Inicio Análisis político Enrique Vidales Ripoll ¿Qué debemos entender por “revalorización del magisterio”?

¿Qué debemos entender por “revalorización del magisterio”?

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Es inminente que viene una nueva reforma educativa y se plantea en términos generales la revocación de los cambios que dieron forma en 2013 a una evaluación de carácter punitiva según afirmaban los maestros detractores a ella. Esto implicaría la desaparición del Servicio Profesional Docente que es aún una figura constitucional que establece los lineamientos para el ingreso, permanencia y promoción de los maestros en el Sistema Educativo Nacional.

Del discurso se desprende la intención ahora de REVALORIZACIÓN DEL MAGISTERIO, sin embargo, aún no queda claro qué es lo que debemos entender de eso y como cuadraría con la exigencia de contar con buenos maestros en las escuelas mexicanas.

Es muy cierto que el papel y rol trascendente del maestro se ha ido perdiendo con el tiempo. En la época de inicio de la consolidación de las instituciones democráticas, en el periodo posrevolucionario inmediato, los maestros jugaron un papel fundamental en las comunidades como los agentes generadores de conocimiento. En un país, como aquel de entonces donde la ignorancia era la norma, los maestros fueron el instrumento para la adquisición de las capacidades de lectura y escritura y promotores del conocimiento e integración social y política. Equiparados con los doctores y abogados, los docentes constituían un sector que impulsaba el rescate cultural necesario para que los individuos, como los pueblos, salgan de los retrocesos, avancen socialmente y las posibilidades de crecimiento y desarrollo sean la constante en la vida social.

Es por ello, que los maestros eran reconocidos y respetados, inclusive más allá de las propias autoridades políticas y administrativas. Eran una pieza fundamental y reconocida por su valía en la generación de conocimientos.

Pero el camino emprendido en la consolidación institucional creo una nueva problemática al configurarse un sistema administrativo burocrático que absorbió las buenas intenciones y las motivaciones nobles de maestros. Lo que conllevó a una desvalorización gradual, constante y progresiva de la imagen del maestro.

Poco a poco se fue perdiendo el valor del maestro. La necesidad de una mayor cobertura propició el ingreso de muchos individuos que eran más seducidos por la “estabilidad laboral de la plaza docente” que un sentido verdaderamente comprometido a favor de la educación y del fomento del aprendizaje en los estudiantes.

Otro de los factores que catapultó la degradación fue la arraigo y vigorización de una dinámica sindical que pervirtió su esencia para estar al servicio del control social de un sistema y régimen político que utilizó a los maestros de manera pragmática y utilitaria en favor del sistema educativo nacional.

De tal manera que el maestro comprometido, con autoridad en conocimiento, pero sobre todo moral, probo, honesto y desinteresado, ante la percepción de la comunidad se convirtió en un profesionista flojo y desidioso.

Para revertir la tendencia se implementó por varios años un programa de estímulo escalafonario que tenía como objetivo que el maestro, mientras más evidenciará preparación y capacitación, obtuviera un beneficio económico salarial. Sin embargo, algo que fue evidente fue la inconsistencia entre los resultados que se obtenían en la evaluación de los educandos en la práctica docente y los alcanzados en los instrumentos de evaluación magisterial.

Sin que nadie le quisiera poner el “cascabel al gato” se permitió por muchos años esta practica que no beneficiaba a la educación de calidad en el sistema educativo mexicano. Hasta que llegó la necesidad de reconfigurar al magisterio y así surgió una nueva reforma para da origen al Servicio Profesional Docente que obligaba a la evaluación de un desempeño docente, pero que vino acompañado de connotaciones punitivas para el ingreso, la permanencia y la promoción; que, por consecuencia, fue rechazada por un amplio sector del magisterio en la medida que iba en contra de prebendas y otros privilegios enmascarados en conquistas laborales o sindicales sin importar ser éstas obstáculos para elevar la calidad en la educación.

Hoy, esos grupos detractores sienten que el tiempo les da la razón y que ante un nuevo gobierno que parece que quiere destruir todo lo anterior, celebran la intención legal de revocación de la así considerada fallida reforma magisterial de Peña Nieto.

Ante lo que viene ¿existe debate nacional sobre el qué, cómo, el para qué y otros cuestionamientos esenciales sobre la educación y el destino del sistema educativo mexicano?

¿Qué significa, por lo menos, el hablar de “revalorización magisterial”?

Lamentablemente la disidencia magisterial se está enfocando en el tema de la nueva reforma en la cuestión de la evaluación, oponiéndose a esta de forma contundente sin importar proyectar una mejor manera de que los maestros logren una mejor formación y capacitación que garanticen una educación de calidad.

La calidad en la educación no debe ser solo una palabra que llene discursos políticos. Construir la calidad en la educación requiere no solo de dotar de mayor infraestructura o mejorar los procesos educativos y formativos, sino que implica integrar un mejor capital humano, tanto en los maestros y alumnos, como en los demás actores que se involucran en la acción educativa

Por lo tanto, la evaluación, entendida como el proceso que nos facilita la toma de decisiones para disminuir la brecha entre lo que desea alcanzar con lo que realmente se ha hecho para ello, es un elemento fundamental que debe ser reconocida y valorada. No es posible desecharla por completo.

Para el ingreso se requiere de los mejores maestros, así como también de los que ejercen deben contar con los conocimientos, habilidades y actitudes y valores necesarios para propiciar los mejores aprendizajes, tanto académicos como conductuales y experienciales.

Es cierto que se debe cambiar la evaluación punitiva de la permanencia que tenga como objetivo castigar al docente. Lo importante, en ese proceso de valorización es convertir la evaluación del desempeño docente como oportunidad de crecimiento y mejora didáctica, manteniéndose para el ingreso y la promoción con estándares claros y transparentes que den la misma oportunidad a todos los interesados. No se puede regresar al pasado donde los privilegios de unos pocos se priorizaban en detrimento de la calidad educativa.

¿Cómo poder revalorar al maestro sin tener mecanismos de control que permitan determinar el nivel de calidad de la práctica docente?

El control de la calidad tiene que partir de la evaluación, no vista para sancionar o despedir, sino la oportunidad de mejora continua.