El presidente del Gobierno español sostiene que los servicios de inteligencia sí compartieron información antes de la llegada masiva de migrantes, aunque asegura que nadie anticipó la dimensión de la crisis y apunta a campañas de desinformación vinculadas, según su versión, con Rusia, Israel y la ultraderecha internacional.
La crisis migratoria que sacudió a Ceuta a finales de julio continúa dejando preguntas abiertas en España. Un mes después de la llegada masiva de personas a la ciudad autónoma, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ofreció nuevas explicaciones sobre lo ocurrido y puso el foco en un elemento que, hasta ahora, había ocupado un lugar secundario en el debate: la circulación de bulos en redes sociales.
En una entrevista concedida a la Cadena SER, Sánchez reconoció que el Gobierno todavía investiga las causas que llevaron a decenas de miles de personas a intentar entrar en Ceuta durante los días 30 y 31 de julio. El presidente sostuvo que entre los factores que pudieron alimentar la crisis estuvo la difusión de información falsa relacionada con una resolución del Tribunal Supremo sobre las devoluciones de personas que llegan a territorio español a nado.
Según Sánchez, esa sentencia fue tergiversada en redes sociales y posteriormente aprovechada por organizaciones criminales. La cuestión resulta especialmente delicada porque una información falsa, difundida miles de veces en cuestión de horas, puede generar expectativas y decisiones colectivas con una velocidad difícil de contener.
El presidente fue más lejos al señalar que parte de esa desinformación circuló en redes asociadas, según afirmó, con Rusia, Israel y lo que denominó la “internacional ultraderechista”. A su juicio, estos actores utilizan la migración como una herramienta política para generar divisiones y atacar a España y a otros países europeos.
La acusación, sin embargo, debe situarse en sus justos términos. Sánchez no presentó públicamente en la entrevista pruebas que permitan atribuir directamente la organización de la entrada masiva a esos Estados. De hecho, matizó que la existencia de redes o cuentas vinculadas con determinados países no significa necesariamente que sus respectivos Gobiernos hayan ordenado o ejecutado una operación de este tipo.
La diferencia es importante. Una cosa es demostrar que determinadas campañas de desinformación circularon desde determinados espacios digitales y otra, mucho más exigente, establecer quién las coordinó, con qué propósito y si existió una conexión directa con la movilización de miles de personas.
El trabajo de verificación realizado por Maldita.es permite confirmar, al menos, que la crisis estuvo acompañada de una intensa circulación de contenidos falsos o engañosos. La organización identificó decenas de bulos relacionados con la llegada de migrantes, incluidos vídeos grabados en otros países que fueron presentados falsamente como imágenes de la crisis de Ceuta.
Ese contexto refuerza una parte de la explicación planteada por Sánchez, aunque no resuelve por sí mismo la cuestión central sobre el origen y la planificación de la llegada masiva.
### El CNI sí informó, pero no anticipó la magnitud
Otro de los puntos más controvertidos de la entrevista fue el papel del Centro Nacional de Inteligencia. Sánchez confirmó que el CNI compartió informes de situación antes de los acontecimientos del 30 y 31 de julio, pero insistió en que ninguno de ellos advertía de la dimensión que finalmente alcanzó la crisis.
La precisión intenta cerrar una polémica que se había intensificado durante las últimas semanas. La ministra de Defensa, Margarita Robles, había explicado ante el Congreso que existía información sobre un aumento de las entradas a nado y sobre una convocatoria difundida en redes sociales para intentar acceder a Ceuta. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había rechazado previamente que hubiera un informe que anticipara una entrada masiva de las dimensiones finalmente registradas.
Sánchez considera que ambas versiones pueden ser compatibles. En su interpretación, disponer de información sobre un incremento de movimientos o sobre una convocatoria concreta no equivale a conocer de antemano que se produciría una avalancha de semejante magnitud.
La Cadena SER informó que el presidente defendió precisamente esa diferencia durante la entrevista. El CNI, explicó, había transmitido información previa, pero no una advertencia que permitiera conocer la gravedad y magnitud que adquiriría posteriormente la situación.
La discusión, por tanto, deja una cuestión pendiente: qué información exacta llegó a las autoridades antes de la crisis, cuándo fue recibida y qué decisiones se tomaron a partir de ella. Esos detalles serán relevantes para determinar si se trató de una crisis imposible de anticipar en su dimensión o si existieron señales que pudieron haber recibido una respuesta diferente.
### Marruecos queda fuera de la acusación
Uno de los mensajes políticos más claros de Sánchez fue su rechazo a cualquier responsabilidad de las autoridades marroquíes en la entrada masiva.
El presidente aseguró que ninguno de los servicios de inteligencia con los que España coopera dispone de información que apunte a una participación marroquí. Al mismo tiempo, defendió la actuación posterior de Rabat y calificó de inmediata la cooperación ofrecida por Marruecos desde el inicio de la crisis.
La posición es especialmente relevante por la relación estratégica entre ambos países. Marruecos constituye un actor indispensable para España en materia migratoria y de control fronterizo, por lo que cualquier acusación sobre una posible instrumentalización de los flujos migratorios tendría consecuencias diplomáticas de considerable alcance.
Otros análisis publicados en España han planteado, no obstante, que la cuestión de la responsabilidad marroquí continúa siendo uno de los asuntos que deberán esclarecerse. El País señaló que los servicios de inteligencia españoles contemplan la posibilidad de nuevas acciones encubiertas en Ceuta y Melilla dentro de un escenario de “zona gris”, en el que pueden combinarse desinformación, sabotaje, ciberataques y presión migratoria.
El mismo análisis advierte, sin embargo, que no se ha demostrado una implicación directa de servicios secretos extranjeros en la organización de los acontecimientos de julio. Esa cautela resulta fundamental para distinguir entre una hipótesis de trabajo de los servicios de inteligencia y una responsabilidad que pueda darse por acreditada.
### Una crisis que todavía no termina
Mientras continúa la discusión política sobre el origen de la crisis, sus consecuencias siguen presentes en Ceuta. Sánchez afirmó que unas 5.000 personas permanecen todavía en la ciudad, entre ellas alrededor de 1.200 menores, y sostuvo que nueve de cada diez personas que llegaron durante los acontecimientos de julio ya han regresado a Marruecos.
El Gobierno pretende ampliar la capacidad de acogida hasta unas 6.000 plazas para atender a quienes permanecen en la ciudad autónoma. La gestión de los menores no acompañados constituye uno de los puntos más sensibles, debido a la presión que la llegada extraordinaria de personas ha ejercido sobre los recursos locales.
La dimensión de la crisis también ha obligado a modificar la respuesta institucional. El Gobierno ha reforzado la coordinación entre administraciones y ha planteado nuevas medidas para afrontar la situación humanitaria y de seguridad en Ceuta.
Pero el debate político está lejos de cerrarse. La oposición ha cuestionado la gestión gubernamental y la capacidad de las autoridades para anticipar lo ocurrido, mientras que el Ejecutivo insiste en que la magnitud del episodio no podía preverse con la información disponible.
La comparecencia parlamentaria de Sánchez, prevista para los primeros días de septiembre, será por ello especialmente relevante. Allí tendrá que explicar ante los diputados qué sabía el Gobierno, cuándo lo sabía, qué hizo con esa información y qué conclusiones extrae de la crisis.
### El rey visitará Ceuta
En paralelo, Sánchez anunció que el rey Felipe VI visitará Ceuta, aunque todavía no existe una fecha concreta. El presidente considera que existen razones suficientes para que el jefe del Estado viaje a la ciudad autónoma y aseguró que la visita se producirá cuando las condiciones sean adecuadas.
La cuestión tiene también una dimensión política y simbólica. La ausencia del monarca durante los momentos más críticos de la crisis ha sido objeto de debate en España, mientras el Gobierno ha defendido la necesidad de reforzar la presencia institucional en una ciudad situada en una de las fronteras más sensibles del país.
La crisis de Ceuta, en definitiva, ha dejado una mezcla complicada de interrogantes sobre seguridad, migración, inteligencia, relaciones con Marruecos y desinformación digital. Sánchez ha colocado buena parte de la explicación en la guerra de información que se libra en las redes sociales, pero reconoce que la investigación todavía no ha concluido.
Y esa es, quizá, la parte más importante del episodio. Acusar a un actor extranjero o atribuir una crisis a una campaña de desinformación exige algo más que identificar mensajes falsos o redes sospechosas. Hace falta reconstruir la cadena completa de acontecimientos y demostrar qué ocurrió realmente.
Por ahora, el Gobierno español sostiene que Marruecos no estuvo detrás de la operación, que el CNI sí proporcionó información previa pero no anticipó la dimensión de la avalancha y que la desinformación desempeñó un papel relevante. Las próximas investigaciones y la comparecencia parlamentaria deberán determinar hasta dónde llegan esas conclusiones y qué preguntas siguen sin respuesta.


