El partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá decidió no recomendar a Benjamin Netanyahu para encabezar el próximo Gobierno israelí, rompiendo con una alianza política que se había mantenido durante décadas. La decisión debilita las posibilidades del primer ministro de conservar el poder y fortalece la posición de su principal adversario, Gadi Eisenkot, en las negociaciones para formar una nueva coalición.

La disputa por la formación del próximo Gobierno de Israel registró un giro importante este jueves 5 de noviembre, luego de que el partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá (JUT) decidiera no respaldar a Benjamin Netanyahu como candidato para encabezar el Ejecutivo.

La determinación representa un distanciamiento significativo respecto a una relación política que se prolongó durante aproximadamente tres décadas. La agrupación había acompañado a Netanyahu en diferentes etapas de su trayectoria gubernamental e incluso formó parte de su primer gabinete, constituido en 1996.

El presidente israelí, Isaac Herzog, recibió a una delegación del partido como parte de las consultas con las fuerzas políticas que obtuvieron representación parlamentaria en las elecciones del 27 de octubre. Al concluir el encuentro, la Presidencia informó que la formación no había recomendado a ningún diputado para recibir el encargo de formar Gobierno.

La decisión contrasta con la postura adoptada después de las elecciones de 2022, cuando Judaísmo Unido de la Torá recomendó a Netanyahu para continuar al frente del Ejecutivo. Aunque en esta ocasión no anunció su apoyo a Gadi Eisenkot, su negativa a respaldar al actual primer ministro modifica el equilibrio de las negociaciones.

El servicio militar, origen de la ruptura política

El principal desacuerdo entre Netanyahu y los partidos ultraortodoxos está relacionado con el servicio militar obligatorio. Estas agrupaciones defienden la continuidad de las exenciones para los estudiantes de instituciones religiosas dedicados al estudio de la Torá, una prerrogativa que durante décadas ha generado controversia en la sociedad israelí.

La situación adquirió mayor relevancia debido a que Israel mantiene compromisos militares en distintos frentes y enfrenta una creciente presión para distribuir de manera más equitativa las obligaciones del servicio militar entre la población.

Netanyahu respaldó durante años las demandas de los partidos ultraortodoxos, pero no consiguió aprobar una legislación que garantizara la exención de los estudiantes religiosos. Este fracaso provocó el descontento de sus aliados, que consideran indispensable resolver el asunto antes de incorporarse a una nueva coalición gubernamental.

Durante la reunión con Herzog, el diputado Isaac Pindrus, integrante de Judaísmo Unido de la Torá, insistió en que la regulación de la situación de los estudiantes de la Torá debe constituir una condición prioritaria para cualquier Gobierno que se forme.

La controversia también refleja una tensión más amplia entre las instituciones religiosas y las obligaciones del Estado. En junio de 2024, el Tribunal Supremo israelí determinó que no existía fundamento jurídico para mantener una exención general del servicio militar a los estudiantes ultraortodoxos, lo que incrementó la presión sobre el Gobierno para modificar el sistema.

Eisenkot gana terreno en las consultas presidenciales

Los resultados de las elecciones del 27 de octubre dejaron un Parlamento fragmentado, sin una mayoría suficiente para que alguno de los principales bloques pueda gobernar por sí solo. El bloque encabezado por Netanyahu obtuvo 53 escaños, mientras que las fuerzas opositoras agrupadas alrededor de Gadi Eisenkot consiguieron 48. Los partidos árabes sumaron los 19 lugares restantes de la Knéset, integrada por 120 diputados.

Para obtener la mayoría parlamentaria se necesitan al menos 61 escaños. Por ello, las recomendaciones de las agrupaciones minoritarias adquieren especial importancia en el proceso que encabeza el presidente Herzog.

Con la decisión de Judaísmo Unido de la Torá de no recomendar a ningún candidato, Netanyahu pierde una parte importante del respaldo político que esperaba reunir. De acuerdo con el balance de recomendaciones difundido durante las consultas, el primer ministro quedó con 46 apoyos previstos, mientras que Eisenkot alcanzó 56 después de recibir el respaldo de la formación árabe Ra’am.

Es importante distinguir entre los escaños obtenidos en las elecciones y las recomendaciones presentadas ante el presidente: estas últimas orientan la decisión sobre quién debe recibir el encargo de formar Gobierno, pero no garantizan una mayoría parlamentaria ni determinan por sí mismas el resultado de las negociaciones.

La Lista Unificada, principal agrupación política árabe con 11 escaños, todavía no había anunciado su posición al momento de las consultas. Su decisión podría modificar nuevamente el escenario político y las posibilidades de los aspirantes a encabezar el Ejecutivo.

Herzog deberá decidir quién recibe el mandato

El presidente Isaac Herzog tiene hasta el 11 de noviembre para decidir a qué legislador encomienda la tarea de formar el próximo Gobierno. Su responsabilidad consiste en identificar al candidato que considere con mayores posibilidades de conseguir el respaldo parlamentario necesario, no simplemente elegir al dirigente con más recomendaciones.

El procedimiento abre una etapa de negociaciones complejas, especialmente porque Eisenkot necesita construir acuerdos con partidos que mantienen diferencias ideológicas y reservas sobre la participación de las agrupaciones árabes en un eventual Gobierno.

Por su parte, Netanyahu cuestionó nuevamente el desarrollo de las elecciones y reiteró sus acusaciones sobre una presunta injerencia extranjera. Sus declaraciones se produjeron pese a los llamados de Herzog para reducir la confrontación política y preservar la confianza en las instituciones democráticas.

La decisión de Judaísmo Unido de la Torá no significa que Netanyahu haya perdido automáticamente su posibilidad de regresar al poder, pero sí evidencia el debilitamiento de una alianza que durante años fue fundamental para sostener sus gobiernos.

El desenlace dependerá de la capacidad de los principales bloques para negociar acuerdos sobre el servicio militar, la composición del gabinete y las prioridades legislativas. Israel enfrenta así una etapa de incertidumbre política en la que las diferencias religiosas, las exigencias de seguridad y la fragmentación parlamentaria serán determinantes para definir el próximo Gobierno.