El Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, afirmó que la cruz no es un signo de derrota ni de muerte, sino una expresión del amor de Dios y de la victoria de la vida, e instó a los cristianos de Tierra Santa a convertirla en un camino de vida basado en el amor y la entrega personal.
Pizzaballa realizó estas declaraciones mientras presidía una Misa en la víspera de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz en la iglesia de Cristo Redentor, en Taybeh, una localidad de Cisjordania con una población mayoritariamente cristiana.
El Obispo William Shomali, vicario patriarcal; el P. Davide Meli; y el P. Bashar Fawadleh, párroco de la comunidad, concelebraron la Misa.
“La cruz es nuestra victoria, y es la victoria del amor”, afirmó el Cardenal Pizzaballa.
Añadió que Cristo “eligió entrar en el sufrimiento de la cruz por amor a nosotros”. El patriarca destacó que los cristianos son “personas de la cruz” y que el signo que define su identidad debe reflejarse en la manera en que viven y en sus relaciones dentro de sus familias, parroquias y comunidades más amplias.
“Estamos llamados a vivir según la lógica de la cruz”, señaló.
Pizzaballa explicó que los cristianos no necesitan buscar el sufrimiento, porque ya están rodeados de sufrimientos de muchas formas. Sin embargo, afirmó que esas experiencias pueden convertirse en una oportunidad para abrirse a la presencia de Dios en sus vidas.
El P. Fawadleh dio la bienvenida al Cardenal Pizzaballa durante la celebración, diciéndole: “Su presencia hoy es mucho más que simplemente participar en nuestra fiesta; es un signo de comunión, consuelo y esperanza”.
La celebración tuvo lugar mientras Taybeh continúa enfrentando las consecuencias de los ataques de colonos israelíes, las restricciones de movimiento y de acceso a servicios esenciales (los palestinos que viven en Cisjordania necesitan permisos israelíes para entrar en Jerusalén), la disminución de oportunidades laborales y la continua emigración, todas ellas presiones que han generado una carga adicional sobre los habitantes de la localidad.
Después de la Misa, los fieles participaron en una procesión con velas por las calles de Taybeh hasta la histórica iglesia de San Jorge, conocida localmente como Al-Khader. Allí se ofrecieron oraciones y se bendijeron y distribuyeron granados entre los participantes antes de encender la tradicional llama de la fiesta.
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