata y perseguir aquellas acciones lascivas, respetando los derechos de ambas partes con objetividad.

Surgen versiones de que uno de los implicados ofreció una recompensa para averiguar el origen de dichas cuentas, alegando su presunta inocencia, pero la pregunta sigue al aire, ¿existe alguna manifestación ante la autoridad competente?

Éstas jóvenes necesitan justicia, pero también que aquellos que fuesen falsamente acusados necesitan esclarecer los hechos; la verdad no tiene cortapisas, se necesita brindar luz a ambas partes.

Recordemos aquel suceso en donde un músico, de nombre Armando Vega Gil se suicidó tras la publicación de una acusación en su contra. En su carta de despedida, mantuvo su inocencia y nunca se supo realmente que sucedió.

Es el momento idóneo para disminuir paulatinamente la violencia género en todos sus aspectos, siendo un primer paso que existen muchas deficiencias al respecto. Aquí es precisamente donde el Estado debe hacerse presente, actuando con firmeza pero justamente.

Me impacta la enorme cantidad de muchachos jóvenes en estas acusaciones, cuyas edades oscilan, según veo por las fotos, entre los 16 y 25 años de edad, situación sintomática de que el abuso no es precisamente generacional.

Me solidarizo con todas las mujeres, y las invito a que quienes estén sufriendo alguno acto de abuso a que acudan al órgano correspondiente, o comuníquense conmigo para que juntas podamos actuar.

Yo también te creo, pero hay que hacer las cosas bien, donde exista una sanción severa para los abusadores, no estás sola, cuentas conmigo.