Jugadores de Indiana Pacers y Denver Nuggets compartieron la duela de la Arena Ciudad de México con niños mexicanos durante una actividad previa al NBA Mexico City Game 2026. Más allá del espectáculo deportivo, la convivencia permitió acercar a las nuevas generaciones a sus ídolos y transmitir un mensaje de inclusión, disciplina y perseverancia: llegar a la NBA no depende del lugar de nacimiento, sino también de la pasión y el trabajo constante.
La NBA llegó a México con algo más que un partido de temporada regular. Un día antes de enfrentarse en la Arena Ciudad de México, jugadores de los Indiana Pacers y los Denver Nuggets dejaron momentáneamente la exigencia de los entrenamientos para compartir la cancha con niños mexicanos, quienes tuvieron la oportunidad de correr, lanzar a la canasta y recibir pases de algunos de los profesionales que habitualmente observan por televisión.
Durante más de media hora, los basquetbolistas convivieron con los menores en una actividad que transformó la duela en un espacio de aprendizaje y entusiasmo. Algunos participaron activamente en los ejercicios; otros, simplemente, aprovecharon la oportunidad para observar de cerca a quienes consideran sus referentes deportivos.
La experiencia tuvo un significado especial para los jugadores de Indiana. Kelly Oubre Jr. destacó que los niños representan la siguiente generación de aficionados y deportistas, por lo que acercarlos a la NBA puede contribuir a mantener vivo el crecimiento del baloncesto.
«Mostrarles que somos personas reales y no seres míticos lo es todo», expresó el jugador. La frase resume el sentido de una convivencia que busca reducir la distancia entre las grandes figuras del deporte profesional y quienes apenas comienzan a construir sus propios sueños.
Inspirar a quienes comienzan
Oubre, quien llegó a la NBA en 2015 después de ser seleccionado en el draft por Atlanta Hawks, reconoció que este tipo de encuentros permite a los niños descubrir que detrás de los uniformes, la estatura y la espectacularidad de los partidos existen personas que también tuvieron que aprender, entrenar y superar dificultades para alcanzar el máximo nivel competitivo.
Aaron Nesmith, compañero de Oubre en los Pacers, coincidió en la importancia de acercar a los menores a los jugadores profesionales. Incluso recordó que él mismo no tuvo la oportunidad de conocer personalmente a figuras de la NBA durante su infancia en Estados Unidos.
Su reflexión aporta una dimensión interesante a estas actividades: la inspiración deportiva no depende únicamente de observar un partido o admirar las estadísticas de un jugador. Poder compartir unos minutos con un profesional, recibir una indicación técnica o intercambiar un pase puede convertirse en un recuerdo que acompañe durante años a un niño que sueña con jugar baloncesto.
La actividad también permitió mostrar el lado comunitario de la NBA, que mediante iniciativas como NBA Cares promueve la participación social, la formación y el acercamiento de sus equipos a las comunidades donde se celebran encuentros internacionales.
Pascal Siakam y un mensaje que trasciende fronteras
Uno de los mensajes más significativos llegó de Pascal Siakam, figura de Indiana y originario de Camerún. El ala-pívot habló sobre la importancia de mantener la confianza en uno mismo y trabajar con disciplina, independientemente del país o las circunstancias de origen.
«Mientras tengas pasión y amor por el juego, además de trabajo, todo puede suceder», señaló. Para Siakam, el camino hacia el baloncesto profesional exige perseverancia y compromiso, pero el lugar de nacimiento no debe convertirse en una barrera para perseguir una oportunidad.
Su propia trayectoria permite comprender el alcance de ese mensaje. El jugador africano llegó al baloncesto universitario estadounidense y posteriormente fue seleccionado en el draft de 2016 por los Toronto Raptors. Con el equipo canadiense conquistó el campeonato de la NBA en 2019, una trayectoria que lo convirtió en una referencia para jóvenes deportistas de distintos países.
La presencia de Siakam en México también contribuye a proyectar una NBA cada vez más internacional, en la que jugadores procedentes de diferentes continentes ocupan posiciones protagonistas. Para los niños que participaron en la convivencia, su historia demuestra que el talento puede desarrollarse en distintos contextos y encontrar oportunidades más allá de las fronteras nacionales.
México, una sede habitual del baloncesto internacional
La visita de los Pacers y los Nuggets forma parte de una relación que la NBA mantiene con México desde 1992, cuando se disputó el primer encuentro de la liga en territorio nacional. El partido de este 7 de noviembre será el número 35 desde aquella primera presentación y el decimosexto correspondiente a temporada regular, de acuerdo con los registros difundidos por la propia organización.
Para Indiana, el encuentro representa su primera presentación en México. Denver, en cambio, ya había jugado en el país un partido de exhibición contra los Golden State Warriors en Monterrey, en 2006.
La continuidad de estos encuentros refleja la importancia del mercado mexicano para la expansión internacional de la liga. Además de acercar a las grandes estrellas a sus aficionados, estos eventos permiten desarrollar actividades de promoción, clínicas deportivas y programas comunitarios que fortalecen la relación entre el baloncesto profesional y las nuevas generaciones.
En esta edición, la ausencia de Tyrese Haliburton por lesión representa una baja importante para Indiana. Sin embargo, el equipo cuenta con jugadores de experiencia como Siakam y el propio Oubre, quienes tendrán un papel relevante en el enfrentamiento frente a Denver.
El espectáculo también se construye fuera de la cancha
Oubre expresó su entusiasmo por regresar a Ciudad de México, donde ya había jugado en 2019 cuando formaba parte de los Phoenix Suns. El basquetbolista destacó su gusto por la cultura, la arquitectura y los colores de la capital, además de anticipar un ambiente intenso durante el encuentro.
El jugador aseguró que el equipo pretende ofrecer un espectáculo a los aficionados mexicanos, a quienes considera merecedores de una presentación a la altura de la importancia del evento.
La declaración adquiere otro sentido después de la convivencia con los niños. El espectáculo de la NBA no se limita a las jugadas espectaculares, las estadísticas o el resultado final. También se construye mediante experiencias que acercan a los jugadores a sus seguidores y permiten que el deporte funcione como un espacio de encuentro entre personas de distintas edades y procedencias.
El NBA Mexico City Game 2026 representa, por tanto, una oportunidad para fortalecer la afición al baloncesto en México. Pero quizá uno de sus resultados más valiosos no se encuentre en el marcador, sino en la memoria de los niños que compartieron la cancha con jugadores profesionales.
Para ellos, aquellos minutos pueden ser el comienzo de una aspiración deportiva. Y para los jugadores, una oportunidad de recordar que detrás de cada aficionado existe alguien que alguna vez soñó con estar en su lugar.


