El presidente estadounidense Donald Trump confirmó que el próximo 11 de septiembre conmemorará en el Pentágono el 25 aniversario de los atentados terroristas, mientras la ceremonia de Nueva York reunirá nuevamente a familiares de las víctimas, sobrevivientes y autoridades, en un aniversario marcado también por las diferencias políticas.
Veinticinco años después de los atentados que transformaron para siempre la historia de Estados Unidos, la conmemoración del 11 de septiembre volverá a colocar en el centro de la escena los lugares donde ocurrió la tragedia. Esta vez, sin embargo, Donald Trump no estará en la Zona Cero. El presidente confirmó que acudirá al Pentágono, en Virginia, donde uno de los aviones secuestrados impactó aquella mañana de 2001.
La decisión fue comunicada el viernes 28 de agosto, cuando un periodista preguntó a Trump por qué no asistiría al acto de Nueva York. Su respuesta fue breve: «porque voy al Pentágono», según informó la Agencia EFE. La Casa Blanca confirmó posteriormente que el mandatario participará en la ceremonia que tendrá lugar en el complejo militar.
El cambio de escenario tiene una carga simbólica evidente. El Pentágono fue uno de los tres objetivos alcanzados por los terroristas de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001. El ataque provocó la muerte de 184 personas. En Nueva York, dos aviones fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, mientras un cuarto aparato cayó en Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control.
En total, casi 3.000 personas murieron aquel día. La dimensión de la tragedia explica por qué el aniversario continúa ocupando un lugar excepcional en la memoria estadounidense y por qué las ceremonias suelen mantener un carácter solemne, alejado de los discursos partidistas.
La ceremonia de Nueva York conservará precisamente esa tradición. En la Zona Cero se realizará la lectura de los nombres de las víctimas, una práctica que se ha convertido en uno de los momentos centrales de la conmemoración. El Memorial y Museo del 11-S ha señalado que funcionarios de diferentes corrientes políticas han participado en este acto, en el que los nombres ocupan el lugar principal y no los discursos.
Entre quienes tienen previsto acudir está el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, una figura política situada en las antípodas de Trump y uno de sus críticos más visibles. Su asistencia ya había generado controversia antes de que se conociera la decisión presidencial.
En julio, familiares de víctimas impulsaron una petición para solicitar que Mamdani no participara en la ceremonia. Según informó EFE, la iniciativa reunió unas 35.000 firmas y cuestionó algunas de las posiciones políticas del alcalde. Mamdani, sin embargo, confirmó que asistiría para rendir homenaje a las familias, sobrevivientes y socorristas afectados por los atentados.
El contraste político resulta llamativo, pero la ceremonia de Nueva York tiene una particularidad que puede contribuir a contenerlo. La lectura de los nombres no está concebida como un mitin político. Durante unos minutos, el espacio público queda dominado por las historias personales de quienes murieron. Padres, madres, hijos, hermanos, compañeros de trabajo y amigos vuelven a escuchar nombres que para el resto del país pertenecen a la historia, pero que para sus familias continúan teniendo un significado íntimo.
La presencia de Trump en el Pentágono tampoco es nueva. La agencia Associated Press confirmó que el presidente ya había conmemorado allí el aniversario anterior. En una declaración difundida por la Casa Blanca, Trump describió el 11 de septiembre como una fecha para recordar a las víctimas y a sus familias.
El aniversario llega, además, en un momento en que la memoria de los atentados convive con debates contemporáneos sobre seguridad nacional, terrorismo y política exterior. Los ataques de 2001 desencadenaron una profunda transformación de la política estadounidense, desde las operaciones militares en Afganistán hasta la creación de nuevas estructuras de seguridad y vigilancia.
Con el paso de los años, también ha cambiado la relación generacional con el 11S. Millones de estadounidenses nacieron después de los atentados o eran demasiado pequeños para recordarlos. Para ellos, las imágenes de las Torres Gemelas, los aviones y el humo pertenecen a un pasado transmitido por sus padres, maestros, documentales y archivos. El 25 aniversario adquiere así una importancia adicional: conservar una memoria que inevitablemente comienza a alejarse de la experiencia directa.
La conmemoración de 2026 tendrá, por tanto, dos escenarios y una misma herida histórica. En Nueva York, los nombres de casi 3.000 víctimas volverán a ocupar el centro del recuerdo. En el Pentágono, Trump rendirá homenaje a quienes murieron en uno de los objetivos atacados. En Pensilvania, también se recordará a los pasajeros y tripulantes del vuelo 93, cuyo intento de recuperar el control evitó que el avión alcanzara su objetivo previsto.
La verdad es que ningún escenario puede contener por sí solo la dimensión de aquel día. Nueva York representa el impacto sobre la población civil; el Pentágono, el golpe contra el poder militar estadounidense; y Pensilvania, la resistencia de quienes comprendieron que el avión en el que viajaban se había convertido en un arma.
Veinticinco años después, las ceremonias seguirán siendo distintas, pero el propósito fundamental permanece: recordar a las víctimas sin permitir que la distancia del tiempo convierta aquella tragedia en una simple fecha del calendario. En Estados Unidos, el 11 de septiembre continúa siendo una herida abierta en la memoria nacional y, para miles de familias, una pérdida que no admite pasado.


