La directora venezolana Patricia Ortega defiende un cine capaz de mover al espectador por dentro y abrir conversaciones, una idea que atraviesa 9 lunas, su nueva película sobre identidad, masculinidad y embarazo de un hombre trans.
Para Patricia Ortega, una película no debería terminar cuando aparecen los créditos. Si realmente ha conseguido algo, sostiene la directora venezolana, el espectador debería salir de la sala con preguntas, quizá con alguna incomodidad y, sobre todo, con ganas de conversar sobre lo que acaba de ver.
Ese planteamiento atraviesa 9 lunas, su tercer largometraje de ficción, una comedia dramática rodada en Sevilla que coloca en el centro a Ángel, un entrenador personal que descubre que está embarazado cuando se encuentra cerca de completar su transición de género.
La historia obliga al protagonista a replantearse su identidad, sus planes y la manera en que entiende su propia masculinidad. Pero Ortega no pretende convertir la película en un discurso cerrado. Su apuesta consiste más bien en utilizar una situación poco habitual en el cine comercial para abrir una conversación sobre cuestiones que todavía generan incomodidad.
El Ministerio de Cultura de España describe 9 lunas como una película de ficción con elementos de comedia y drama, mientras que la Academia de Cine la presenta como una historia que pone a prueba la identidad, los sueños y la concepción de la masculinidad de su protagonista. La película está protagonizada por Zack Gómez-Rolls y cuenta también con Jorge Sanz, María León, Sara Sálamo, Fernando Guallar y Kiti Mánver.
La propia Ortega ha explicado que el proceso de realización fue tan importante como la película terminada. Durante la preproducción, el rodaje y el encuentro con los actores, asegura que surgieron discusiones, preguntas y aprendizajes que terminaron formando parte de la experiencia humana alrededor del proyecto.
Y es que 9 lunas no busca solamente contar una historia singular. La directora considera importante que el cine también cree referentes. En este caso, el embarazo de un hombre trans ocupa un espacio que, según Ortega, continúa siendo poco visible en la pantalla.
Canal Sur, una de las entidades que participó en la película, destacó durante su estreno que la cinta aborda la diversidad familiar y plantea que los cuidados y la crianza no tienen género. La película llegó a los cines españoles el 3 de julio de 2026, después de su paso por el Festival de Málaga.
El Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales registra 9 lunas como una producción de España y Bélgica, dirigida por Ortega y con una duración de 101 minutos. El organismo la clasifica dentro de los géneros de comedia y drama, una combinación que permite a la realizadora acercarse a un asunto delicado sin renunciar a momentos de humor y ligereza.
La trayectoria de Ortega ayuda a entender por qué la representación de identidades y experiencias personales ocupa un lugar importante en su cine. Su debut, Yo, imposible, abordó la identidad sexual y fue seleccionado como candidata española a los Premios Óscar. Después dirigió Mamacruz, película estrenada internacionalmente en el Festival de Sundance, antes de asumir el reto de 9 lunas.
Pero hay otra dimensión que la directora considera fundamental: el lugar desde el que crea. Ortega nació en Maracaibo, Venezuela, y lleva años viviendo en Sevilla, ciudad que considera su casa y desde la que ha desarrollado buena parte de su carrera cinematográfica.
Su relación con Andalucía no se limita al lugar de residencia. La directora ha encontrado allí un espacio para construir una carrera lejos de los grandes centros de producción audiovisual y reivindica la posibilidad de trabajar desde una ciudad que, en sus palabras, ofrece una calidad de vida distinta a la de las grandes urbes.
Ese origen y ese recorrido también forman parte de su mirada. Ortega no plantea que todo cine tenga que ser político o social, pero sí defiende que una película puede tener una huella que va más allá de la taquilla. El cine, recuerda, también produce imaginarios, instala referentes y puede modificar la manera en que una sociedad mira determinadas realidades.
La respuesta del público será, finalmente, la prueba más importante para su propuesta. 9 lunas ya ha comenzado ese recorrido en salas españolas y busca precisamente provocar aquello que Ortega considera esencial: que una película no se quede en la pantalla, sino que continúe viviendo en la conversación de quienes la vieron.
En tiempos en los que buena parte del consumo audiovisual ocurre de manera individual y acelerada, esa apuesta tiene algo de resistencia. Salir del cine y querer hablar de lo que se acaba de ver puede parecer sencillo, pero para Ortega constituye una señal de que la historia consiguió hacer algo más que entretener.


