El Obispo de Getafe (España), Mons. Ginés García Beltrán, presidió la consagración virginal a Cristo de dos mujeres, Ana Isabel García y Estefanía Ibáñez, una bióloga y otra médico, para el servicio a la Iglesia y en constante espíritu misionero.
La ceremonia tuvo lugar el 6 de septiembre en la iglesia de San Martín de la Vega, donde es párroco Jesús Úbeda, vicario episcopal para la Evangelización y la Transmisión de la Fe.
Durante la homilía, Mons. García subrayó el carácter esponsal de la consagración: “Esto es una boda, es un matrimonio en el sentido más pleno de la palabra. Es el desposorio con Cristo, al que os entregáis en fidelidad, os entregáis también para siempre”.
En este sentido, expuso que “el esposo os invita para haceros hermosas, inmaculadas y santas” no sólo a través del compromiso personal con Cristo, sino con un fuerte sentido de misión: “Nacéis en la Iglesia y nacéis para el servicio de la Iglesia”, en especial en la diócesis y muy vinculadas al obispo.
“Para un cristiano todo es misión”
Sobre este compromiso, Mons. García puntualizó que, lejos de suponer encerrarse en la comunidad cristiana, es una apuesta por la disponibilidad “para lo que la Iglesia necesite de vosotras, sea en vuestra parroquia, sea en esta diócesis o sea donde el Señor os llame” para ser fecundas, no según la carne, sino según el espíritu.
Así, el prelado explicó que la fecundidad de la vocación virginal nace del amor y se abre al servicio: “El amor nunca es egoísta, por tanto, el amor nunca es para sí, sino que el amor es para los demás”.
Por ello, insistió a las nuevas consagradas sobre la importancia de descubrir la dimensión misionera de su vocación en todos los aspectos de su vida: “Todos vuestros gestos, todas vuestras palabras, todas vuestras presencias son misión”, porque “para un cristiano todo es misión”.
Dado que la ceremonia tuvo lugar en la proximidad de la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, el Obispo de Getafe animó a considerar que “Ella es la referencia, la imagen, el icono de toda virginidad, una virginidad en la fe, una virginidad en la esperanza, una virginidad en el amor”.
“Lloraba porque mis amigas tenían novio y yo no”
Ana Isabel y Estefanía han hecho un largo recorrido espiritual hasta su consagración. La primera, licenciada en Biología y hoy con 36 años, reconoció que durante años consideró que su camino era el del matrimonio, experiencia que vivió con inquietud: “Lloraba porque mis amigas tenían novio y yo no”. Pero un encuentro personal con el Señor cambió la perspectiva de su vida e inició un proceso de discernimiento y formación que ocupó unos cinco años de especial intensidad, en los que estuvo acompañada de numerosos sacerdotes.
Por su parte, Estefanía, sintió desde su adolescencia una fuerte llamada. Perteneciente a una familia católica, a los 13 años se despertó en ella “un deseo muy fuerte de Él que ha marcado mi vida”. No fue hasta que inició sus estudios universitarios cuando volvió a sentir con fuerza esta atracción a la entrega total a Cristo
En el año 2022, conoció la Instrucción Ecclesiae Sponsae Imago sobre el Ordo virginum del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y reconoció en sus páginas su vocación después de conocer otras realidades de la vida consagrada.
Días antes de su consagración Ana Isabel deseó que este acontecimiento fuera “un acontecimiento para dar a conocer esta vocación”, mientras Estefanía deseaba “un momento en el que Dios se haga presente a cada uno de los que estén allí y que les manifieste su presencia y compañía en sus vidas”.
ACI PRENSA


