Los robots humanoides ya no se limitan a caminar, bailar o levantar objetos en demostraciones de laboratorio. Nuevos prototipos comienzan a realizar tareas domésticas en entornos reales, pero su llegada masiva a los hogares dependerá de algo mucho más difícil que una demostración exitosa: autonomía confiable, costos razonables, suficiente batería y la confianza de las personas.
Durante décadas, el robot doméstico humanoide perteneció al terreno de la ciencia ficción. La imagen parecía sencilla: una máquina con brazos y piernas capaz de ordenar una habitación, lavar los platos o recoger la ropa mientras sus propietarios se ocupaban de otras cosas. El problema siempre estuvo en conseguir que esa máquina pudiera desenvolverse en una casa real, donde ningún objeto está exactamente donde debería y donde cada movimiento puede presentar una dificultad inesperada.
Ese escenario comienza a cambiar. Figure, una de las empresas que desarrolla robots humanoides, presentó en enero de 2026 una demostración de su sistema Helix 02 en la que un robot descargó y volvió a cargar un lavavajillas durante cuatro minutos de manera autónoma. La compañía afirmó que el robot completó la secuencia sin intervención humana y coordinó desplazamiento, equilibrio, percepción y manipulación.
Meses después, Figure mostró otra prueba todavía más cercana a la vida cotidiana. Dos robots colaboraron para ordenar una habitación, guardar ropa, recoger basura, mover una silla, cerrar un libro y hacer una cama en menos de dos minutos. Son demostraciones llamativas porque obligan a las máquinas a enfrentarse a objetos de diferentes formas, posiciones y texturas, mucho más parecidos a los que encontrarían en una vivienda común.
Pero una demostración no equivale todavía a un producto plenamente autónomo. La propia empresa reconoce que el hogar representa uno de los entornos más difíciles para la robótica. Una fábrica puede organizarse alrededor de procesos repetitivos; una vivienda no. Una camisa puede estar sobre una silla, un vaso junto al borde de una mesa o un juguete en medio del suelo. La máquina debe interpretar cada situación y decidir qué hacer sin provocar daños.
En este punto aparece el problema de la energía. Un humanoide necesita alimentar motores, sensores, computación y sistemas de seguridad mientras camina y manipula objetos. Figure ha diseñado su modelo Figure 03 para recargarse de manera inalámbrica y señala que puede recibir hasta 2 kilovatios mediante una estación de carga. La estrategia busca que el robot pueda volver por sí mismo a su punto de carga y continuar después con sus tareas.
Otro camino lo representa NEO, de 1X. La compañía ofrece actualmente un programa de acceso anticipado por 20 mil dólares o una modalidad de suscripción de 499 dólares mensuales. Las primeras unidades destinadas a consumidores están previstas para Estados Unidos durante 2026. El modelo tiene una característica reveladora: cuando encuentra una tarea que todavía no domina, puede recurrir a un experto de 1X para supervisar remotamente su actuación en horarios programados.
Ese detalle deja al descubierto uno de los grandes retos comerciales. Un robot puede parecer autónomo durante una demostración y, al mismo tiempo, necesitar asistencia humana cuando abandona el terreno conocido. Para el consumidor, la diferencia es enorme. Comprar un electrodoméstico que funciona solo no es lo mismo que adquirir una máquina que ocasionalmente necesita que otra persona la ayude a resolver una tarea.
El precio también tendrá que bajar si la intención es llegar a millones de hogares. Un estudio publicado en 2026 por Carlos Contreras, de la Universidad Complutense de Madrid, estimó un umbral económico de aproximadamente 210 mil euros como precio máximo compatible con determinados escenarios de adopción de servicios domésticos. El análisis advierte, sin embargo, que incluso cuando los números resulten favorables, factores como seguridad, privacidad y aceptación social pueden limitar la expansión.
La aceptación del público merece especial atención. Una investigación publicada en 2026 sobre adopción de robots humanoides en hogares, basada en respuestas de mil 373 personas en China, encontró que la confiabilidad y la facilidad de uso son factores fundamentales para aceptar estas máquinas. No basta con que el robot sea capaz de realizar una tarea; las personas necesitan sentir que pueden confiar en él dentro de un espacio tan íntimo como su propia casa.
Y ahí surge una cuestión que no puede resolverse únicamente con inteligencia artificial. Una cámara que observa continuamente una vivienda puede mejorar la capacidad del robot para orientarse, pero también genera preguntas sobre privacidad. Un sistema conectado a internet puede recibir actualizaciones y aprender nuevas habilidades, pero aumenta la importancia de proteger los datos y controlar quién puede acceder a ellos.
Por ahora, los robots humanoides parecen encontrarse en una etapa intermedia. Ya pueden realizar tareas domésticas complejas bajo determinadas condiciones, pero todavía no han demostrado de manera general que puedan encargarse durante horas de una vivienda impredecible con la misma fiabilidad con que una persona realiza sus actividades cotidianas.
La carrera, por tanto, no se decidirá únicamente por quién construya el robot más parecido a un ser humano. Ganará probablemente quien consiga hacerlo suficientemente autónomo, seguro, resistente y asequible. La verdadera revolución comenzará el día en que un robot pueda entrar en una casa cualquiera, entender lo que ocurre a su alrededor, trabajar durante buena parte del día y regresar a su estación de carga sin que su propietario tenga que convertirse en su supervisor.


