Rusia advierte que los misiles estadounidenses en Noruega elevan la tensión

Moscú calificó de desestabilizador el despliegue estadounidense de sistemas de lanzamiento en Noruega y advirtió que sus posiciones e infraestructura serán consideradas dentro de la planificación militar rusa en caso de un conflicto.

Rusia elevó este lunes el tono de sus críticas contra Estados Unidos y la OTAN después del despliegue en Noruega de un nuevo sistema estadounidense de lanzamiento de misiles. Moscú considera que la presencia de estas armas cerca de su territorio representa una amenaza directa y puede complicar todavía más cualquier intento de diálogo sobre estabilidad estratégica.

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, calificó el despliegue como otro paso desestabilizador de los países de la OTAN. Según la diplomática, los sistemas instalados en territorio noruego pueden emplear diferentes tipos de misiles y permitirían alcanzar objetivos situados en una amplia zona de la Rusia europea.

El sistema está basado en lanzadores Mk-41. Reuters informó que Estados Unidos habría trasladado el nuevo sistema a Noruega en agosto, mientras que medios estadounidenses habían reportado previamente su llegada al país escandinavo.

La preocupación de Moscú se concentra especialmente en la posibilidad de emplear misiles de crucero Tomahawk desde plataformas terrestres. Zajárova sostuvo que la ubicación de los sistemas permitiría cubrir una parte importante del territorio ruso, incluida la zona de Moscú.

El alcance real de la amenaza depende, sin embargo, del tipo de misil que se utilice. Los lanzadores Mk-41 son sistemas de lanzamiento vertical capaces de emplear distintas municiones, por lo que su presencia no significa automáticamente que todos los misiles compatibles estén desplegados en Noruega.

La llegada del sistema se produce en un momento de creciente actividad militar en el extremo norte de Europa. Desde finales de agosto, fuerzas de la OTAN realizan ejercicios en el Ártico que incluyen sistemas de misiles y capacidades diseñadas para reforzar el control aéreo y marítimo de una región considerada estratégica frente a Rusia.

Para Moscú, el problema no es únicamente militar. El Kremlin considera que la instalación de sistemas estadounidenses de alcance intermedio y corto en Europa reduce todavía más las posibilidades de recuperar un marco estable de control de armas.

Reuters señaló que el Ministerio de Exteriores ruso considera que este tipo de despliegues prácticamente devuelve a cero las condiciones para un diálogo constructivo con Washington sobre asuntos estratégicos. Moscú también cuestionó los planes estadounidenses de impulsar conversaciones multilaterales sobre estabilidad nuclear que incluyan a China.

La disputa tiene como antecedente el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, conocido como INF, firmado en 1987 por Estados Unidos y la Unión Soviética. El acuerdo prohibía los misiles terrestres con alcances de entre 500 y 5.500 kilómetros y fue abandonado por Washington en 2019 después de acusaciones de incumplimiento contra Rusia, que rechazó esas acusaciones.

Tras la salida estadounidense del tratado, Rusia anunció una moratoria unilateral sobre el despliegue de este tipo de armas. Sin embargo, Moscú puso fin a esa política en agosto de 2025, argumentando que Estados Unidos y la OTAN habían avanzado en el desarrollo y despliegue de sistemas similares en Europa y Asia.

Noruega, por su parte, ha acelerado durante los últimos años el fortalecimiento de sus capacidades militares. El Gobierno noruego ha presentado estas inversiones como parte de una estrategia de defensa y disuasión frente a posibles amenazas, particularmente en el contexto de la guerra de Ucrania y del aumento de la actividad militar rusa en el Ártico.

La cuestión adquiere una dimensión especialmente sensible por la geografía. Noruega comparte una frontera terrestre con Rusia en el extremo norte y ocupa una posición estratégica frente a las rutas marítimas del Ártico y al acceso ruso al Atlántico Norte. La presencia de fuerzas estadounidenses en su territorio, por tanto, tiene implicaciones que van mucho más allá de una instalación militar aislada.

La advertencia rusa fue particularmente contundente. Zajárova aseguró que los sistemas desplegados, sus puestos de mando y la infraestructura que los respalda serán objeto de especial atención por parte de las fuerzas rusas de disuasión estratégica y podrían convertirse en objetivos en caso de un conflicto armado.

Por ahora no existe una confrontación directa derivada del despliegue. Pero el episodio añade otra capa de tensión a una relación ya deteriorada. Y es que, mientras Washington y sus aliados buscan reforzar su capacidad de disuasión en el norte de Europa, Moscú interpreta cada nuevo sistema como una reducción de la distancia entre sus fronteras y las capacidades ofensivas de la OTAN.

El desafío será evitar que esa dinámica termine convirtiéndose en una carrera de despliegues cada vez más difícil de controlar. La desaparición del tratado INF dejó precisamente ese espacio abierto, y la llegada de nuevos sistemas terrestres a Europa vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que durante décadas había parecido parcialmente resuelta: cómo impedir que la competencia militar termine aumentando el riesgo de una confrontación mayor.