Detrás de los destellos azules que aparecen en algunas lagunas costeras mexicanas existe una reacción bioquímica extremadamente precisa, pero también un ecosistema sensible en el que temperatura, salinidad, nutrientes, circulación del agua y actividad humana pueden cambiar el equilibrio.

Cuando una mano rompe la superficie oscura de una laguna y el agua responde con pequeños destellos azules, la escena parece pertenecer más a la fantasía que a la biología. Sin embargo, la luz es completamente real y tiene una explicación química. En distintos ambientes marinos, organismos microscópicos llamados dinoflagelados pueden producirla cuando el agua es agitada.

La Laguna de Manialtepec, en la costa de Oaxaca, es uno de los sitios mexicanos donde este fenómeno puede observarse. El Instituto Nacional de Antropología e Historia describe este cuerpo de agua como un ecosistema de aproximadamente 15 kilómetros de extensión, con influencia de agua dulce, marina y subterránea, rodeado de manglares. La institución señala que la bioluminiscencia es especialmente observable durante la temporada de lluvias y está relacionada con la presencia de dinoflagelados.

La química detrás del espectáculo es sofisticada. Una revisión científica publicada en International Journal of Molecular Sciences explica que la bioluminiscencia de los dinoflagelados depende de una reacción en la que intervienen la luciferina y la enzima luciferasa. Cuando el organismo es estimulado mecánicamente, se desencadena una serie de cambios dentro de la célula que termina produciendo un destello de luz fría.

Investigaciones apoyadas por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos han permitido precisar otro componente del mecanismo. La estimulación provoca cambios eléctricos en la membrana y la entrada de protones hacia compartimentos celulares especializados, conocidos como scintillons. Esa modificación del ambiente químico activa la reacción luminosa. En otras palabras, el golpe de una ola, el movimiento de un pez o el paso de una embarcación puede convertirse en el interruptor de una diminuta lámpara biológica.

La función ecológica del destello también es relevante. Los investigadores consideran que la bioluminiscencia puede funcionar como una respuesta defensiva frente a depredadores. Cuando numerosos organismos se concentran cerca de la superficie, una perturbación puede producir el conocido efecto de agua «encendida». La revisión científica sobre bioluminiscencia de dinoflagelados señala que estos organismos constituyen una de las principales fuentes de luz biológica observada en las aguas superficiales del océano.

Pero la intensidad del fenómeno no depende de una sola variable. La temperatura, la salinidad, la disponibilidad de nutrientes, la estratificación del agua, la circulación y el ciclo diario de los organismos intervienen en la dinámica de sus poblaciones. Una revisión publicada en Progress in Oceanography destaca precisamente la complejidad de relacionar la bioluminiscencia con las condiciones ambientales y advierte que predecir su intensidad sigue siendo difícil.

En México existe además un caso particularmente importante: Pyrodinium bahamense. Una revisión científica publicada en Frontiers in Marine Science documenta su presencia en diversas regiones mexicanas, desde el Pacífico hasta el golfo de México y el Caribe. El estudio señala que sus proliferaciones suelen aparecer durante la temporada lluviosa y en lagunas someras asociadas con manglares. También registra concentraciones elevadas de nutrientes en algunos de los ambientes donde se han observado proliferaciones.

Este punto exige cautela. No sería correcto afirmar que la contaminación por nutrientes «produce» automáticamente bioluminiscencia. La relación entre nitrógeno, fósforo y floraciones algales depende de cada ecosistema y de las especies presentes. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica explica que los nutrientes pueden ayudar a mantener determinadas floraciones algales nocivas una vez que llegan a zonas costeras, pero las causas de estos eventos varían según el lugar y el año.

El problema aparece cuando una laguna recibe cantidades excesivas de nutrientes procedentes de aguas residuales, escorrentía agrícola u otras actividades humanas. La eutrofización puede modificar la composición de las comunidades de fitoplancton y favorecer determinadas proliferaciones. Un estudio publicado en 2026 en Marine Life Science & Technology encontró que las concentraciones absolutas de nitrógeno y fósforo, sus proporciones y el oxígeno disuelto influyen en la composición relativa de diatomeas y dinoflagelados en aguas costeras eutrofizadas.

Además, no todos los dinoflagelados bioluminiscentes son inocuos. Algunas especies capaces de producir luz también pueden participar en floraciones algales nocivas. El caso de Pyrodinium bahamense es especialmente relevante en México porque determinadas poblaciones producen saxitoxinas asociadas con el síndrome de intoxicación paralizante por mariscos. La revisión publicada en Frontiers in Marine Science documenta casos de intoxicación humana vinculados con esta especie en el país.

Por eso el resplandor de una laguna no debe interpretarse automáticamente como señal de contaminación ni, en sentido contrario, como garantía de un ecosistema saludable. Es una manifestación biológica que debe analizarse junto con la calidad del agua, la composición del plancton y las condiciones ambientales.

La bioluminiscencia recuerda así que algunos de los espectáculos más sorprendentes de la naturaleza dependen de equilibrios casi invisibles. Una comunidad microscópica puede convertir el movimiento del agua en luz, pero también responder a cambios químicos provocados por el entorno. Cuidar esas lagunas significa proteger mucho más que una experiencia nocturna: significa conservar ecosistemas donde la química, la vida marina y las comunidades humanas están estrechamente conectadas.