Inundaciones dejan tres muertos y mantienen en alerta al suroeste de Estados Unidos

Tres personas murieron en Newcomb, Nuevo México, tras ser arrastradas por una inundación repentina, mientras nuevas tormentas provocaron rescates y anegamientos en Arizona y mantienen vigente el riesgo de crecidas peligrosas en distintas zonas del suroeste estadounidense.

El suroeste de Estados Unidos atraviesa una nueva jornada de lluvias intensas y tormentas capaces de provocar inundaciones repentinas, después de que tres personas, entre ellas un menor, murieran durante la madrugada del miércoles en Newcomb, dentro de la Nación Navajo, en Nuevo México.

El Departamento de Policía de Navajo informó que recibió alrededor de las 00:30 horas un aviso sobre tres personas arrastradas por el agua. Los agentes localizaron posteriormente a dos adultos y un menor, todos fallecidos. Las autoridades no ofrecieron detalles adicionales sobre las víctimas y pidieron respeto para sus familiares. La información fue confirmada también por The Associated Press.

Las lluvias habían comenzado el martes por la tarde y se prolongaron de manera intermitente hasta después de la medianoche. Aunque la cantidad total registrada en Newcomb fue de entre 12 y 25 milímetros, una parte importante cayó en aproximadamente una hora, una situación que puede generar escorrentías rápidas en terrenos secos y con poca capacidad de absorción.

El episodio no quedó limitado a Nuevo México. Durante el miércoles, Arizona enfrentó una de las jornadas de mayor riesgo de inundaciones de la temporada. El Servicio Meteorológico Nacional emitió varias advertencias de inundaciones repentinas para el área de Phoenix y otros sectores, con precipitaciones que en algunos puntos alcanzaron intensidades de entre 25 y 50 milímetros por hora.

En el condado de Maricopa, por ejemplo, el Servicio Meteorológico Nacional informó por la tarde que algunas zonas habían recibido entre 50 y 100 milímetros de lluvia y advirtió sobre inundaciones potencialmente mortales en arroyos, zonas urbanas, carreteras, calles y pasos inferiores.

Las consecuencias fueron visibles en el área metropolitana de Phoenix. Carreteras quedaron anegadas y varios automovilistas necesitaron ayuda después de que sus vehículos quedaran atrapados por el agua en comunidades como Scottsdale y Mesa. En Goodyear, equipos de emergencia tuvieron que utilizar un helicóptero para rescatar a dos personas de un automóvil afectado por las inundaciones.

El riesgo también alcanzó otras zonas de Arizona y Nuevo México. El pronóstico mantenía la posibilidad de tormentas capaces de producir lluvias localmente intensas, particularmente en sectores montañosos y áreas donde varias rondas de precipitación pueden concentrarse sobre los mismos terrenos.

La amenaza tiene una característica especialmente peligrosa en el suroeste. Buena parte del terreno permanece seco y endurecido, por lo que el agua puede desplazarse rápidamente por la superficie en lugar de infiltrarse. Cuando ese escurrimiento llega a cañones, arroyos o zonas bajas, el nivel del agua puede aumentar en cuestión de minutos.

El peligro se vuelve todavía mayor en zonas afectadas recientemente por incendios forestales. En las montañas Sacramento, cerca de Ruidoso, Nuevo México, las áreas quemadas tienen una capacidad reducida para absorber el agua. La combinación de lluvia intensa, pendientes pronunciadas y suelo alterado puede producir corrientes cargadas de lodo, piedras y restos vegetales.

Las autoridades también mantienen bajo vigilancia espacios naturales muy visitados. El Gran Cañón, el Parque Nacional Zion y otros cañones del suroeste pueden registrar crecidas repentinas incluso cuando el cielo se encuentra relativamente despejado en el lugar donde están los visitantes. Una tormenta distante puede descargar agua en las partes altas de una cuenca y provocar una crecida aguas abajo.

El Servicio Meteorológico Nacional ha insistido en que las carreteras inundadas representan un riesgo especialmente elevado. Durante las advertencias emitidas en Arizona, la agencia recordó que las personas deben evitar atravesar caminos cubiertos de agua, porque la profundidad y la fuerza de la corriente pueden ser difíciles de calcular desde un vehículo.

La situación está relacionada con el final de la temporada del monzón del suroeste, que normalmente se extiende desde mediados de junio hasta septiembre. Durante este periodo, cambios en los patrones de viento permiten que grandes cantidades de humedad ingresen a Arizona, Nuevo México y otros estados de la región, alimentando tormentas eléctricas.

En este episodio intervino además una perturbación tropical que se desplazó desde el Golfo de California hacia el norte de México. Esa circulación aportó humedad adicional al suroeste y creó condiciones favorables para tormentas capaces de producir precipitaciones intensas en periodos relativamente cortos.

La relación entre estos episodios y el calentamiento global requiere, no obstante, cierta precisión. La ciencia climática establece que una atmósfera más cálida puede contener una mayor cantidad de vapor de agua, lo que puede favorecer precipitaciones más intensas. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos señala que el calentamiento global está asociado con un aumento de la cantidad de lluvia que cae durante episodios de precipitaciones intensas en buena parte del país.

Eso no significa que cada inundación concreta pueda atribuirse directamente al cambio climático. En este caso intervienen varios factores meteorológicos y geográficos, entre ellos el monzón, el aporte de humedad tropical, la orografía, las condiciones del suelo y la presencia de zonas afectadas por incendios.

Por ahora, la amenaza no desaparece. Aunque las condiciones en Phoenix comenzaron a mejorar conforme ingresó aire más seco, el riesgo de lluvias intensas persistía en otras partes de Arizona y Nuevo México. La atención se concentra especialmente en las zonas montañosas y en los lugares donde nuevas tormentas puedan descargar sobre terrenos que ya recibieron precipitaciones.

La tragedia de Newcomb vuelve a mostrar la rapidez con la que una tormenta puede transformar un paisaje aparentemente seco en una zona peligrosa. En el suroeste estadounidense, donde los cauces pueden permanecer secos durante largos periodos, el agua no siempre llega de manera gradual. A veces aparece de golpe y con una fuerza difícil de detener.