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Querido hermano… a la memoria de mi amigo Manolo Meléndez: Alejandro López Munguía.

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Querido Manolo… a la memoria de mi gran amigo: Alejandro López Munguía.

Hoy se cumplen dos años de tu partida, querido amigo; dos años de extrañar tu sonrisa, tus saludos, tus ideas, tus afectos. Pero ninguno de tus entrañables amigos te hemos olvidado. Al contrario, te recordamos y hacemos referencia con frecuencia de tus dichos.

Cómo olvidar tus ideas atrevidas, cómo olvidar tus ocurrencias, tus juegos y bromas. Eres inolvidable querido amigo.

Siempre te lo dije, incluso en público, fuiste el hermano mayor que nunca tuve y siempre quise tener.

Allí quedan las anécdotas de nuestras vivencias. En ellas va un pedazo de nuestra historia, y de la propia historia de Yucatán. Porque hicimos cosas valiosas para el Estado.

Jamás dudé de tu lealtad, jamás dudé de tus principios, jamás dudé de tu integridad. Jamás me propusiste algo indebido, jamás me incitaste a lo ilícito. Fuimos soñadores, fuimos exploradores, fuimos conquistadores de nuestro propio destino.

Cuando nadie nos daba una luz, nosotros la descubrimos. Sentados tu y yo en torno a una mesa de café (barato), dibujamos en la servilleta una idea, así de burda y de ello siempre surgieron proyectos, algunos sacudieron las entrañas de la política yucateca.

La gente pensaba que detrás de nosotros habían muchas personas, cuando en realidad solo éramos tu y yo. Así de simple.

¡Cuántas veces nos reímos de lo que logramos generar!. Esos días no se han ido hermano. No te has ido, sigues acá, a mi lado.

Oro mucho por ti. El otro día soñé contigo, que veníamos de regreso de no sé dónde, pero nos dio hambre y nos detuvimos a comer, como solíamos hacerlo, en una fonda. Que te quitaste las botas y después de comer te dije que debíamos irnos, pero me dijiste que te dejara dormir un rato. Entonces tomé las llaves de la camioneta y te dije que vendría por ti, al salir no encontré el vehículo, caminé y caminé y llegué como a una Iglesia y a lado de ella la vi estacionada. Regresé a verte y te desperté, te pusiste las botas, pero yo me adelanté y empecé a correr, venías detrás de mi, pero al llegar, te caíste de unas escaleras y al querer regresar quedé atrapado por una reja, muy alta, desde allí te gritaba que vinieras y tú me decías vete, yo te alcanzo después. Entonces apareció mi hijo, y me dijo “vamos papá, ven conmigo”, yo le respondí “no puedo dejar a Manolo, hay que esperarlo”, entonces me dijo “ya te dijo que luego te alcanza, vamos a casa”.

No sé qué signifique ese sueño, pero me queda claro que seguimos juntos y Dios lo sabe. Por eso no te preocupes, mis oraciones son para ti, porque siempre fuiste un hombre bueno, buen padre, buen hijo, buen esposo, buen amigo, buen hermano, buen compadre.

Hoy te recuerdo con mucho amor. Mira que a nadie le escribo una carta desde hace mucho, pero mucho tiempo. De hecho, solo he escrito 4 cartas en mi vida, la última fue a Dios para un alma buena, y se la entregué en sus manos. Ahora escribo esta para ti, pidiendo a Dios su piedad y su misericordia.

Dios te guarde querido Manolo, acá te llevó hermano mío.