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Nos falta Norberto

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La noche del 4 de junio del 2019, Norberto Ronquillo salió de la Universidad del Pedregal, ubicada al sur de la CDMX, afuera de las instalaciones le envió un mensaje a su novia avisándole que ya se encaminaba a la casa de sus tíos donde residía mientras estudiaba la carrera de Mercadotecnia. Sin embargo, a unas cuantas cuadras, fue secuestrado. (Lo anterior corresponde a la primera llamada que reciben los tíos de Norberto por parte de los secuestradores (10 minutos después de que se le viese por última vez con vida)).
Después de varias negociaciones, finalmente familiares y delincuentes llegaron a un acuerdo, quinientos mil pesos por la liberación del joven estudiante, el lugar de pago sería en la Calzada de las bombas, sin embargo, después de hecha la transacción, Norberto no fue entregado a su familia.
El domingo 9 de junio del 2019, Norberto fue encontrado sin vida en la alcaldía de Xochimilco envuelto en cobijas, con varios golpes en el rostro, huellas de tortura, la necropsia reveló que murió de asfixia por estrangulamiento, y por el estado de descomposición que tenía el cuerpo, hace pensar que fue asesinado la misma noche del secuestro, declaró Ernestina Godoy, Procuradora de Justicia de la Ciudad de México.
Todo ese acontecimiento ha consternado a todo el país, y ha logrado que casos similares, ocurridos con anterioridad pero que no tuvieron la misma difusión, cobren más fuerza y se alejen del olvido.
El caso ha hecho que recordemos las palabras de Jesús Orta, secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, cuando dijo en mayo que la violencia y los homicidios han incrementado en la Ciudad de México debido a la presencia del crimen organizado; pero más recordamos la advertencia que le hizo Jorge Ramos a AMLO, en una de sus mañaneras cuando declaró que el 2019 podría ser el año más violento de la historia moderna de México. En pocas palabras sin el afán de dramatizar o exagerar: vivimos un infierno.
El trágico destino de Norberto no fue definido por sus captores, sino gracias a una estrategia errónea que solo ha teñido de sangre al país, un gobierno ausente que prefiere minimizar la violencia, en otras palabras: fue definido por un sistema podrido incapaz de proteger a los ciudadanos.
En nuestro país es mortal ser: mujer, periodista, activista, estudiante, joven. Tal parece como si fuese peligroso tener sueños, convicciones, ideas, o una vida que queramos vivir con plenitud. Hoy, nadie está exento de desaparecer, o ser asesinado, hoy es Norberto Ronquillo, Leonardo Avendaño, Alexis Torres, Ana Karen García, Nilda Rosario, José Ángel Arcos; ayer fueron los 43 normalistas de Ayotzinapa, Silvia Vargas, Fernando Martí; mañana podemos ser nosotros.
La seguridad es responsabilidad de todos: Estado y Sociedad. El Estado debe procurar la correcta administración de justicia, eliminar cualquier acto de corrupción, e impunidad; mientras que nosotros, la sociedad, debemos denunciar actos posiblemente criminales, dejar la indolencia e indiferencia a un lado, ser empáticos ante una situación que comprometa la vida o integridad de cualquier miembro de la sociedad, y no contribuir a la impunidad ni a la corrupción.
Sin embargo, considero que el Estado tiene un peso, un tanto mayor al tener a la policía, fuerzas armadas, y próximamente a la Guardia Nacional, por lo tanto, su labor es construir, no improvisar, las estrategias necesarias para el combate a la delincuencia, violencia, así como todas sus causantes; Alejandro Martí no podría decirlo mejor:
“Hagan sentirnos a los ciudadanos que los policías, los ministerios públicos, y los jueces son gentes honradas y de honor, y que su fuerza y su voluntad haga que el corrupto se sienta desplazado. Señores, si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, ¡renuncien!, pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que eso también es corrupción.”
Nos falta Norberto.
Nos faltan miles.