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Velen y estén preparados

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HOMILÍA

I DOMINGO DE ADVIENTO

Ciclo B  

Is 63, 16-17. 19; 64, 2-7; 1 Cor 1, 3-9; Mc 13, 33-37.

“Velen y estén preparados” (Mc 13, 33).

Ki’ olal lake’ex ka t’ane’ex ich maya kin tsik te’ex ki’imak óolal yéetel in puksi’ikal. Bejla’e’ taan ka’asil u ki’inilo’ob Adviento. Ko’onex páajtik yéetel mantads liisabae’ex uti’al k’amik.

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo afectuosamente y les deseo todo bien en el Señor.

Hoy comenzamos el santo tiempo del Adviento, que abarca los días durante los cuales nos preparamos para celebrar dignamente la Navidad. No se olviden de encender hoy la primera vela de su corona de Adviento. En las Eucaristías se suspende el canto del gloria para reservarlo a la Noche Santa. El color de la liturgia es el morado, aunque el tercer domingo podrá ser rosa, recordando que la nuestra es una espera gozosa, porque anhelamos una celebración maravillosa. En esta ocasión el último domingo coincidirá con el 24 de diciembre.

Durante el adviento meditamos en los cientos de años que el pueblo de Israel estuvo esperando la llegada del Mesías, ayudados por las profecías que escuchamos especialmente en las primeras lecturas de este tiempo. También tendremos presente nuestra espera actual de la segunda venida de Cristo, que cobrará sentido escuchando las segundas lecturas y los santos evangelios de estos días. Y entre una y otra espera, vamos preparando la Navidad que se acerca

Las tiendas comerciales como siempre, se nos han adelantado decorando edificios con luces, con árboles navideños y otros adornos, tratando de atraer nuestra atención y especialmente la de los niños. He visto en circulación el video de un bebé que aún no sabe hablar, pero que al entrar a un centro comercial adornado para la Navidad, muestra un asombro realmente conmovedor. Sin darnos cuenta, desde muy pequeños enseñamos a los niños que Navidad significa ir a las tiendas, comprar y gastar hasta lo que no tenemos. Éste es un significado meramente consumista de la Navidad que nos mueve a dar cosas materiales a quienes queremos, aunque también muchas veces regalamos por compromiso.

También vemos arreglos en las oficinas y en las escuelas, aunque muchas veces entre los motivos de decoración hay de todo menos un nacimiento o alguna otra imagen que nos hable del Niño que ha de nacer.

 

Del mismo modo, nuestras autoridades civiles mandan adornar nuestras calles con motivos navideños y lo agradecemos, aunque cuando se da algún mensaje por estas fiestas de parte de las autoridades, se suele obedecer la ley no escrita de no mencionar al Niño que ha nacido, hablando más bien de fiestas navideñas o de invierno y nada más.

Vivimos en una sociedad plural donde no sólo hay gente de diversas iglesias y religiones, sino también personas que no quiere escuchar mensajes religiosos en espacios públicos, aunque ellos mismos sean bautizados. Gente para quien la Navidad es tan sólo un tiempo de tradiciones, de fiestas, de mucha comida y bebida, de dulces y de aguinaldo, de convivencia familiar o de amistad, porque tienen la oportunidad de vacacionar o de recibir vacacionistas. Todas esas cosas pueden ser muy buenas, pero no son necesariamente cristianas.

La palabra de Dios como siempre, nos guía y ayuda para darle sentido cristiano a todo lo que hacemos. Hoy Isaías le dice al Señor en un grito desesperado: “Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia” (Is 63, 19). Esta expresión nos hace entender como algunas situaciones que vivían nuestros hermanos en el Antiguo Testamento, les desesperaban y les hacía desear ardientemente que el Señor irrumpiera para solucionar lo que estaban viviendo.

El mes de septiembre con sus huracanes y sismos, estuvo como para lanzarle el grito desesperado al Señor. El año entero de 2017, que fue el año más alto en criminalidad en México, ha sido como para gritarle al Señor que ya venga a imponer su paz. ¡Cuántas situaciones personales o familiares parecen llevarnos a la desesperación! Sin embargo, como hombres y mujeres de fe volvemos a la paz interior y le decimos al Señor: “Nada más danos fuerza para resistir y sabiduría para actuar”.

Con el salmo 79 le respondemos: “Señor, muéstranos tu poder y sálvanos”. Y continuamos diciéndole: “Despierta tu poder y ven a salvarnos… vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala”.

En el inicio de su Primera Carta a los Corintios, san Pablo rebela el objeto de la esperanza cristiana y se refiere a los creyentes como “los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 1, 7). Nuestra espera es activa y comprometida, pero más que por nuestro esfuerzo será por la gracia de Dios que podremos perseverar, como dice san Pablo: “Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento” (1 Cor, 1-8). Esta última palabra “advenimiento”, es lo mismo que decir “adviento”.

En el santo evangelio según san Marcos, Jesús presenta a sus discípulos la parábola del hombre que se va de viaje, dejando encargado a sus criados distintas tareas que ellos han de cumplir siempre, porque no saben el día ni la hora de su regreso. Y Jesús introduce esta parábola diciendo: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento” (Mc 13, 33).

Yo creo que independientemente del instante de nuestra muerte o del momento en que Jesús vendrá, en el día a día es muy satisfactorio personalmente ir cumpliendo nuestros deberes con alegría y dedicación, pensando que el Señor siempre viene y constantemente está supervisando nuestros trabajos. Aunque nadie me vea, tú y yo estamos siempre bajo su mirada. No trabajemos ni vivamos para la apariencia, sino para la autenticidad de quien siempre está cumpliendo con lo que debe de hacer. ¡Y qué satisfacción nos da llegar cada día a la cama habiendo cumplido con lo que teníamos que hacer!

En este año de la juventud en México, sigamos pidiendo por los jóvenes de Yucatán con la oración del Papa Francisco por los jóvenes en preparación al Sínodo de los Obispos del 2018:

Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de su propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre.

Acompañados por guías sapientes y generosos, ayúdalos a responder a la llamada que Tú diriges a cada uno de ellos, para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos.

Como el discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz para acoger a tu Madre, recibiéndola de ti como un don. Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos anunciando con alegría que Tú eres el Señor. Amén.

Que tengan una feliz semana y un buen tiempo de Adviento.

¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega

Arzobispo de Yucatán