El ataque contra la sede del Servicio de Seguridad de Ucrania dejó al menos 12 personas heridas y elevó la tensión en Kiev, mientras Ucrania prepara una respuesta y Estados Unidos intenta reactivar las negociaciones para poner fin a la guerra.

Un dron ruso alcanzó el viernes la sede central del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), en pleno centro de Kiev, en uno de los ataques más simbólicos contra una institución estratégica del país desde el inicio de la invasión a gran escala.

El impacto ocurrió alrededor de las 15:30 horas locales en la calle Volodymyrska, frente a la catedral de Santa Sofía. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que el aparato tenía como objetivo directo el despacho del jefe interino del SBU, Oleksandr Poklad.

La propia institución confirmó posteriormente que el dron alcanzó el área correspondiente a la oficina de Poklad, aunque el funcionario no resultó herido. De acuerdo con información recopilada por Reuters y otros medios internacionales, el ataque provocó daños en el edificio y un incendio que posteriormente fue controlado.

La cifra de víctimas también se actualizó después de las primeras informaciones. Las autoridades de Kiev reportaron al menos 12 personas heridas, siete de ellas hospitalizadas durante las primeras horas posteriores al impacto. El alcalde de la capital, Vitali Klitschko, informó además de daños en inmuebles cercanos.

El ataque tuvo lugar en una zona particularmente sensible de la capital ucraniana. La sede del SBU se encuentra frente al conjunto histórico de Santa Sofía, uno de los principales símbolos arquitectónicos de Kiev y parte de un sitio reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial.

Según reportes del Kyiv Independent, la onda expansiva también causó daños en edificios relacionados con el complejo histórico, aunque la catedral de Santa Sofía no sufrió daños directos. La proximidad del impacto añadió preocupación por la conservación del patrimonio cultural en una ciudad que ha vivido durante años bajo la amenaza de los ataques rusos.

La operación ocurrió además en un momento especialmente delicado. Rusia ha incrementado los ataques con drones contra Kiev y, de acuerdo con reportes de Reuters y Associated Press, las incursiones durante el día se han vuelto cada vez más frecuentes. Para los habitantes de la capital, esto significa que la amenaza aérea ya no queda confinada a las horas nocturnas.

La situación ha alterado actividades tan comunes como trasladarse al trabajo, acudir a clases o utilizar el transporte público. Las alertas aéreas y las explosiones forman parte de una rutina que, para muchos habitantes, se ha vuelto cada vez más difícil de soportar.

El Gobierno ucraniano, por su parte, dejó claro que no pretende limitarse a denunciar el ataque. Zelenski informó que ordenó a Poklad preparar una respuesta que sea significativa y, si las condiciones lo permiten, de características similares. El mandatario agregó que las Fuerzas Armadas de Ucrania respaldarán esa operación.

El episodio también adquiere una dimensión diplomática. El ataque ocurrió justo cuando Estados Unidos intenta impulsar nuevamente las conversaciones para poner fin a la guerra. Los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner viajaron a Moscú para reunirse con Vladímir Putin y posteriormente tienen previsto trasladarse a Kiev para continuar los contactos.

De acuerdo con reportes de Reuters, The Guardian y Associated Press, las conversaciones se producen en un escenario de fuertes diferencias entre Moscú y Kiev, pese a los esfuerzos de Washington por conseguir avances. El aumento de los ataques aéreos hace todavía más difícil separar la vía militar de la diplomática.

En ese contexto, el impacto contra la sede del SBU adquiere un peso que va más allá de los daños materiales. No se trató solamente de otro dron sobre Kiev: el objetivo señalado por las autoridades ucranianas fue uno de los principales organismos de seguridad del Estado y, específicamente, la oficina de su máximo responsable operativo.

El SBU desempeña funciones de inteligencia y contrainteligencia y ha participado en numerosas operaciones relacionadas con la guerra. Por ello, un ataque contra su sede representa también un mensaje político y militar en un momento en que ambas partes buscan mantener la presión mientras exploran, al mismo tiempo, una eventual salida negociada.

La jornada dejó así dos imágenes difíciles de conciliar. Por un lado, funcionarios estadounidenses intentan abrir nuevamente una puerta al diálogo. Por otro, un dron impacta en el corazón de la estructura de seguridad ucraniana y provoca una nueva promesa de represalia.

La guerra, una vez más, avanza por dos caminos simultáneos: el de las conversaciones y el de los ataques. Y mientras las potencias buscan una fórmula para detener el conflicto, los habitantes de Kiev continúan viviendo bajo una amenaza que ya no distingue entre el día y la noche.