Ante el crecimiento de los bautismos de adultos en Francia, el pontífice exhortó a los obispos a fortalecer la formación de quienes se preparan para recibir el sacramento, acercándolos al testimonio de los santos como referentes de vida cristiana.

El papa León XIV dirigió un mensaje a los obispos de Francia, reunidos en Lourdes del 3 al 8 de noviembre para celebrar su Asamblea Plenaria, en el que destacó la importancia de fortalecer la formación religiosa y acercar a los nuevos integrantes de la Iglesia católica al legado espiritual de los santos.

La carta, fechada el 1 de noviembre, fue enviada poco más de un mes después de la visita apostólica del pontífice a territorio francés, realizada en septiembre. En ella, el Santo Padre agradeció la organización de aquel viaje, al que calificó como una experiencia inolvidable, y exhortó a los prelados a dar continuidad a sus frutos pastorales.

Uno de los asuntos centrales del mensaje fue la necesidad de consolidar la enseñanza católica, particularmente mediante un proyecto educativo centrado en Cristo y orientado al desarrollo integral de la persona. León XIV reconoció la importancia de respetar la libertad de conciencia, pero advirtió que la educación católica no debe renunciar a su identidad ni a su propósito formativo.

En ese sentido, sostuvo que la sociedad necesita hombres y mujeres preparados en los valores del Evangelio y comprometidos con el bien común, capaces de contribuir a enfrentar las crisis que afectan a las comunidades. Asimismo, pidió a los obispos escuchar a las nuevas generaciones, comprender sus inquietudes y promover una formación sólida que también las anime a participar responsablemente en la vida pública.

Los santos como referentes para los nuevos bautizados

El pontífice dedicó una parte especial de su mensaje al testimonio de los santos, a quienes presentó como una fuente de fortaleza para la vida espiritual. Por ello, invitó a los obispos franceses a recuperar las enseñanzas de quienes, a lo largo de la historia, han dado testimonio de su fe mediante sus acciones y su compromiso con los demás.

Esta exhortación adquiere especial relevancia ante el incremento de personas adultas que solicitan el bautismo en Francia. León XIV pidió prestar una atención particular a los catecúmenos —personas que se preparan para recibir este sacramento— y a los neófitos, es decir, quienes han sido bautizados recientemente, para que conozcan a los santos y se familiaricen con ellos, a quienes llamó «amigos del cielo».

El Papa destacó que la diversidad de sus orígenes y testimonios demuestra que la santidad no es un ideal reservado a unos cuantos, sino una posibilidad abierta a todas las personas. Conocer sus vidas, sus dificultades y la manera en que llevaron a la práctica el Evangelio puede ofrecer a los nuevos creyentes ejemplos concretos para orientar su propio camino de fe.

Las cifras de la Conferencia Episcopal Francesa permiten dimensionar la importancia de esta petición. Su encuesta sobre el catecumenado de 2026 registró 13.234 adultos que recibirían el bautismo durante la Pascua, lo que representa un incremento del 28 % respecto al año anterior. Además, el número de bautismos de adultos se ha más que triplicado en una década, al pasar de 4.124 en 2016 a más de 13.000 en 2026.

El crecimiento también alcanza a los adolescentes. La misma investigación contabilizó más de 8.100 jóvenes de entre 11 y 17 años que se preparaban para recibir el sacramento. En conjunto, estos datos reflejan un desafío pastoral para las comunidades católicas: acompañar no solo la preparación previa al bautismo, sino también la incorporación y formación de quienes comienzan su vida dentro de la Iglesia.

La Iglesia debe ser un espacio de consuelo y sanación

En la parte final de su carta, León XIV abordó otro asunto de especial sensibilidad para la Iglesia: la atención a las personas que han sufrido violencia sexual y abuso de poder. El pontífice pidió a los obispos mantener el acompañamiento a las víctimas y procurar que las comunidades religiosas sean espacios seguros, capaces de ofrecer apoyo, consuelo y sanación.

El Santo Padre vinculó esta responsabilidad con el significado mismo de la santidad cristiana, al señalar que esta implica vivir la caridad desde la verdad. Por tanto, el testimonio de los santos no debe limitarse a la admiración de sus virtudes, sino traducirse en acciones concretas de protección, justicia y solidaridad con quienes han sufrido algún tipo de violencia.

Finalmente, León XIV encomendó los trabajos de la Asamblea Plenaria a Nuestra Señora de Lourdes y pidió que acompañara la misión pastoral de los obispos en sus respectivas diócesis, para que la santidad continúe floreciendo en Francia.

El mensaje plantea así una tarea que va más allá del aumento de las cifras de bautismo: formar comunidades capaces de acompañar a los nuevos creyentes, transmitir la riqueza de la tradición cristiana y ofrecer, mediante sus acciones, un testimonio coherente con los valores del Evangelio.