Ursula von der Leyen propone que Canadá sea el primer “miembro asociado” de la Unión Europea
Notipress.- La posibilidad de que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea abrió un escenario inédito para la relación entre ambas partes. Durante la visita a Europa del primer ministro canadiense, Mark Carney, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, planteó este miércoles 16 de septiembre ante el Parlamento Europeo avanzar hacia una fórmula de integración que permitiría profundizar la cooperación sin que Ottawa se convierta necesariamente en miembro pleno del bloque.
“Me gustaría trabajar con usted para abrir la puerta a que Canadá sea el primer miembro asociado de la Unión Europea”, dijo Von der Leyen a Carney, durante su discurso sobre el estado de la Unión en Estrasburgo, Francia.
Aún no se conocen los derechos y obligaciones que tendría Canadá bajo esa categoría ni existe certeza de que los 27 Estados miembros de la UE respalden la iniciativa. Sin embargo, la propuesta ya tiene tanto partidarios como detractores.
Una relación más profunda sin adhesión plena
Convertirse formalmente en miembro de la Unión Europea supone atravesar un proceso de adhesión de varias etapas y obtener la aprobación unánime de todos sus integrantes. Canadá enfrenta además una barrera evidente: geográficamente no forma parte de Europa.
En ese sentido, la figura de “miembro asociado” podría abrir una vía diferente. Von der Leyen señaló que la cooperación podría abarcar varias iniciativas como fabricación inteligente, tecnología, defensa, ciberseguridad, inteligencia artificial, energía, minerales críticos y baterías.
“En resumen, queremos llevar la relación con Canadá al nivel más alto posible”, declaró.
Existen otros países europeos que no son miembros de la UE, como Noruega y Suiza, pero que mantienen relaciones estrechas con el bloque. Sin embargo, el eventual esquema canadiense podría adquirir características propias y convertirse en una modalidad sin precedentes para un país ubicado fuera de Europa.
Comercio y movilidad podrían ganar protagonismo
Canadá y la UE parten de una relación económica ya consolidada. El bloque europeo es el segundo socio comercial más importante del país norteamericano y gran parte del Acuerdo Económico y Comercial Integral entre ambas partes está vigente desde 2017.
El comercio bilateral de bienes y servicios alcanzó los 130.800 millones de euros el año pasado, un aumento superior al 80% durante la última década.
Entre las posibilidades discutidas aparecen la reducción de barreras comerciales, la instalación de cables submarinos entre Canadá y Europa, proyectos destinados a facilitar el acceso europeo al gas canadiense y crear nuevas infraestructuras vinculadas con tecnología e inteligencia artificial.
También se ha mencionado la posibilidad de permitir que ciudadanos canadienses vivan y trabajen en Europa sin visado, aunque todavía no existe un acuerdo anunciado sobre ese punto.
La propuesta llegó al oído de Donald Trump
La iniciativa europea no es casual y responde al actual enfrentamiento entre Washington y Ottawa. Durante una rueda de prensa en Carolina del Norte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó a Canadá con imponer grandes aranceles a Europa e incluso con dejar de comerciar directamente con el bloque si Canadá obtiene un estatus especial dentro de la Unión Europea.
Trump calificó la eventual integración como un “acto hostil” y aseguró que aplicaría “serios aranceles” para intentar frenarla.
“Me parece ridículo. Canadá ha sido un pésimo socio comercial”, afirmó.
Estados Unidos y Canadá mantienen una guerra arancelaria tras el fracaso de las negociaciones bilaterales y la imposición cruzada de fuertes gravámenes. Washington impuso aranceles de hasta el 50% a productos canadienses (como acero, aluminio, madera y lácteos) por considerarlo un “socio hostil” y Ottawa respondió con gravámenes del 15% al 50% sobre miles de millones en productos estadounidenses (incluyendo electrodomésticos, maquinaria y electrónicos).
Las tensiones entre ambos países se remontan al inicio de la segunda gestión de Trump quien ha insistido repetidamente en que Canadá debería convertirse en el estado número 51 estadounidense. Una vez que las tensiones por los aranceles mutuos se vieron manifiestas, Trump firmó una ley para que el lago Ontario pase a llamarse “lago América”, una propuesta que el gobierno canadiense rechazó rotundamente.
Von der Leyen procuró separar el acercamiento entre Ottawa y Bruselas de la disputa con Washington al señalar que unir fuerzas con Canadá “no es una alianza contra nadie más”. Aun así, envió un mensaje a Trump de manera indirecta al afirmar que “sobre todo, querido Mark, Europa y Canadá creen en la democracia. Creemos que el poder no pertenece al más fuerte, al más rico o al más ruidoso, sino a todos nosotros. Que las democracias tienen la libertad de elegir con quién trabajar”.
Canadá busca una “alianza única”
Ante la fricción con su vecino, Carney ha impulsado un acercamiento creciente hacia Europa y declaró que Canadá busca una “alianza única con la Unión Europea”. En otra oportunidad también describió al país como “el más europeo de los países no europeos”.
El interés también encuentra respaldo entre buena parte de la población canadiense. Una encuesta de Abacus Data indicó que alrededor del 80% apoya profundizar la cooperación con la UE en política exterior, defensa y economía. Aunque la adhesión plena genera más división: 49% de los consultados afirmó que apoyaría el ingreso de Canadá al bloque.

