El peso resiste las presiones externas y cierra cerca de las 17 unidades por dólar

El peso mexicano terminó la primera jornada de septiembre prácticamente sin cambios, pero el entorno internacional amenaza con aumentar la volatilidad ante el repunte del petróleo, las tensiones en Oriente Medio y las nuevas señales sobre las tasas de interés en Estados Unidos.

El peso mexicano comenzó septiembre con una señal de resistencia frente al dólar. La moneda nacional cerró la jornada del 1 de septiembre en 17.0026 pesos por dólar, prácticamente en el mismo nivel de la sesión anterior, cuando terminó en 16.9971 unidades, de acuerdo con información del Banco de México.

La diferencia fue marginal y mantuvo al tipo de cambio alrededor de la barrera psicológica de 17 pesos. Durante la jornada, el dólar llegó a cotizar hasta en 17.0215 pesos y descendió a un mínimo de 16.9406, reflejo de un mercado que se movió con cautela mientras los inversionistas evaluaban nuevas señales sobre la economía estadounidense y el conflicto en Oriente Medio.

El comportamiento del peso resulta relevante porque se produce en un escenario internacional menos favorable para las monedas de mercados emergentes. El dólar avanzó frente a otras divisas importantes, mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense aumentaron ante la posibilidad de que la Reserva Federal mantenga una postura más restrictiva.

Reuters reportó que el índice dólar avanzó alrededor de 0.27 por ciento, mientras las renovadas hostilidades entre Estados Unidos e Irán impulsaron el precio del petróleo y reforzaron las expectativas de mayores tasas de interés. La combinación suele favorecer al dólar porque los inversionistas buscan activos considerados más seguros cuando aumenta la incertidumbre.

El petróleo fue uno de los principales focos de atención. Los precios internacionales del crudo subieron más de 4 por ciento durante la jornada, ante el temor de nuevas interrupciones en el suministro de energía desde Oriente Medio. Según Reuters, el Brent terminó en 94.65 dólares por barril, con un avance de 4.6 por ciento, mientras el West Texas Intermediate aumentó 5.2 por ciento, hasta 90.22 dólares.

El encarecimiento del crudo puede convertirse rápidamente en un problema para los bancos centrales. Un petróleo más caro eleva los costos de transporte, producción y energía y puede trasladarse gradualmente a los precios al consumidor. Es una presión inflacionaria que llega justo cuando la Reserva Federal intenta determinar si las condiciones permiten reducir o mantener las tasas de interés.

Los mercados comenzaron a asignar una probabilidad cercana a 68 por ciento a un incremento de 25 puntos base en la tasa de referencia de la Reserva Federal durante su reunión de septiembre. Reuters señaló que los comentarios recientes del presidente de la Fed, Kevin Warsh, reforzaron las expectativas de una política monetaria más dura si la inflación permanece elevada.

Para México, este escenario tiene una lectura directa. Si las tasas estadounidenses permanecen altas o incluso aumentan, los activos denominados en dólares pueden resultar más atractivos y generar presión sobre el peso. La moneda mexicana, por tanto, necesita mantener su fortaleza en un momento en que las condiciones financieras internacionales podrían jugar en su contra.

Los inversionistas también recibieron información relevante del mercado laboral estadounidense. La encuesta JOLTS del Departamento de Trabajo mostró que las vacantes laborales aumentaron ligeramente a 7.271 millones en julio, desde 7.182 millones en junio. El dato fue inferior a las expectativas del mercado, pero confirmó que la demanda de trabajadores permanece relativamente firme.

De acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, las contrataciones y las separaciones se mantuvieron prácticamente sin cambios en julio, en alrededor de 5.1 millones cada una. Las renuncias se ubicaron en 3.1 millones y los despidos y ceses en 1.7 millones.

La importancia de estos datos va más allá de las cifras laborales. El mercado espera ahora el próximo informe de empleo estadounidense, incluido el comportamiento de las nóminas no agrícolas y la tasa de desempleo. Esos indicadores serán fundamentales para determinar si la economía conserva suficiente fortaleza para mantener las presiones inflacionarias o si, por el contrario, comienza a mostrar señales más claras de enfriamiento.

La atención estará puesta también en la inflación. Un mercado laboral todavía resistente combinado con energía más cara podría complicar el escenario para la Reserva Federal. Si los precios vuelven a acelerarse, el margen para reducir las tasas disminuye; si la economía pierde fuerza con rapidez, el banco central tendría mayores argumentos para evitar un endurecimiento monetario.

En este contexto, la estabilidad del peso durante la primera jornada de septiembre no necesariamente significa que haya desaparecido la incertidumbre. El Banco de México registró para el 1 de septiembre un tipo de cambio FIX de 16.9755 pesos por dólar, mientras que el cierre de jornada se ubicó en 17.0026 unidades.

La diferencia entre ambas referencias también recuerda que el tipo de cambio puede variar dependiendo del mercado y del momento de la operación. El FIX de Banxico se determina con base en cotizaciones del mercado cambiario y se utiliza para determinadas obligaciones denominadas en dólares, mientras que el tipo de cambio de cierre refleja el comportamiento de las operaciones de la jornada.

El peso, además, llega a septiembre después de haber mostrado una apreciación importante durante distintos momentos del año. Mantenerse alrededor de 17 unidades implica conservar buena parte de esa fortaleza, pero también coloca a la moneda ante una prueba particularmente relevante: demostrar que puede sostenerse incluso cuando el dólar recupera terreno y aumentan los rendimientos estadounidenses.

La evolución del conflicto en Oriente Medio será otro factor decisivo. Una escalada que mantenga elevado el precio del petróleo podría aumentar las expectativas de inflación a nivel mundial y provocar nuevas ventas de bonos. Reuters señaló que una prolongación de las tensiones podría mantener bajo presión a los mercados financieros y fortalecer la demanda de activos considerados refugio.

El escenario contrario sería una desescalada creíble. Una reducción de las tensiones podría disminuir simultáneamente el precio del petróleo, las expectativas de inflación y los rendimientos de los bonos, al tiempo que reduciría la necesidad de los inversionistas de buscar refugio en el dólar.

Por ahora, el peso parece estar resistiendo. Pero la estabilidad de una sola jornada no basta para confirmar una nueva tendencia. Los próximos datos de empleo e inflación en Estados Unidos, las decisiones de la Reserva Federal y la evolución del petróleo serán los verdaderos catalizadores que determinarán si la moneda mexicana puede permanecer por debajo o alrededor de las 17 unidades durante septiembre.