El equipo de José Mourinho comenzó la Champions con una victoria ante el Inter, pero su irregularidad en el centro del campo volvió a dejar al descubierto una de las principales tareas del técnico portugués.
El Real Madrid comenzó su camino en la Champions League 2026-2027 con una victoria de 2-1 sobre el Inter de Milán, pero el resultado escondió una realidad que José Mourinho no quiso maquillar: su equipo todavía está lejos del control que el técnico portugués pretende imponer sobre los partidos.
“Me gusta más tener el control absoluto”, reconoció Mourinho después del encuentro. La frase resume buena parte de lo ocurrido en el Santiago Bernabéu, donde el conjunto blanco tuvo momentos de eficacia y carácter, pero también sufrió demasiado para conservar una ventaja que llegó a ser de dos goles.
La victoria se construyó en la primera mitad. Kylian Mbappé abrió el marcador al minuto 14 después de una combinación entre Brahim Díaz y el delantero francés. Nueve minutos más tarde, Fede Valverde aprovechó un error en la salida del Inter para establecer el 2-0.
El problema apareció cuando el Madrid perdió continuidad. El Inter tuvo más posesión y generó suficientes ocasiones para complicar seriamente el partido. Carlos Augusto recortó distancias en el minuto 77 y, desde entonces, el encuentro se convirtió en un ejercicio de resistencia para el conjunto local.
Thibaut Courtois terminó siendo una de las figuras decisivas. Sus intervenciones, especialmente en los minutos finales, evitaron que el equipo italiano encontrara el empate y permitieron que Mourinho celebrara su regreso a la Champions con una victoria.
Pero el técnico sabe que depender del portero para conservar una ventaja no encaja con su idea de dominar el encuentro. Y menos aún cuando el problema aparece en una zona tan importante como el centro del campo.
Las ausencias condicionaron el planteamiento. Eduardo Camavinga, Arda Güler y Bernardo Silva no estuvieron disponibles por sanción, mientras que Aurélien Tchouaméni apenas pudo participar durante los últimos minutos debido a su reciente recuperación.
Ante ese escenario, Mourinho apostó por Fede Valverde junto a Trent Alexander-Arnold, una decisión que convirtió al lateral inglés en una pieza improvisada para una posición que no es la suya habitual.
La apuesta tuvo resultados desiguales. Valverde respondió con autoridad, completó 38 de sus 40 pases y, además, marcó el segundo gol. Su despliegue volvió a demostrar por qué Mourinho confía en él como una pieza capaz de aportar equilibrio, intensidad y llegada.
Alexander-Arnold, en cambio, tuvo una noche más complicada. Terminó con 20 pases acertados de 24 intentados y fue sustituido en el minuto 79 por Tchouaméni. Su participación evidenció una de las dificultades de este Madrid: cuando faltan especialistas, el equipo debe recurrir a futbolistas fuera de su posición natural para sostener el funcionamiento colectivo.
El propio Mourinho defendió el esfuerzo del inglés y valoró su disposición para asumir una tarea diferente. Sin embargo, la actuación también dejó claro que el Real Madrid necesita recuperar efectivos para evitar que estas soluciones de emergencia se conviertan en una costumbre.
Jude Bellingham, por su parte, permaneció en una posición más adelantada. El entrenador no quiso retrasarlo para cubrir las ausencias porque considera importante mantener su evolución cerca del área rival. Esa decisión mantiene intacta una de las apuestas tácticas del nuevo proyecto madridista, aunque reduce las alternativas en la zona de construcción.
La afición también mostró su impaciencia. Durante distintos momentos del partido aparecieron silbidos dirigidos a algunos jugadores, entre ellos Vinícius Júnior y Mbappé. Mourinho evitó alimentar la polémica y defendió el trabajo de sus futbolistas, especialmente el esfuerzo del brasileño.
Valverde fue más autocrítico. El uruguayo reconoció después del encuentro que el equipo tuvo una segunda parte deficiente y que le faltó paciencia para conservar la pelota. Es justamente el aspecto que Mourinho quiere corregir.
Porque el Madrid puede ganar partidos abiertos, intercambiar golpes y sobrevivir a finales dramáticos. La cuestión es si podrá hacerlo de manera sostenible frente a los grandes rivales europeos. El triunfo contra el Inter demuestra que tiene capacidad para castigar errores y resistir bajo presión, pero también que todavía necesita controlar mejor los tiempos del juego.
La buena noticia para Mourinho es que la solución puede llegar desde la propia plantilla. La recuperación de Tchouaméni y el regreso progresivo de los futbolistas sancionados permitirán reconstruir un centro del campo más natural y con mayores recursos.
El calendario, además, no concede demasiado descanso. El próximo compromiso será ante el Rayo Vallecano en el Santiago Bernabéu el sábado 12 de septiembre, antes de visitar al Elche y enfrentarse posteriormente al Atlético de Madrid.
La victoria europea, por tanto, sirve como punto de partida, pero no como respuesta definitiva. El Real Madrid ganó al Inter y sumó tres puntos importantes. Sin embargo, si Mourinho quiere ese “control absoluto” que tanto reclama, todavía tiene trabajo por delante.


