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Sergio Ramírez a Daniel Ortega El amanecer ya nadie lo detiene

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Erick Muñiz /
Managua, Nicaragua.- Daniel Ortega tendrá que dejar el poder en Nicaragua “porque la noche no se puede prolongar por mucho que uno le haga la fuerza, al amanecer nadie lo puede detener”, aseguró Sergio Ramírez Mercado.

El escritor, abogado y hoy una de las más destacadas voces opositoras al régimen del país centroamericano, recibió a Notimex en su casa de Bosques de San Isidro, un oasis de calma alejado del usual bullicio del centro de Managua.

Ramírez Mercado, nacido en agosto de 1942, reconoce que al presidente le obsesiona el poder y dice que si lo tuviera enfrente le recomendaría organizar unas elecciones limpias, aunque las pierda, pues ello le permitiría una salida digna al Sandinismo.

Ha pasado más de un año desde que en abril de 2018 estalló la violencia en Nicaragua, luego de que trabajadores jubilados y estudiantes protestaron por recortes económicos anunciados por el gobierno que encabezan Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

El ambiente en Managua es de tensa calma, en buena medida porque ahora la policía prohíbe las manifestaciones y vigila todas las actividades relacionadas con la oposición, en un intento de vender la idea de una nación en paz, a pesar de los más de 500 muertos, 400 presos políticos y al menos 102 desaparecidos denunciados por la oposición.

Para el multipremiado autor de “Margarita, está linda la mar” la situación es insostenible porque el gobierno no ha cumplido con los acuerdos ofrecidos a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, entre ellos liberar a todos los presos y permitir las manifestaciones pacíficas.

“Se está dando una negociación entre el gobierno y la Alianza que no es simétrica. Hay unanimidad en el país de rechazar una vía violenta y me parece que eso es un gran paso, pero el régimen no quiere hacer más concesiones que aquellas que son cosméticas.

“La Alianza tiene una agenda de fondo que pretende despejar el camino empezando por liberación de presos, regreso de exiliados, restablecimiento de las libertades públicas, el derecho a manifestarse, la libertad de expresión y la reapertura de los medios de comunicación clausurados como un paso previo a fijar las reglas de unas nuevas elecciones que se demanda sean adelantadas a 2021.

“El gobierno firmó un acuerdo, pero ha sido cumplido menos que parcialmente”, denuncia el escritor desde su biblioteca conformada por miles de volúmenes, la mayoría marcada en el lomo con un círculo verde para recordarle que es un libro ya consultado “porque ahora me pasa que voy a la mitad de uno y me acuerdo que ya lo leí”.

POCOS AVANCES

Sergio Ramírez Mercado aprovecha una breve interrupción de “Carbón”, el perro schnauzer de su nieta, para acomodarse en el mullido sofá y pedir un vaso con agua que mitigue un poco la humedad del ambiente, pues la lluvia que al principio se asomaba tímida ahora tamborilea incesante sobre las ventanas.

El doctor –como lo llaman en su país- se acomoda los lentes y retoma el tema como un maestro en el salón de clases.

“Mi evaluación sería que no hay muchos avances, pero la presión de la comunidad internacional es un factor muy grande frente a la indefensión en que se encuentra las fuerzas locales, que no tienen más que la voz frente a la imposibilidad de movilizarse”, lamenta Ramírez Mercado, quien ante la pregunta “¿qué quiere Daniel Ortega?” responde de inmediato:

“Él quiere quedarse (en el poder), en el fondo él y su esposa quieren que esta negociación se prolongue de manera indefinida, con plazos que se van alargando para llegar al 2021 e ir a las elecciones con las mismas reglas electorales.

“Si aquí hay elecciones en dos años con las mismas reglas sólo van a empeorar aún más la situación porque hay una falta de credibilidad absoluta de la población respecto al régimen. Todo mundo busca una salida democrática, pero si no se da entonces empezamos a correr riesgos de inestabilidad, de violencia”, expresa.

UN CONSEJO PARA ORTEGA

Sergio hace una pausa, se ensimisma antes de responder a la siguiente duda. Mientras evalúa sus palabras se escuchan a lo lejos los ladridos de “Carbón”, los graznidos de un cuervo y el rumor de la lluvia que sin pausa sigue dibujando círculos en la alberca ubicada al lado de la biblioteca y en las baldosas del patio rodeado por un amplio prado.

“¿Qué consejo le daría yo a Ortega? Pues que debería estar pensando en una operación de salvamento, es decir ¿qué va a pasar con el sandinismo del futuro como fuerza política? porque estas decisiones están arrastrando al sandinismo hacia el abismo, hasta un punto del cual quizá no se puedan recuperar”, explica con la autoridad de quien fue parte fundamental de ese movimiento que hoy combate.

“Esta es la situación de alguien que ve cómo se acerca el amanecer y está deseando que la noche se prolongue, pero el amanecer nadie lo puede detener. La luz del día llegará y la noche no se puede prolongar por mucho que uno le haga la fuerza”, señala el vicepresidente del país de 1985 a 1990.

Para Ramírez Mercado, ganador en 1990 de la “Orden Carlos Fonseca”, el máximo galardón que otorga el Frente Sandinista de Liberación Nacional, la salida decorosa son unas elecciones limpias.

 “A Ortega le conviene ir a unas elecciones limpias y perderlas y buscar cómo retener su cuota de poder. Es decir, un partido que quede en minoría pero que tenga asientos en el parlamento y tenga influencia política en el país. Conservar algún grado de influencia política, si no lo va a perder todo.

“Las encuestas calculan un 20 por ciento (de seguidores) que no deja de ser una cantidad apreciable y él tiene que consolidar ese 20 por ciento y ver cómo dar una batalla política hacia el futuro”, señala ahora con vehemencia el candidato a la presidencia en 1996 por el Movimiento Renovador Sandinista (ya separado de Ortega).

EL PODER

Para Sergio Ramírez, el problema de fondo es que Nicaragua puede seguir adelante sin Daniel Ortega en el poder, pero duda que Daniel Ortega pueda salir avante sin ostentar el poder en Nicaragua.

“Eso no es muy fácil de admitir, ¿sabes por qué? Porque él (Ortega) no tiene una vida alternativa, no es alguien que se puede retirar del poder, hacer cosas diferentes, escribir un libro de memorias, cultivar café o bonsái o pasarse unas lejanas vacaciones. Eso no está en su mente, en su mente sólo está laborar alrededor del poder y eso hace más difícil la situación. Es una afición al poder y puede ser morbosa”, asevera el doctor.

– ¿Usted sintió lo mismo? Porque también estuvo muy cerca del poder como vicepresidente

– Sí, pero estamos hablando de otra persona distinta, diferente. Los esquemas de poder de los años 80 eran muy distintos. No era posible concebir un caudillo vivo absoluto, con todos los poderes en la mano, eso no era posible. El poder estaba equilibrado de otra manera.

“Hoy no. Hoy no hay partido, no hay una dirección colectiva, no hay asamblea del partido, son dos personas, Ortega y Murillo, rodeadas de operadores políticos, nada más”, expresa.

Sostiene que quien llega al poder por la vía armada siempre se quiere quedar “ésa es la tradición de Nicaragua y estamos apostando por primera vez a un cambio institucional, un cambio democrático que permita la construcción de un liderazgo civil, no uno militar”.

-A diferencia del régimen en el poder, en el movimiento opositor que encabeza la Alianza Cívica no se ve un líder destacado ¿eso puede ser un problema?

-Eso no me preocupa tanto porque aquí el reclamo de la gente es libertad, democracia y justicia. Nadie levanta una bandera política con un programa de reformas.

“Mucha gente dice ¿dónde está el líder? ¿Dónde está el santo? Sin santo no hay procesión, pero esa es la vieja mentalidad, de que sin un caudillo las fuerzas políticas no se mueven.

El entrevistado tiene fe en la solución pacífica, considera que la sociedad civil ya no quiere soluciones que repitan el drama vivido el año pasado.

“Creo que después de más de 500 muertos, tantos heridos, prisioneros y exiliados ya no hay voluntad de violencia. Me ha tocado hablar con los jóvenes y todos tienen un discurso muy maduro y rechazan la violencia.

-¿Y después de este proceso cómo visualiza el de reconciliación entre la sociedad civil? Porque hay un sector que apoya a Ortega.

-Aquí hay algo muy importante antes de pensar en una reconciliación, y este país tiene una gran capacidad para reconciliarse. Lo demostró al final de la guerra de la década de los ochenta.

“Antes está de por medio el sentimiento de justicia de la gente; es decir, no podemos aceptar la impunidad. Aquí se han cometido crímenes muy grandes y los responsables de ellos deben responder ante una nueva justicia por esos delitos.

“No se trata de venganza, de arbitrariedad, de ir por la cabeza de cualquiera… pero los informes de la Comisión de Derechos Humanos establecen que se han cometido aquí delitos de lesa humanidad y esos no pueden quedar impunes”, señala el autor mientras el cielo finalmente arremete con una lluvia intensa.

-¿Esto es como un parto? ¿Cómo el nacimiento de Nicaragua a una etapa institucional y no una de caudillos?

-Así es. Es como un parto, uno muy difícil, pero si no aspiramos a ese parto vamos a quedar en la oscuridad del vientre materno- concluyó Ramírez Mercado.