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Un estado de excepción; La seguridad pública en Yucatán

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Ante los recientes sucesos en Culiacán, Sinaloa, no cabe duda del enorme poder con el que se han hecho los cárteles de la droga en el país. Han tenido tiempo de sobra para hacerlo, además de amplio margen para operar desde hace más de tres décadas. Los gobiernos del PRI y del PAN, no sólo no los combatieron, sino que los cobijaron, aceptaron sus cuotas políticas en las Cámaras, en la administración pública y hasta en el Poder Judicial de la Federación, como resultado de múltiples acuerdos. Llegaron al grado de posicionar a líderes que ocupaban cargos dentro de la jerarquía de los cárteles, tal es el caso del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte. Hace unos años, en la Cámara de Diputados, a hospitalidad de algunos legisladores, recorrí los pasillos de San Lázaro, donde se confirma lo que todos sabemos: “esos de ahí son los diputados de Televisa”, “y esos de allá, son del Cártel X” “ese otro es representante de tal grupo que tiene mucho billete”, comentaban mis anfitriones. El Estado narcotizado es una realidad innegable y, parece ser, ineludible. Sinaloa, Michoacán, Tamaulipas, Puebla, Jalisco, Nayarit, Quintana Roo… el país en manos del crimen organizado. Más de un magistrado local o federal, me ha señalado a otro como un “operador” de grupos criminales, desde los lavadores profesionales (factureros) hasta los “de grandes ligas”, los vinculados al narcotráfico y la prostitución. El sistema político es una manzana podrida. ¿Novedad? Ninguna. Si esto es así, luego entonces, ¿qué sucede en Yucatán?

Hablaré desde la experiencia personal. Durante el sexenio pasado participé, junto a muchos otros servidores públicos, en la estrategia de prevención social del delito denominada Escudo Yucatán. En un inicio, como coordinador responsable de 7 zonas, al sur-poniente de la ciudad. La misión: crear comités de policía vecinal y activar la participación ciudadana mediante acciones enfocadas al fortalecimiento de una cultura de la prevención.

Cerca de un año de trabajo me permitió conocer de cerca la vida y la dinámica diaria de muchas colonias de la ciudad, incluyendo zonas conflictivas donde el robo a casa habitación, los asaltos y la venta del narcomenudeo era – o es- cosa de todos los días. Más de una ocasión entablé pláticas con personas dedicadas a actividades ilícitas, en ciertos casos, debo admitir, hasta me habitué a sus charlas y comentarios sobre nuestra labor. Escuché muchas cosas que me permitieron dimensionar y conocer mejor lo complejo que es mantener la seguridad de un estado en un país como el nuestro; es una labor TITÁNICA.

En Yucatán hay 1 policía estatal por cada mil ciudadanos, aproximadamente. Es prácticamente imposible abarcar todo el territorio, como lo es también, sostener un control absoluto de todas las corporaciones policiacas, al igual que sucede con el ejército y la marina.

Al interior existen intereses de lo más diversos. La política es sólo un juego cuando de seguridad pública se trata y, esto es algo que, muy pocos políticos entienden. El político tradicional, la mayoría de las veces, transcurre su carrera política, ajeno a los temas de seguridad pública. No es, sino hasta que se sienta en la silla, cuando le llega la información parcialmente real de muchos de los hechos cotidianos en esta materia. Mientras los políticos juegan a la “grilla”, los hombres y mujeres inmersos en las tareas de seguridad pública, trabajan sin descanso. Desde el policía tercero hasta el propio titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Yucatán.

Durante los últimos años, he contado con la amistad de uno de los colaboradores más cercanos al Secretario Luis Felipe Saidén Ojeda. No fue, sino después de estar cerca de los conflictos en las colonias, que me di cuenta de las presiones que, hasta el día de hoy, el comandante y su equipo resisten para mantener la paz y la tranquilidad que nos permiten gozar de una calidad de vida inigualable, en todo México.

Los asuntos son muy serios. Las amenazas de muerte están a la orden del día, son parte de la rutina. Por supuesto, muchos dirán que es consecuencia de la responsabilidad que conlleva el cargo que ocupan, sin embargo, yo me pregunto siempre si estaría dispuesto a vivir con esa presión constante y el alto riesgo que eso implica. Pude ver de cerca que, el estilo de vida de quienes dedican su vida entera a las tareas de seguridad y dista mucho de la de un ciudadano común o, incluso, de un político de paso.

Yucatán es un caso de excepción en materia de seguridad. Y más allá de algunos factores como el geográfico y el económico, me quedó claro que se debe, por mucho, a la responsabilidad con que se ha abordado el problema por los gobiernos.

Es imposible negar la existencia de células mafiosas en la entidad, sin embargo, de cambiar la línea de trabajo seguida hasta el momento, el riesgo de caer en una situación similar a la del resto de la república, es mucho más elevado de lo que podemos percibir. Los grupos criminales están buscando ingresar a Yucatán por todos los medios posibles. La corporación estatal lo sabe y actúa en consecuencia.

A la par del formidable desempeño de la Secretaría de Seguridad Pública, es necesario continuar fortaleciendo la cultura de la prevención. La promoción del arte, la cultura y el rescate de espacios públicos en las colonias y lugares susceptibles de ser intervenidos, son algunas de las líneas de acción más importantes al momento de establecer un plan de prevención, incluyendo, por supuesto, campañas de sensibilización en cuanto al consumo de drogas, alcohol y tabaco, que vayan acompañadas de actividades deportivas, sobre todo aquella enfocadas en los sectores más vulnerables como lo son los jóvenes de nivel secundaria y preparatoria, lo cual da muy buenos resultados pues- desde la experiencia propia de nuevo-puedo decir que, al participar en el programa ¡Qué Onda con tu Vida! en el 2007, miles de jóvenes fuimos capacitados en adicciones, participación ciudadana, ecología, cuidado del medio ambiente y deporte. Toda estrategia de seguridad pública debe ir acompañada de acciones, proyectos y programas de prevención y eso incluye a otros sectores de la administración pública como salud, educación, cultura y deporte; es decir, mantener condiciones de paz como las de Yucatán implica acciones de gobierno diseñadas de manera integral. Si en algo no puede improvisarse, es en materia de seguridad pública.

Yo sólo tengo una preocupación: no veo quien pueda continuar lo que el actual titular de seguridad pública y su equipo han logrado. Es necesaria la formación de nuevos cuadros desde dentro de la propia corporación, no sólo en preparación y entrenamiento, sino en la mística de trabajo y los principios que han mantenido a nuestras policías al margen de servir otros intereses que no sea la paz y el orden en Yucatán. Mantenernos como un estado de excepción es crucial para la política nacional. Somos lo último que queda, una torre de marfil en medio del caos. ¿Qué pasará en materia de seguridad pública en los próximos años en Yucatán? Estamos muy confiados y, el crimen, no descansa. Los “chicos malos” tocan nuestra puerta, ojalá no nos agarren dormidos.

 

José Miguel Rosado Pat