Almacenar electricidad para usarla en horarios de mayor demanda permitiría a las empresas reducir su exposición a tarifas elevadas

Notipress.- Durante años, para muchas empresas la electricidad fue principalmente una factura que debía pagarse al final del mes, pero ese enfoque empieza a cambiar. La expansión de la generación solar distribuida, las baterías, la digitalización y la electrificación industrial apunta hacia un modelo en el que las compañías pueden tener mayor participación en la manera en la cual producen, almacenan y consumen energía.

Reportes recientes de la Agencia Internacional de Energía (IEA) muestran que estas transformaciones avanzan de manera simultánea. Según Renewables 2025, la capacidad renovable mundial podría aumentar alrededor de 4,600 gigavatios entre 2025 y 2030 y la energía solar fotovoltaica explicaría cerca de 80% de ese crecimiento. Dentro de la expansión fotovoltaica, las instalaciones distribuidas residenciales, comerciales, industriales y fuera de red representarían 42%.

De consumidores a productores de electricidad

La expansión de la generación distribuida modifica una relación histórica: la empresa deja de depender exclusivamente de la electricidad suministrada por la red y adquiere la posibilidad de producir una parte de lo que consume. Ese cambio está detrás del concepto de prosumidor, que combina las funciones de productor y consumidor. Para una planta, un hotel o un establecimiento comercial, la instalación de sistemas fotovoltaicos puede convertirse así en una pieza adicional de la estrategia energética.

La IEA identifica esta modalidad como uno de los componentes centrales del crecimiento solar hasta 2030. La combinación de generación distribuida y almacenamiento está aumentando en países donde existen problemas de confiabilidad de la red. No obstante, la IEA advierte que la intensidad y las razones de adopción varían entre mercados.

Consultado por NotiPress, José Saadia, gerente de Serfimex Solar, identifica el mismo cambio desde la experiencia del sector en México. El especialista planteó que las empresas comerciales, industriales y hoteleras avanzarán hacia esquemas en los que paneles solares, almacenamiento y, en determinados casos, microredes permitan asumir un papel más activo en su abastecimiento energético.

Las baterías agregan una nueva variable: el tiempo

Generar energía no resuelve por sí solo cuándo conviene utilizarla, ahí entra el almacenamiento. Los sistemas de baterías permiten conservar electricidad para emplearla posteriormente. Su importancia crece en sistemas con una mayor proporción de generación solar y eólica, cuya producción varía según las condiciones del momento. La IEA analiza esta función dentro de la necesidad creciente de flexibilidad de los sistemas eléctricos.

Para una empresa, esto introduce una dimensión distinta en la administración energética. No solo importa cuánta electricidad consume, sino también en qué momento la necesita y qué capacidad tiene para desplazar parte de esa demanda.

Saadia considera que esa combinación entre sistemas fotovoltaicos y almacenamiento BESS será una de las tendencias relevantes para empresas, industrias y hoteles. Desde su perspectiva, almacenar energía para utilizarla durante determinados periodos puede formar parte de una estrategia de mayor flexibilidad y resiliencia operativa.

Electrificar procesos que todavía dependen de combustibles

El tercer cambio ocurre dentro de las propias plantas industriales. El reporte Renewables for Industry, publicado por la IEA en diciembre de 2025, identifica un amplio conjunto de actividades industriales que utilizan principalmente calor y vapor de baja temperatura. Estas actividades representan aproximadamente 70% del consumo energético industrial mundial y abarcan sectores como alimentos y bebidas, textiles, químicos, papel y otras manufacturas.

Una parte de esos procesos puede atenderse mediante tecnologías eléctricas que ya están disponibles comercialmente, entre ellas bombas de calor, calderas eléctricas y calentadores por resistencia. Para la IEA, avanzar en esa electrificación puede disminuir el uso de combustibles fósiles y reducir la exposición a la volatilidad de los precios del petróleo y el gas.

Sin embargo, la transición no es automática. La propia agencia advierte, en su análisis sobre la electrificación competitiva del calor industrial de baja temperatura, que las condiciones económicas, la infraestructura eléctrica y los costos iniciales pueden determinar qué tecnologías resultan competitivas en cada instalación.

Gestionar la energía también significa medirla mejor

La transformación no pasa únicamente por instalar nuevos equipos, también cambia la manera en que las organizaciones observan su consumo. Energy Efficiency 2025 coloca la optimización de procesos, los sistemas de gestión energética y la electrificación del calor de baja temperatura entre las principales medidas para mejorar la eficiencia industrial. El informe también destaca que la digitalización y el análisis de datos pueden utilizarse para identificar ineficiencias durante los procesos productivos.

Otro reporte de la IEA, Energy Management for Industry, sostiene que los enfoques sistemáticos de eficiencia pueden apoyar tanto la competitividad como la seguridad energética. Mientras, nuevas herramientas digitales y de inteligencia artificial amplían las posibilidades de monitoreo y optimización.

En ese punto vuelve a aparecer la experiencia descrita por Serfimex Solar. Saadia señala que algunas empresas ya observan variables como retorno de inversión energético, huella de carbono y exposición a riesgos derivados de tarifas, horas pico e interrupciones del suministro. Más que demostrar una tendencia por sí misma, su observación ilustra cómo esas preocupaciones empiezan a traducirse en decisiones concretas dentro del mercado.

La transición empresarial también ocurre bajo presión climática

El cambio energético de las empresas sucede además dentro de metas nacionales de reducción de emisiones. La NDC 3.0 de México estableció por primera vez una meta absoluta de emisiones para 2035. El compromiso fija un rango no condicionado de entre 364 y 404 millones de toneladas de CO₂ equivalente y otro condicionado a financiamiento externo y transferencia tecnológica de entre 332 y 363 millones de toneladas. Las metas abarcan al conjunto de la economía.

La coincidencia de estas señales dibuja un cambio de mayor alcance. La generación solar distribuida permite producir energía cerca del punto de consumo; las baterías agregan capacidad para decidir cuándo utilizarla; la digitalización ofrece herramientas para conocer mejor el consumo; y la electrificación abre la posibilidad de sustituir determinados procesos alimentados por combustibles fósiles.

No todas las empresas recorrerán ese camino al mismo ritmo ni con las mismas tecnologías. Pero los reportes recientes muestran que esas piezas comienzan a integrarse en una misma discusión empresarial: la energía deja de ser únicamente un insumo el cual se compra y se convierte, cada vez más, en una variable que también puede producirse, almacenarse y gestionarse.