Los marcapasos temporales podrían dejar de necesitar cables que atraviesan la piel y procedimientos para retirarlos: investigadores han desarrollado dispositivos completamente implantables que proporcionan estimulación cardíaca durante la recuperación y después se disuelven de manera controlada dentro del organismo.

Después de una cirugía cardíaca, el corazón puede necesitar ayuda durante unos días mientras recupera su ritmo normal. Tradicionalmente, esa protección se consigue mediante cables de estimulación colocados sobre la superficie del corazón y conectados a un dispositivo externo. Son pequeños, pero no insignificantes: atraviesan la piel, limitan la movilidad y deben retirarse cuando dejan de ser necesarios.

Las guías de la Asociación Estadounidense del Corazón y el Colegio Estadounidense de Cardiología explican que los cables epicárdicos temporales se utilizan habitualmente después de determinadas intervenciones cardíacas para mantener la frecuencia o sincronizar el ritmo cuando es necesario. Su retirada suele realizarse antes del alta hospitalaria, pero existe un riesgo, aunque bajo, de sangrado y taponamiento cardíaco.

Una revisión sistemática publicada en 2023, que reunió datos de 18.453 pacientes, estimó una tasa global de complicaciones relacionadas con la retirada de estos cables del 1,74 %. Entre los problemas registrados aparecieron retención del cable, arritmias, retrasos en el alta y taponamiento cardíaco. Son porcentajes pequeños, pero en cirugía cardiovascular incluso un riesgo infrecuente merece atención.

Ahí aparece la propuesta de los marcapasos bioabsorbibles. En 2021, investigadores de la Universidad Northwestern y otras instituciones describieron en Nature Biotechnology un dispositivo temporal completamente implantable, sin cables externos y sin batería convencional. El sistema fue diseñado para funcionar durante un periodo determinado y posteriormente degradarse y ser eliminado mediante procesos biológicos naturales.

La idea parece sencilla, aunque detrás existe una ingeniería considerable. El dispositivo utiliza materiales biocompatibles cuya degradación puede controlarse y recibe energía mediante transmisión inalámbrica. De esta manera, no necesita permanecer conectado físicamente a un generador externo durante el periodo de recuperación. Una vez cumplida su función, sus componentes desaparecen progresivamente.

Los resultados experimentales fueron relevantes, pero es importante precisar dónde se encuentra hoy la evidencia. El estudio publicado en Nature Biotechnology demostró estimulación cardíaca eficaz en modelos animales —ratón, rata, conejo y perro— y también en modelos cardíacos humanos. En ratas, uno de los dispositivos funcionó durante varios días y posteriormente fue completamente reabsorbido en aproximadamente tres meses.

Eso significa que todavía no puede presentarse como un marcapasos biodegradable de uso rutinario en pacientes sometidos a cirugía cardíaca. La investigación demostró la viabilidad del concepto, no su sustitución inmediata de los sistemas utilizados actualmente en los hospitales. Para llegar a ese punto se necesitan estudios clínicos que establezcan seguridad, eficacia, duración, control de la degradación y comportamiento del dispositivo en seres humanos.

La importancia potencial, sin embargo, es considerable. Un paciente que necesita estimulación durante unos cuantos días no necesariamente requiere un dispositivo permanente. En la actualidad, los cables temporales cumplen esa función, pero después deben retirarse. El concepto bioabsorbible busca que el propio organismo se encargue de la última etapa del tratamiento.

Además, esta tecnología representa una evolución interesante de la medicina de precisión. El objetivo no es fabricar un dispositivo que dure indefinidamente, sino diseñarlo para coincidir con una necesidad clínica concreta. Si el corazón necesita apoyo durante una determinada ventana de recuperación, el dispositivo podría acompañar ese proceso y desaparecer cuando su función haya terminado.

La tendencia encaja con una transformación más amplia de la ingeniería biomédica. Los investigadores trabajan cada vez más con materiales que pueden interactuar temporalmente con los tejidos y después degradarse sin dejar un implante permanente. En lugar de pensar únicamente en dispositivos más pequeños o más resistentes, la pregunta comienza a ser otra: ¿podemos fabricar dispositivos que sepan cuándo dejar de existir?

Pero el entusiasmo debe convivir con cautela. Un marcapasos temporal tiene que responder de manera fiable cuando el corazón lo necesita. No puede degradarse antes de tiempo, ni producir sustancias perjudiciales al descomponerse, ni perder capacidad de estimulación de manera impredecible. La seguridad del paciente está por encima de cualquier ventaja tecnológica.

También existe una cuestión práctica. No todos los pacientes que reciben cables temporales después de una operación necesitan estimulación y, como muestra una revisión presentada en 2026 en el Journal of the American College of Cardiology, existe un debate creciente sobre cuándo conviene colocarlos de manera rutinaria y cuándo hacerlo de forma selectiva. La medicina del futuro podría combinar ambas estrategias: seleccionar mejor a quienes necesitan estimulación y utilizar dispositivos capaces de desaparecer cuando ya no hagan falta.

La imagen resulta poderosa. Un corazón recién operado recibe una ayuda eléctrica durante los días críticos y, después, el dispositivo que lo acompañó comienza a desvanecerse sin una segunda intervención para retirarlo. Todavía es una promesa científica, no una práctica clínica generalizada. Pero si los ensayos en humanos confirman lo que los modelos experimentales han mostrado, los marcapasos bioabsorbibles podrían convertir una pieza de tecnología temporal en algo verdaderamente temporal.