El Va y Ven no tiene anunciada su desaparición, pero enfrenta una combinación de problemas financieros, unidades fuera de circulación y tensiones con concesionarios que mantienen abierta la discusión sobre el futuro del sistema.

La pregunta empieza a tomar fuerza entre los usuarios del transporte público de Yucatán: ¿el Va y Ven llegó para quedarse o comienza a mostrar señales de un repliegue? Sobre el papel, la respuesta oficial es clara. El sistema continúa operando y el gobierno de Joaquín Díaz Mena ha sostenido públicamente que no desaparecerá. Sin embargo, la situación financiera y operativa que se ha acumulado durante 2026 obliga a mirar con atención lo que está ocurriendo detrás de las rutas y los autobuses.

En mayo de 2025, cuando apenas comenzaba a revisarse la situación heredada, Díaz Mena declaró que el Va y Ven no sería retirado. En aquella ocasión afirmó que el sistema debía mejorar y hacerse más eficiente, al tiempo que cuestionó el modelo financiero con el que había sido diseñado. Posteriormente, en julio de ese mismo año, el propio Gobierno de Yucatán informó que el mandatario había planteado ante la Secretaría de Hacienda la necesidad de reestructurar el sistema para garantizar su viabilidad financiera.

Ese antecedente resulta importante porque muestra que el debate actual no comenzó con los problemas registrados este año. El propio gobierno reconoció desde 2025 que el modelo necesitaba modificaciones. La administración estatal también informó entonces que había destinado recursos adicionales para sostener el servicio. En julio de ese año, por ejemplo, reportó una inversión acumulada de mil 180 millones de pesos en el sistema.

Pero en 2026 apareció un nuevo frente de tensión: los pagos a las empresas operadoras. En junio, El Universal reportó que la Unión de Camioneros de Yucatán advertía sobre un adeudo de 189 millones de pesos con 14 concesionarias. Según el dirigente empresarial citado por el medio, la situación ponía en riesgo la operación de hasta 80 de las 105 rutas del sistema. Se trataba de una acusación de los concesionarios, no de una cifra que deba presentarse como un dato oficial independiente.

La presión llegó a las calles. El 9 de junio, la Agencia de Transporte de Yucatán informó que el sistema operaba con alrededor del 71 por ciento de sus unidades después de que un grupo de empresas retirara temporalmente parte de su flota. La ATY sostuvo que ninguna ruta había suspendido formalmente el servicio y que trabajaba para recuperar la operación completa. El Universal confirmó entonces afectaciones en diez rutas y tiempos de espera que llegaron hasta 45 minutos.

Más recientemente, durante septiembre, la discusión volvió a concentrarse en las unidades que permanecen fuera de servicio. Novedades Yucatán publicó que cerca de 200 unidades destinadas al Va y Ven no habían llegado a las calles y que alrededor de 150 vehículos habían sido devueltos desde 2025. El mismo reporte mencionó versiones sobre 35 autobuses Mercedes-Benz presuntamente trasladados hacia Aguascalientes. Sin embargo, el dato tiene una limitación importante: hasta la fecha del reporte, la Agencia de Transporte de Yucatán no había confirmado oficialmente el destino de esas 35 unidades.

La misma cautela debe aplicarse a la idea de que el sistema está siendo desmontado. La evidencia disponible no permite afirmar que exista una decisión gubernamental para desaparecer el Va y Ven. De hecho, durante las Fiestas Patrias de septiembre la ATY anunció la ampliación de horarios de 28 rutas del sistema y mantiene trámites oficiales relacionados con la tarjeta Va y Ven. Incluso en agosto, el Gobierno de Yucatán informó que unidades del sistema participan en la estrategia Ko’olel Salva para brindar protección a mujeres.

Lo que sí existe es una contradicción que merece explicación pública. Por un lado, el sistema continúa creciendo en presencia y se utiliza para políticas públicas; por otro, hay concesionarios que denuncian dificultades financieras, unidades detenidas y problemas para mantener la operación. En septiembre, concesionarios incluso tuvieron que apoyar temporalmente la cobertura del Circuito Metropolitano, mientras reconocían públicamente que el problema financiero seguía sin resolverse.

Por eso, más que preguntar si el Va y Ven «se va» mañana, la discusión de fondo debería ser otra: ¿qué modelo de transporte puede sostener Yucatán en los próximos años y cuánto costará hacerlo? Esa respuesta requiere conocer cuánto se paga a los operadores, cuántas unidades están realmente activas, cuáles fueron adquiridas pero permanecen sin operar, qué rutas son financieramente deficitarias y qué modificaciones pretende realizar la administración estatal.

Hasta ahora, no existe un anuncio oficial de desaparición. Tampoco sería responsable ignorar las señales de presión financiera y operativa. El Va y Ven sigue circulando, pero su permanencia a largo plazo dependerá de algo menos visible que los autobuses: que el Gobierno de Yucatán y los concesionarios logren hacer viable el sistema sin trasladar sus problemas a los usuarios.